lunes, 23 de agosto de 2010

Parásitos intestinales y lombrices

Las lombrices y otro parásito intestinal, llamado 'Giardia lamblia', mucho más pequeño que las lombrices o gusanos, son muy frecuentes en los niños. Muchas veces pasan totalmente desapercibidos a los padres, ya que las lombrices más frecuentes (los oxiuros y los áscaris) pueden no producir síntomas y suelen diagnosticarse cuando el niño o sus padres observan uno o varios gusanos en las heces.
Los niños que se infectan suelen ser los mayores, de cinco a diez años. En las zonas donde las aguas residuales no están adecuadamente tratadas (como en los países en vías de desarrollo), la contaminación de las aguas y de los alimentos frescos favorece la diseminación de infecciones y parásitos. En estos lugares, los niños y los adultos deben consumir agua tratada o mineral y alimentos adecuadamente tratados. Es la única forma de evitar infecciones, amebas y otros parásitos intestinales.
Los áscaris son los parásitos más grandes en nuestro medio, pero son infrecuentes, tienen un tamaño como el de un lapicero pequeño y, al contrario de lo que los padres suelen creer, pasan desapercibidos. Los niños no rechinan los dientes ni tienen síntomas; el diagnóstico suelen hacerlo los padres al observar el parásito en las heces o en el vómito (o bien observando el parásito en las heces con el microscopio).
Los oxiuros son los parásitos más frecuentes, tienen un tamaño mucho más pequeño, un centímetro o menos de largo. Se trasmiten por ingestión de alimentos o tierra contaminada, a través del polvo, la ropa interior o de objetos que contienen los huevos del parásito. Los niños se chupan los dedos o los objetos contaminados infectándose y reinfectándose una y otra vez. Los oxiuros producen picor del ano durante la noche, porque la hembra del parásito sale por las noches a poner sus huevos en los márgenes del ano. En estos casos, los niños se despiertan, duermen mal y el ano y sus alrededores aparecen enrojecidos por el rascado nocturno. El rascado contamina las manos y uñas con huevos, reiniciándose un nuevo proceso de infectación. A veces existe dolor abdominal, falta de apetito y en las niñas, vulvovaginitis por rascado.
El tratamiento de estas lombrices es muy sencillo, con una sola dosis de un medicamento prescrito por su médico es suficiente. Su hijo puede hacer vida normal, no necesita ninguna dieta especial, ni tampoco la retirada de ningún alimento, puede continuar asistiendo al colegio, ya que él no contagia a los demás.
Es conveniente lavar la ropa de la cama y su ropa interior con agua muy caliente, con el objeto de destruir los huevecillos que los oxiuros dejaron en estas ropas.
La lambliasis es la infectación por un parásito llamado 'Giardia lamblia', muy frecuente, ya que casi uno de cada cinco niños, de dos a seis años, ha tenido este parásito. La vía de transmisión es fecal-oral, especialmente en menores de dos a cuatro años que asisten a guardería. Es más frecuente en verano y otoño.
Los quistes de Giardia son resistentes a la cloración del agua, pero no a la ebullición de sólo un minuto. Produce diarrea acuosa, explosiva, fétida, a veces con vómitos, dolor abdominal, que mejora para volver a aparecer. Produce por tanto diarrea de repetición, sobre todo en los niños que asisten a la guardería. Además de dieta astringente, se necesita tomar una medicación específica contra este parásito.
Las amebas están muy diseminadas en los países en vía de desarrollo porque sus aguas para beber o limpiar los alimentos están frecuentemente contaminadas por este parásito. Una vez ingerido tiene un periodo de incubación variable, aparece bruscamente diarrea acuosa y frecuente, generalmente con moco y sangre. Otras veces los síntomas no son tan bruscos, manifestándose con diarrea, dolor abdominal, náuseas, inapetencia y, en ocasiones, fiebre. La ameba puede producir absceso en el hígado y en otros lugares del organismo.
El anisakis es un parásito del pescado, cuando éste se come fresco o poco cocinado, sus larvas producen una enfermedad llamada anisakiasis que consiste en diarrea y en la aparición de habones que pican unas horas después de la ingestión del pescado. Este parásito no produce problemas cuando el pescado se congela durante 48 horas o se cocina durante más de 20 minutos a una temperatura superior a 60ºC. En resumen, en nuestro medio, los parásitos intestinales son tan frecuentes como inofensivos. Los niños pueden no tener ningún síntoma, excepto picor anal por las noches. Alguno, sin embargo, produce diarrea de repetición. El tratamiento es sencillo e inocuo.

elmundo.es

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