jueves, 21 de abril de 2011

Por qué el debut sexual es tan importante para la autoestima

Los hombres esperan erróneamente que las mujeres piensen, se comuniquen y reaccionen como lo hacen ellos. Las mujeres esperan erróneamente que los hombres sientan, se comuniquen y respondan en la forma en que lo hacen las mujeres”, señalaba John Gray para sostener, metafóricamente, que los hombres venían de Marte y las mujeres, de Venus, por su forma diferente, incluso opuesta, de ser y de experimentar el mundo.
¿Podríamos esperar menos, entonces, de la experiencia de la primera relación sexual de unos y otros? Mientras que para muchos entender al sexo opuesto sigue siendo una incógnita, un estudio en la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) acaba de hacer un descubrimiento que le da toda la razón al señor Gray: tener sexo por primera vez puede mejorar o empeorar la imagen sobre uno mismo, dependiendo si se trata de una mujer o de un hombre. Mientras que para ellos la primera vez los llena de seguridad y confianza en sí mismos, para ellas es una experiencia que atenta contra su autoestima.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores entrevistaron a 434 estudiantes de entre 17 y 19 años, preguntándoles sobre sus “actitudes y experiencias en sus relaciones con otras personas” y sobre cómo se sentían acerca de su imagen personal antes y después de su primer encuentro sexual. Los resultados arrojaron que los hombres se sentían mucho más seguros con su apariencia luego de su primera relación. Pero las mujeres, por el contrario, estaban menos satisfechas con su imagen corporal y hasta llegaban a tener más síntomas depresivos.
“Para las mujeres, la primera relación sexual es más compleja. Tenemos que atrevernos a mostrar, a pedirles a los hombres que nos den más tiempo. Y esto las mujeres no se lo permiten inicialmente. Así, no llegamos al orgasmo en un 99,99% de las veces, porque no nos atrevemos a pedir”, asegura la sexóloga Adriana Arias.
Ahora bien, ¿cómo es que la misma experiencia puede generar posiciones tan diversas? Los especialistas coinciden en que las razones de este fenómeno están profundamente arraigadas en nuestra cultura y en que este resultado se debe al hecho de que mientras que el hombre “gana” en su primera relación sexual, la mujer “pierde”.
Según Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, vivimos en una cultura “fálico-patriarcal” en la que se festejan al hombre las mismas conductas que se condenan en la mujer. “Para el hombre, la experiencia sexual tiene un valor en sí misma, por lo tanto acrecienta la autoestima. El hombre puede hacer una maratón sexual y es aplaudido por sus compañeros. Pero la mujer, en cambio, en la primera relación sexual tiene que romper con el tabú de la virginidad. Si no es amada se siente usada”. Y concluye: “Esta cultura primitiva sigue arraigada en nosotros y es una cultura tremendamente prejuiciosa”.
Por esta razón, Sara Vasilenko, licenciada en Desarrollo Humano y Estudios de Familia en Pensilvania, sostiene que una posible aplicación práctica de su estudio son los programas de educación sexual, que deberían tratar de generar tanto en chicas como en varones un sentimiento positivo acerca de su imagen corporal y focalizarse en los puntos débiles de cada sexo: ayudar a ellas a tener una imagen positiva acerca de sí mismas, y a ellos a hallar un sentimiento de masculinidad sin incurrir en conductas sexualmente riesgosas. Aquí, Arias coincide: “Para que estos prejuicios y mitos caigan es fundamental la educación. En este momento necesitamos la educación sexual más que antes. Estamos sobrecargados con información sexual, pero no estamos siendo educados. Se habilitan los permisos, ¡pero no sabemos nada!”.


Los cinco mitos que hay que desterrar de la primera vez

1La mujer no puede quedar embarazada.
Es un mito muy común y peligroso. La mujer puede ovular y embarazarse en cualquiera de las relaciones sexuales. De hecho, y si bien son pocos los casos, el ginecólogo Edgardo Rolla, especialista en medicina reproductiva, asegura haber visto casos de chicas que aunque vírgenes, estaban embarazadas. Esto se debía al llamado coito interfémora o entre las piernas, común cuando no se quieren tener relaciones completas.
2 El alcohol potencia la erección.
Por el contrario, puede contrarrestar un buen desempeño. “Si bien desinhibe psicológicamente, es también un depresor del sistema nervioso y puede provocar trastornos erectivos. Te dan ganas, pero por ahí no podés”, sugiere Analía Tablado, de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil. Por lo tanto, no debe ser considerado un estimulante sexual.
3 El himen siempre produce sangrado.
Explica Rolla: “Puede sangrar en la primera, en las siguientes o en ninguna, sobre todo cuando el inicio de las relaciones se da en mujeres jóvenes” . El himen es un anillo elástico, no una membrana, que puede distenderse sin necesidad de romperse.
4 La primera vez es o muy dolorosa o puro placer.
Puede ser dolorosa o placentera de acuerdo a la lubricación o no, a la tranquilidad o a la confianza que tengan las dos personas entre sí. Pero el puro placer es una idealización. No suele ser como en las películas, “en cinco minutos, todos llegando al orgasmo y maravilloso”, se ríe Tablado. Lo que no significa que no pueda disfrutarse.
5 La mujer llega al orgasmo por penetración.
“¡Mito total!– afirma Tablado–. El orgasmo en la mujer se produce por estímulo o roce de los genitales externos y de la primera parte de la vagina. La penetración es una buena forma para que el hombre llegue al orgasmo, no la mujer”. La sexóloga Adriana Arias advierte: “A nosotras nos lleva más tiempo darle a nuestro cuerpo lo que necesita”.
clarin.com