sábado, 27 de noviembre de 2010

No me odies, soy lindo

Antes de defender la falta de gracia como estrategia profesional, debo admitir que todos deberíamos aspirar a tener las piernas esbeltas, los ojos amplios y una apariencia bella. Sin duda es mejor que la alternativa, ¿o quizás no? Al margen de sus ventajas profesionales, los bendecidos por Venus no llevan tanto las de ganar como parece. Son pocos los estudios que han examinado los peligros de la belleza, o bien las bondades de ser uno del montón. Pero los que sí lo  hicieron ofrecen algunas advertencias interesantes: en particular, que la belleza, al igual que el dinero, es tanto una bendición como una desgracia.

Tomemos un artículo publicado hace poco en el Journal of Experimental and Social Psychology, el cual descubrió que cuando las personas atractivas (según lo determinado por un panel independiente en base a sus fotos) son evaluadas por miembros de su propio sexo, su “plus de belleza” desaparece. Los autores del artículo especulan que la culpa es de la biología. Los lebistes machos se acercan a los peces con menos éxito sexual dentro de su cardumen (lo que los ayuda a acentuar lo deslumbrante de sus propias escamas), con lo cual es posible que los seres humanos utilicen una lógica similar en situaciones que involucran el desempeño, y ven a sus congéneres atractivos como rivales que deben ser evitados.

Incluso cuando la belleza ayuda a alguien a conseguir trabajo —y aquí es donde el peso se siente más entre las mujeres—, un exceso de atención estética puede ser catastrófico. En un estudio publicado el pasado invierno boreal en el European Journal of Social Psychology, se filmó a un grupo de seductoras señoritas de entre 18 y 35 años atravesando un corredor, y luego se les pidió que miraran el video, en el cual eran literalmente cosificadas por sus encantos. Esto estaba seguido por un test cognitivo, el cual reveló que las mujeres filmadas por hombres tenían más probabilidades de cometer errores intelectuales que aquellas observadas por integrantes de su mismo sexo. Ser consciente de este tipo de atención sexual, sugiere el autor del estudio, puede llegar a anular la capacidad de concentrarse en otras cosas.

Las mujeres realmente muy bellas también se enfrentan a una jungla donde acechan incontables peligros. Son víctimas de la lujuria, la envidia y el resentimiento. Luchan por relacionarse con sus pares, pero sienten que se las ridiculiza en secreto. En la oficina, por lo menos, parecen tener razón. Las mujeres hacen que el termómetro de popularidad suba para aquellas de sus colegas que son bellas. Pero también las califican de menos competentes, menos talentosas, menos leales y (algo que sorprende) menos maternales que las mujeres poco agraciadas. Esto conduce a otra conclusión entristecedora para los bellos: la gente duda de ellos, ya que suponen que su éxito es resultado del coqueteo (o de algo peor). (Sin duda tampoco ayuda el hecho de que en general los lindos tengan más probabilidades de ser verdaderos narcisistas, según lo que propone un estudio publicado el año pasado en el Journal of Research in Personality).

Inclusive cuando las mujeres atractivas dan pruebas de un desempeño inmejorable, los estudios revelan que la belleza misma puede actuar como un techo de cristal. Las mujeres bellas suelen ser vistas como demasiado femeninas, y por lo tanto inadecuadas para muchos puestos de liderazgo asociados con rasgos masculinos: quizás esta sea una de las razones de la escasez de CEO de sexo femenino a la cabeza de las 500 compañías más importantes según la revista Fortune, o de las firmas de Wall Street. Las profesionales atractivas también se enfrentan a más trampas sutiles también, como por ejemplo avances sexuales indeseados y supuestos acerca de su estilo de vida y su sexualidad. 

Los hombres bellos también pueden tener un duro camino por delante. La gente puede suponer que les falta inteligencia y que llevan una vida disipada, y los acusan de ser malos como padres. Pero por más que sea así, esto es por el momento territorio desconocido para la ciencia. Por lo menos hasta ahora, las investigaciones sobre los beneficios y las desventajas de la belleza ponen énfasis en las mujeres. A medida que aumente la cosificación del cuerpo masculino en la publicidad y en los medios, es probable que haya más investigaciones destinadas a explorar la ansiedad que provocan los hombres bien parecidos.

No digo que la estética no importe. Pero las puertas hacia el éxito están más dispuestas a abrirse de par en par —y sin violencia— cuando el picaporte gira de la mano de habilidades genuinas, conocimientos sólidos y una experiencia indiscutible. (Si no me cree, pregúntese dónde están hoy los más atractivos de su promoción de la escuela secundaria). Por eso es mejor buscar un exterior que no sea más que un vehículo de aquellos atributos que mejoran con los años. La belleza física puede ayudar en un principio, después de todo, pero a no hacerse tanto el lindo, porque eso también puede poner a los demás en contra de uno.

elargentino.com