sábado, 27 de noviembre de 2010

El sujeto violento se venga de su infancia

El proceso de la adolescencia es una confrontación con numerosas situaciones, donde se encuentra expuesta la autoestima y la rivalidad con otros u otras. Cuando ha avanzado en su desarrollo sin mayores heridas previas, es decir sin situaciones familiares o personales que generen estados traumáticos o derrumbes de su amor propio, o de las estructuras psíquicas que regulan la moral y sus acciones, el adolescente puede soportar las rivalidades y la envidia o la violencia que puede generarle el otro.
En los jóvenes que han tenido perturbaciones y desestabilizaciones en su vida familiar, o heridas a su autoestima en edades tempranas, la violencia y el odio que se generó antes puede en la adolescencia convertirse en un manantial de destructividad y odio que la lleva a acciones violentas, donde no hay un pensamiento regulador que mida las consecuencias de su acto. El sujeto violento se venga sin conciencia de situaciones de su infancia y su víctima representa a diversos personajes de su pasado. Su acto es parte de un delirio y lo que goza en su destructividad no guarda relación con la afrenta que pueda haber recibido. La situación de conflicto que despertó la violencia tan radical es sólo un disparador.
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