lunes, 25 de abril de 2011

La nueva moda de los fakes en Twitter

La nueva moda de los fakes en Twitter
Cualquiera que haya estado unos meses en Twitter ya debe saber que hay tantas cuentas reales (amigos, periodistas, artistas locales, ídolos deportivos) como fakes . ¿Qué es un fake ? Bueno, para empezar es una cuenta falsa. O no. Para decirlo mejor, es al revés: una cuenta real (que escribe, manda privados, cuelga fotos) de una persona que no existe. Para qué sirve, se preguntarán ustedes. En principio, para divertirse y para experimentar. Si bien hay malos fakes (aburridos, que buscan engañar y hacerse pasar por un famoso) hay otros que además de construir un personaje polémico o divertido que nadie sabe si es real o no, experimentan sobre el lenguaje, parodian algún fenómeno social, ponen en relieve ciertos defectos o costumbres.
No citaré ejemplos para no develar su condición de fake , pero hay una abogada nacional mezcla de Sarah Palin con Rosa Parrilli que manifiesta sus pensamientos de ultraderecha de forma tan exagerada que es fácil adivinar que se trata de un personaje. O una vedette acabada de la década del ochenta, que ahora hace una obra llamada "Pasadísima" en Carlos Paz y es archienemiga de Susana Giacomazzi, la dueña de una inmobiliaria que nadie conoce. O un fabricante de souvenires de Paternal que quiere conocer famosos a toda costa y le pide besos a Marley, a Flavia Palmiero, al Teto Medina usando frases patéticas y querendonas llenas de faltas de ortografía.
En otros países, en donde la figura existe hace mucho más tiempo (les dicen Phweeters por phony tweeters ) y es un fenómeno valorado como un experimento humorístico y narrativo, hay, obviamente, mucha más variedad. Desde una cuenta de Darth Vader y una parodia del director Michael Bay (siempre grandilocuente, fanfarrón, muy afecto a onomatopeyas como "Boom" y "F'yeah"), hasta la famosa Bad Peggy Olson (una parodia del personaje de Mad Men, pero en versión malvada y especuladora).
Acá, en Argentina, por suerte, todos los días aparecen nuevos. Y hablo de suerte, porque paradójicamente, los fakes son mucho más divertidos y útiles en la red que muchas cuentas reales. Es mucho más estimulante leer la parodia de un político que al político real, que no sabe twittear, tiene un asistente que escribe con faltas de ortografía, y solo usa la plataforma para pasar sus chivos. Los fakes son un show en sí mismos. Son como la interpretación de un actor, un espectáculo de stand up escrito, que se hace en vivo, todos los días, interviniendo en la actualidad, y construyendo el personaje las veinticuatro horas, como si efectivamente tuviera una vida detrás. Su genialidad reside en balancearse entre la realidad y la ficción. Borronear el escenario, jugar con la duda constante de quienes los leen todos los días. Sus twitts se cuelan, escurridizos como ladrones de guante blanco, en esa grieta de la realidad que le abren los que -sin saber que es un fake - interactúan con ellos como si fueran usuarios de verdad.
Salvo cuando es muy obvio, solo la mitad de sus followers saben que es un personaje e interactúan sólo para agrandar el juego. Le hacen preguntas, dialogan, retwittean sus comentarios porque los divierte ser parte de un fenómeno espontáneo. Ocupan el rol del elenco necesario para que las opiniones y los chistes reboten en la red. La otra mitad, que no sabe, participa del juego sin saberlo y muchas veces es víctima de la mentira. Se enoja cuando el personaje lo increpa, le pide explicaciones y disculpas cuando dice algo desubicado, le quiere mandar cartas documento, pedirle autógrafos o llamarlo por teléfono. Caen usuarios comunes, pero también políticos, periodistas, actores. Nadie está exento de jugar, incluso si no conoce el juego.
Carolina Aguirre
lanacion.com