jueves, 24 de septiembre de 2009

El 51% de los alumnos no tuvo clases de educación sexual


Sebastian A. Ríos
LA NACION
Ni una sola clase de educación sexual recibió durante el año pasado el 51% de los alumnos porteños y del conurbano bonaerense. Así lo afirma una encuesta realizada por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam), cuyos resultados se conocieron ayer. Del 49% restante, entre los que sí recibieron educación sexual formal en sus colegios, el 48% recibió apenas una sola clase y el 52% tuvo varias a lo largo del año.
La doctora Alicia Figueroa, ginecóloga de Celsam, dijo que "muchas clases de educación sexual fueron impartidas por médicos o por personas de empresas privadas o laboratorios; es decir, personas ajenas al colegio, que al irse del aula dejaron a los chicos sin la posibilidad de seguir discutiendo sobre estos temas". De todos modos, el propio informe indica que los profesores participaron en el 53% de las clases.
La ausencia de esos contenidos en las aulas se contrapone a la obligatoriedad de dictar educación sexual, fijada en 2006 por la ley 26.150. Ese mismo año, la ciudad de Buenos Aires sancionó luego una ley propia de "educación sexual integral".
El 63,9% de los adolescentes dijeron que habían optado por hablar con sus compañeros cuando tenían que despejar dudas sobre el tema de la sexualidad. "La búsqueda de información se resuelve muchas veces por canales poco confiables, como Internet o los propios pares, con quienes comparten las mismas dudas y mitos", señaló la doctora Karina Iza, del centro que organizó el estudio.
Qué esperan los alumnos
La encuesta del Celsam abordó también los intereses y la necesidad de información sobre el tema de los alumnos. Así, el 50% de los adolescentes se mostró interesado en recibir información sobre la prevención de enfermedades de transmisión sexual como el sida, y el 40% dijo que estaba interesado en recibir información sobre el uso de métodos anticonceptivos.
La encuesta también mostró que el 16% de los chicos desearía tener información sobre cómo prevenir el abuso sexual.
La encuesta fue realizada sobre 493 adolescentes, de 12 a 20 años, que cursaban sus estudios en escuelas primarias y secundarias porteñas (77,2% de los consultados) y del conurbano bonaerense (22,8%).
"Es un porcentaje poco significativo para nosotros", dijo a La Nacion la directora de gestión curricular del secundario bonaerense, Marina Paulozzo. Dijo que "habría que ver cómo se les preguntó a los chicos y qué entendieron ellos por «clase de educación sexual». Es distinto lo que puede representarse un chico de 12 años y uno de 20 ante la misma pregunta".
La funcionaria afirmó que desde hace diez años se dicta en tercer año del secundario la materia Salud y Adolescencia, que es anual, en la que "se encara la sexualidad como una parte de la vida y las consecuencias de no saber, como, por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual". Y desde hace dos años, explicó, existe la asignatura de Construcción y Ciudadanía, en los primeros años del secundario, en la que también hay contenidos de educación sexual.
Ante una consulta de La Nacion, el Ministerio de Educación porteño prefirió no opinar sobre el informe del Celsam.
Los resultados de la encuesta fueron difundidos con motivo del Día Mundial de Prevención del Embarazo no Planificado en Adolescentes, que se celebra el 26 de septiembre en más de 70 países.
En la Argentina, se producen cada año más de 100.000 nacimientos de madres adolescentes; por otro lado, un tercio de las muertes en adolescentes argentinas es consecuencia de un aborto.
En julio de este año surgió una fuerte polémica al conocerse que el Ministerio de Educación de la Nación distribuyó a 5000 profesores del secundario de 15 provincias el manual Material de formación de formadores en educación sexual y prevención del VIH/Sida.
El documento, basado en programas de lucha contra el sida de las Naciones Unidas y de otros organismos internacionales, fue calificado de "neomarxista" y "totalitario" por el arzobispo de La Plata y presidente de la Comisión de Educación Católica del Episcopado, monseñor Héctor Aguer.
Con la colaboración de Laura Casanovas