lunes, 29 de noviembre de 2010

Por la crisis europea, vienen más españoles a vivir al país

Los llaman la generación de los (pre) parados porque se trata de jóvenes altamente calificados pero sin trabajo. Representan el segmento más golpeado por la crisis económica europea, que jaquea a España desde 2008. Frente al horizonte negro de un futuro incierto, en los últimos dos años, más de 110 mil de ellos decidieron partir para buscar en otros lugares la prosperidad que el presente les niega. Aunque la gran mayoría eligió como destino países desarrollados, según un estudio de la consultora internacional Adecco, basado en datos del departamento de migraciones español, 33.543 vinieron a la Argentina para estudiar o trabajar. El promedio –1.200 por mes– ubica a los españoles como tercer grupo migratorio no latino del país, detrás de los chinos y los estadounidenses.
Un éxodo inesperado o un nuevo capítulo sobre la historia de vínculos y pasiones que une a España con la Argentina desde hace más de 200 años: un proceso con réplicas en el pasado. “El español que arribó a nuestro país entre 1860 y 1900, venía dispuesto a quemar naves. Para él la prosperidad estaba en la Argentina –dice el historiador Daniel Balmaceda–, pero en aquellos casos no había retorno posible a la Patria. Ahora quizás sea diferente”. Como sea, el fenómeno actual aparece para marcar un cambio de época y confirmar que la tierra prometida finalmente no existe.
Pero al número hay que explicarlo: hay mayoría de españoles naturales, pero también argentinos con doble nacionalidad que se fueron a España en 2001 y pegan la vuelta, huyendo de otra crisis, quizás menos cruel. También hay estudiantes españoles que frente a la desolación del paro (esa manera tan dramática de llamar a la falta de trabajo), vinieron al país para seguir capacitándose. A todos los empuja el mismo drama y los seduce el mismo escenario: en Argentina vive la mayor comunidad de ibéricos fuera de España, lo que ejerce para muchos un magnetismo fundamental.
Xavi Casas tiene, además, una esposa santafesina. Los dos son arquitectos, vivían en Barcelona y la veían mal. “En nuestro rubro de golpe se dejó de construir”, explica. “Queríamos montar un proyecto y no podíamos. Entonces nos vinimos a Rafaela con mi mujer, en enero, y estamos muy bien”.
El perfil del expatriado español en la Argentina suele corresponder, según Eloy Capellán, director del departamento de movilidad internacional de Adecco España, con hombres jóvenes cuyas prioridades laborales son la autonomía profesional y la perspectiva de hacer carrera en alguna compañía. “También existe un número más reducido de ejecutivos expatriados por las grandes empresas españolas que operan diferentes geografías. Están dispuestos a quedarse entre tres y cinco años –dice–. Pero estas motivaciones difieren en mujeres. Ellas buscan buen ambiente laboral y flexibilidad de horarios”.
Bárbara Alvarez, 35 años, buscaba trabajo a secas y España la expulsaba: “¿Por qué me vine? Porque necesitaba trabajar y acá estoy”, dice.
La edad también describe algo. Los datos perfilan a un joven de entre 25 y 35 años sin responsabilidades familiares y con formación calificada, lo que alimenta la tesis de la “fuga de cerebros”. Diez años atrás, el desplome de la Argentina, produjo un éxodo similar de talentos que buscaban en Europa posibilidades de supervivencia. “Pero España destruyó tres millones y medio de puestos de trabajo entre 2008 y 2010, explica Capellán. No hay trabajo para las nuevas generaciones y la tendencia de la expatriación continuará ”.
El que vislumbró esa realidad y se consiguió una beca de estudio en el país es Iago Lestegás Tizón. Es de Galicia, tiene 23 años, llegó a Buenos Aires en julio, está a punto de recibirse de arquitecto y dice: “Cuando comencé a estudiar, en 2005, mis maestros me decían que antes de recibirnos nos vendrían a buscar para trabajar. En 2009, estando por graduarme, los mismos profesores nos decían que había que buscar en otro lado porque la cosa estaba muy fea”.
Alejandro Cortés, aragonés, 27 años, cuenta: “Mi trabajo cayó con la crisis. Soy director de arte, creativo y curador. Pero la industria del arte fue muy perjudicada. Mis profesores me hablaron de Argentina, hice contactos y acá estoy, trabajando y terminando estudios de cine”, cuenta. “Tenía otras opciones en economías mejores. Pero Argentina me ofrecía algo más interesante culturalmente”, relata.
Los españoles que llegan como turistas no tienen mayores inconvenientes. Con pasaporte al día, obtienen un permiso de tres meses de estadía. Pero los que pretenden instalarse deben presentar, además, certificado de antecedenes penales en España y Argentina, partida de nacimiento y cartas de las instituciones donde vienen a capacitarse –los que llegan por estudio– o contrato laboral –los que lo hacen por trabajo–. Eso, sin embargo, no garantiza que el Estado les selle la residencia permanente. “Es muy difícil –dice Bárbara Alvarez–, se presentan las cosas pero a lo sumo extienden certificados de residencia temporaria o precaria y hay que volver a renovarlos cada tanto”. El fenómeno tiene su lado B. Pero a pesar de eso, no para.

Dos países unidos por las migraciones

Manuel Moreno tenía 22 años y era hijo de labradores de Santander. Al igual que muchos jóvenes con cierta educación y pocos recursos, había embarcado en Cádiz, actuando como criado de una familia que se dirigía al Perú. El naufragio de su barco durante el trayecto Buenos Aires-Lima, definió su destino: se quedó en Buenos Aires, se casó y tuvo varios hijos, entre ellos, a Mariano Moreno.
La mismísima Primera Junta de 1810 puede darnos un reflejo del aporte inmigratorio hace doscientos años. El padre de Paso era gallego y el de Azcuénaga, vizcaíno; mientras que Matheu y Larrea eran catalanes.
Desde una estricta mirada jurídica, la migración previa a 1816 se movía en tierras del reino español. Durante el período de la Guerra de la Independencia el flujo fue mínimo, pero no bien se apagaron los cañones, se inició una marcada corriente migratoria. ¿Por qué nuestro territorio era elegido como destino? Además de la facilidad de manejarse en el mismo idioma, y las posibilidades que brindaba al gran porcentaje de labradores y jornaleros que llegaban, la Argentina actuó como tierra de exilio durante -por ejemplo- la Guerra Civil española, de la misma manera que ellos albergaron a nuestros refugiados de la última dictadura.
En 1938 nuestro país se volvió muy restrictivo en su política inmigratoria, pero al final de la Segunda Guerra Mundial la apertura fue considerable. En el orden inverso, España no solo recibió a los emigrantes de finales de los ‘70, sino también a quienes se fueron luego de los descalabros económicos en los ‘80 y la crisis del 2001.
clarin.com