lunes, 29 de noviembre de 2010

Mayor tolerancia social a la marihuana

Daniel Gallo
Preocupa a autoridades y especialistas en adicciones la tolerancia social a la marihuana. Cada año es mayor el consumo de esa droga, en similar proporción a la pérdida en la sociedad de los niveles de riesgo que implica ese estupefaciente, el de mayor incidencia en los pacientes en centros de tratamiento de sustancias prohibidas.
Las estadísticas de la Sedronar determinan una relación básica entre el incremento de consumidores y la disminución de las barreras sociales: en 2001, el 3,5 por ciento de los estudiantes secundarios fumaba marihuana y el 44 por ciento consideraba esa acción un gran riesgo, mientras que en el último sondeo, realizado el año pasado, el porcentaje de usuarios trepó al 8,4 por ciento, en tanto que bajó al 11,6 la cifra de jóvenes que consideraron a la marihuana un gran riesgo.
Esos datos del Observatorio Argentino de Drogas fueron analizados en el congreso internacional de políticas públicas en adicciones, organizado por la ciudad de Buenos Aires. El titular de la Sedronar, José Granero, fue contundente al referirse al que considera el nudo central del consumo: "El problema es la alta tolerancia social al consumo de ciertas drogas, como la marihuana y el alcohol, porque eso baja la percepción del riesgo".
En la Sedronar analizan que es muy bajo el porcentaje de estudiantes que consideran un gran riesgo el consumo de marihuana, más al tomarse en cuenta que se trata de la población juvenil más protegida, ya que está dentro del sistema escolar, y que en un 68 por ciento reconoce estar muy informada o bastante informada sobre las drogas.
Aunque ese conocimiento quizá no contenga la realidad de los centros de tratamiento de adictos, los cuales tienen al 24,3 por ciento de sus pacientes bajo asistencia por su consumo de marihuana. Ese porcentaje establece al cannabis como la droga ilegal con mayor impacto en los tratamientos, ya que la cocaína deriva al 22,2 por ciento.
La comparación de los cuatro sondeos realizados sobre estudiantes de nivel medio desde 2001 marca que en cada ocasión decayó el nivel de peligro advertido. En especial a partir de 2005, cuando el 30,8 por ciento aún asumía como un gran peligro el acto de fumar marihuana. Una de las explicaciones que encuentran los especialistas es la fuerte incidencia de las propuestas de despenalización del consumo de drogas, que desde ese año tomaron un mayor vigor público.
Posiciones
"El aumento del consumo es el resultado de la tolerancia social. Afirmar, como se hace, que existe un uso recreativo para la droga implica ablandar conceptos básicos, se debilita así la noción del riesgo, que es la base de la prevención", explicó Ricardo Grimson, que dirigió la Sedronar durante el gobierno de Eduardo Duhalde y que fue uno de los panelistas del congreso organizado por el gobierno porteño.
"Los consumidores reclaman por sus derechos individuales, pero la Constitución Nacional no se hizo para proteger los desvaríos de un fin de semana", indicó Grimson.
Una mirada similar dio Claudio Mate, ex ministro de Salud de Buenos Aires: "Para plantear una estrategia contra el consumo de drogas debe antes descartarse como argumento a favor la aceptación social. No se puede ser indiferente por el hecho de que de todas maneras habrá consumidores, hay que tomar una posición; ¿hay pobreza? Sí, pero yo no la acepto. Esa es una diferencia ideológica de la que hay que partir, apuntar a que la salud no es un hecho individual y privado".
Con su experiencia de varios años al frente de la subsecretaría de adicciones bonaerense, Mate analizó: "No es el chico de clase media que se siente molestado por la policía cuando quiere fumar un porro al que debemos proteger. Una política de salud no puede hacerse a partir de lo que opina el enfermo".
La visión opuesta la aportó Alberto Calabrese, miembro del comité asesor sobre drogas del Ministerio de Justicia. Defendió la posición de tomar al consumidor como una persona que asume riesgos por cuenta propia y con el respaldo de sus derechos individuales. "Lo primero que los jóvenes deben saber es que existen los derechos humanos y que tener una sustancia no los convierte en asesinos", afirmó. Y agregó: "Hay que entender que las drogas forman parte de los usos y costumbres del mundo moderno. Lo único que cambió es la masividad de su uso. Esto no es bueno ni malo, es así. Si suprimimos las drogas, los problemas de la sociedad no desaparecerán".
Pese a esas palabras de su asesor, el ministro de Justicia, Julio Alak, exhibió esta semana como un triunfo el aumento de la cantidad de drogas incautadas, como forma de mostrar que interesa disminuir la oferta en las calles. En esos datos se informó que fueron secuestradas este año 62 toneladas de marihuana. Dado que cada cigarrillo de esa sustancia es compuesto en promedio por dos gramos, las fuerzas federales evitaron que los consumidores pudieran armar 31 millones de porros. Una cifra que invita a pensar en las dimensiones reales del problema de la tolerancia social a la marihuana.
CIFRAS8,4%
Consumidores de marihuana
  • El porcentaje de estudiantes que fumó esa droga en 2009.
11,6%
Pocos perciben peligros
  • En 2001, el 44% consideraba un gran riesgo fumar marihuana; en 2009 esa cifra bajó considerablemente.
62 toneladas
Aumentan las incautaciones
  • El aumento del consumo llevó a un incremento de la droga en el país.
Evidencias de un mercado que crece

El Gobierno expone como un éxito la incautación este año de 62 toneladas de marihuana, en operativos realizados por las fuerzas federales. La cifra impresiona. Pero habrá que analizar las causas. ¿Un trabajo policial mejor? Algo de eso hay. Pero surge otra pregunta: ¿hay más droga en circulación al aumentarse el mercado? En esto la marihuana es una droga clave, porque -a diferencia de la cocaína- más del 80 por ciento se destina al comprador local.
Aquellos que conocen muy bien la realidad del narcotráfico aquí afirman que hubo un fuerte crecimiento en la producción de marihuana en Paraguay. Ese impulso se deriva al mercado argentino. Las fuerzas federales, en especial la Gendarmería, tienen entonces más trabajo.
Dos acciones positivas mostraron su eficacia en la reducción de la oferta de drogas: la habilitación judicial de operaciones de entrega controlada con Carabineros de Chile y los golpes a los vuelos ilegales al transmitirse la información desde los controles de radar a quienes hacen los operativos en tierra. Diez redadas pudo hacer la Gendarmería contra avionetas gracias al Sistema de Interdicción de Tránsito Aéreo Irregular. Con más tecnología, como los aviones no tripulados alguna vez prometidos por el Gobierno, se podría mejorar la capacidad de lucha.
Aquí no actúan las FARC o carteles colombianos o mexicanos. No existen organizaciones tan complejas, pero sí redes que potencian sus capacidades a partir de la base de su pirámide de delito, del vendedor al menudeo, que es, en definitiva, el que más trabaja para aumentar su mercado. Sobre ese punto aún no se puso la presión suficiente. Las grandes capturas de drogas ayudan, pero si no se rompe el eslabón minorista, los embarques continuarán pese a las incautaciones.
D.G.
lanacion.com