lunes, 31 de agosto de 2009

Nacer con menos de 1.500 gramos reduce la densidad ósea en la edad adulta


JOSÉ RAMÓN SUÁREZ

MADRID.- Los expertos dudan cuando tienen que decidir sobre la alimentación de los recién nacidos con muy bajo peso, por debajo de los 1.500 gramos. Cuando ya se ha ido el niño del hospital, hay que elegir entre favorecer el desarrollo somático y mineral del esqueleto con una alimentación agresiva precoz, o las ventajas de una prevención del riesgo cardiovascular o diabético en la vida adulta de los niños con una nutrición menos intensiva.

Un trabajo de investigación publicado en la revista 'PLoS Medicine' puede ayudar en este dilema. Especialistas finlandeses han estudiado la densidad mineral osea de un grupo de 144 adultos jóvenes ( entre 18 y 27 años ) que habían nacido entre 1978 y 1985 con muy bajo peso y una media de 29 semanas de embarazo (cuando lo normal son de 38 a 42).

El estudio se realizó en el área de Helsinki, Finlandia, comparándose los resultados con otro conjunto de individuos nacidos con un peso adecuado y una edad gestacional a término. Los prematuros incluidos en el trabajo oscilaron de 600 a 1.500 gramos, frente al intervalo del grupo de control, de 2.500 a 4.900 gramos.

Los autores llegaron a la conclusión de que "los adultos jóvenes nacidos con muy bajo peso tenían significativamente una densidad mineral ósea más baja, con un riesgo incrementado de presentar osteoporosis y fracturas", de manera que es importante para estos prematuros "la promoción de una adecuada nutrición con suficiente calcio y vitamina D, además del incremento del ejercicio intenso".

El doctor Carlos Rodrigo, jefe del servicio de Pediatría del Hospital badalonés Germans Trias i Pujol comenta que "del estudio se deduce que estos niños van a tener un riesgo a lo largo de su vida, por lo que habría que hacer un esfuerzo para que tomen la cantidad de calcio y vitamina D adecuada y que hagan ejercicio", de manera que haciendo "estos esfuerzos simples durante toda la infancia y la adolescencia mejoraría la situación en la etapa adulta".

Zona lumbar y cuello femoral

Si bien la densitometría ósea mostró diferencias en todo el cuerpo, los médicos hacen referencia en su investigación "a las diferencias claras en la zona lumbar de la columna y en el cuello del fémur". El compromiso del desarrollo óseo durante la niñez "debería incidir en la prevención de la osteoporosis", comentan, ya que "esta patología es una preocupación de salud pública en el mundo occidental. La masa del hueso aumenta con la edad, de manera que al menos el 90% del total de la masa se adquiere hasta los 18 años, comenzando la pérdida entre los 35-45 años".

Los individuos que nacen antes de tiempo "son privados de los efectos positivos sobre el esqueleto del último trimestre del embarazo", explican los investigadores. Lo cierto es que el feto triplica su peso entre la 24 y 36 semana de gestación al realizarse el depósito de la mayoría de nutrientes en esos últimos meses. Y el mayor depósito de calcio y hierro se produce en el último trimestre de la gestación.

Estos datos subrayan la importancia del desarrollo en la niñez y durante la pubertad, ya que como comenta el pediatra Rodrigo, que también es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona "cuando se llega al máximo momento de densidad osea en la edad adulta, se ha perdido la oportunidad de haber hecho un esfuerzo a lo largo de toda la infancia y la adolescencia; del estudio se ve que los recién nacidos de muy bajo peso parten con una deficiencia que se mantiene y no se compensa con la vida normal". La solución: ejercicio, calcio y vitamina D.

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