domingo, 22 de agosto de 2010

La casa del mañana, hoy

Si al llegar a su casa abre el portón a distancia y ya se siente protagonista de una serie de ciencia ficción, siga leyendo. Hoy la tecnología permite que su casa, al igual que esos edificios espejados de cualquier centro financiero que se precie, sea inteligente. La inteligencia de un cuadrado de ladrillos se mide por lo que puede hacer sin intervención humana activa o luego de que su dueño apriete, apenas, un botón. O, para hablar en lenguaje 2010, luego de tocar la pantalla de su iPhone o iPad.
La Argentina todavía es un pequeño mercado de nicho, debido a que los productos son importados. Pero para quienes pueden darse el lujo de pagarlo, quedó en el pasado (por ejemplo) la idea de que, ante un viaje del dueño de casa, algún pariente deba pasar para prender las luces y simular que alguien vive en esa casa deshabitada.
En la actualidad, la tecnología permite disparar lo que los especialistas llaman "simulación de presencia". Esto hace que las luces se enciendan a una determinada hora, al igual que con el LCD y el equipo de audio. Ya nadie podrá aseverar a simple vista que allí no vive nadie. Y este es sólo un caso complejo de cientos de combinaciones posibles.
Vivir adelantado
Si bien el concepto de casa inteligente vinculado a la domótica (el estudio de la automatización del hogar) incluye una serie de artefactos complejos, se puede simplificar explicando que todos los equipos de la casa que se han comprado sabiendo que se quiere diseñar una casa inteligente, o acondicionados tras ser adquiridos previamente, interactúan directamente con un procesador central que administra las operaciones y a su vez tiene diálogo directo con el control remoto integral, el cual, en general a través de una pantalla táctil, permite activar, desactivar y monitorear todas las funciones que se pueden realizar dentro del hogar.
Pese a que mucho de lo dicho parece magia, en realidad se trata de un nuevo uso de tecnologías existentes. "En algún lugar, lo que hacemos es una especie de futurología. En muchos casos pensamos cómo se pueden reutilizar tecnologías tradicionales de manera novedosa, además de las tecnologías nuevas que también usamos", explica Máximo Sanguinetti, director de MarcaFuturo, una de las firmas locales que se dedican a asesorar y vender los productos a quienes quieren desarrollar un proyecto de casa inteligente.
Más allá de esta tecnología existente, empresas como Intel trabajan en sus laboratorios con prototipos aún más de avanzada, que actúan por proximidad, y a través de dispositivos de radiofrecuencia pueden "contar" qué cantidad de alimentos se tienen en la heladera para, luego, proponer una receta acorde. La firma de microprocesadores mostró otro ejemplo en su última feria de innovación: una mesada que reconocía lo que se apoyaba sobre ella de modo de sugerir un plato a realizar con esos ingredientes. Ya no habrá que pensar qué hacer con lo que se tiene en la heladera, la mesada nos lo dirá. Y la tecnología necesaria ya existe; sólo debe bajar de precio.
De hecho, si bien en este tipo de proyectos los valores son relativos, MarcaFuturo estima que al construir una casa desde cero se debería dejar de un 15 a un 20% del presupuesto total exclusivamente dedicado a hacerla "inteligente". Esto incluye tanto los equipos base (audio, video, aire acondicionado, etc.) como el cableado, las cañerías y el procesador central. Desde ya que los precios se disparan si el cliente desea tener ese equipo de CD de 10.000 dólares que tanto le gustó.
Ellos compran más
A la hora de trazar un perfil del cliente promedio, Sanguinetti aclara que en general son los estudios de arquitectura los aliados que los ponen en contacto con los futuros dueños de una casa automatizada. El perfil típico remite a un varón de 35 a 55 años. Según explica, quienes tienen menor edad pueden desear el equipamiento, pero no suelen poder comprarlo, y el tipo de tecnología está, por lo general, fuera de las apetencias de quienes se acercan a los sesenta. Desde ya, habrá excepciones, pero esta es la tendencia.
De todos modos, el hogar digital intenta dejar de ser un lujo. El interés por este concepto llevó a que la Universidad Tecnológica Nacional Santa Fe decidiera brindar un curso a distancia sobre domótica. Javier Eusebio, coordinador del proyecto Otra forma de aprender, de esa casa de estudios, dice que se tomó la decisión, impulsada por su Laboratorio de Sistemas de Control, de brindar esta capacitación por una necesidad de los profesionales. "La idea es incorporar todo lo relacionado con lo que el mercado ingenieril va necesitando, y la domótica llegó para quedarse, aunque aún sea muy incipiente", explica el ingeniero. En los últimos años, con la nueva ola ecologista, los impulsores de la domótica comenzaron a hablar de las posibilidades de ahorrar energía que ofrece el hogar inteligente. Eusebio explica que "el hogar digital va mucho más allá de tener una persiana que suba y baje vía control remoto, o dirigida a través de Internet desde la oficina del usuario. Hoy, el ahorro de electricidad viene de la mano del confort". Si los costos hoy parecen altos, el mercado sólo dice que es cuestión de esperar a que los early adopters, como se llama en la jerga a quienes quieren tener lo último y pagan los elevados precios iniciales, generen la escala necesaria para que el valor de los productos caiga. Eusebio agrega: "Es algo que recién se está haciendo conocido. Hay obras importantes en Buenos Aires, Santa Fe, Rosario y Córdoba. Los precios van a tender a acomodarse".
Por Pablo Martín Fernández

¿Quién necesita cables?
La casa inteligente es posible por una serie de tecnologías que van desde las más populares hasta las novedosas, de vanguardia. Entre las primeras, el WiFi se ha ganado un puesto en masividad, con millones de equipos en los hogares, el estándar tecnológico que permite conectarnos a Internet sin cables y enlazar equipos entre sí del mismo modo. En los días del Bicentenario argentino, más precisamente el 24 de mayo último, el primer espaldarazo a esta tecnología cumplía 25 años.
El 24 de mayo de 1985, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC, por sus siglas en inglés) decidió permitir "acceder sin licencia" al espectro radioeléctrico. Este tecnicismo, que también aprovecha el sistema BlueTooth, es el que permite que usted pueda elegir tomar su café en el bar que muestre en la puerta un logo negro y blanco donde se lea "WiFi".
Esa marca se construyó, a pedido de los impulsores de este sistema, para alejarla de las siglas complejas y hacer que esa tecnología fuera masiva. Así como el MP3 técnicamente se llama "MPEG-1 Audio Layer 3", WiFi remite a distintas variables de esta secuencia de caracteres: "IEEE 802.11". A la hora de preguntar si su máquina incluye la capacidad de conectarse sin cables, WiFi, claramente, es más fácil de recordar.
En la actualidad se venden PC, notebooks, netbooks, celulares, iPad, cámaras de fotos, cámaras web e impresoras, entre otros periféricos, con esta tecnología sin hilos. Todos estos equipos llevan estampada la marca WiFi, creada por la consultora Interbrand, e impulsada por su similitud con una sigla que el público ya conocía y relacionaba con la calidad de los equipos de audio de alta fidelidad (HiFi). El sello WiFi nació en 1999 y, pese a lo que suele creerse, no es la abreviatura de Wireless Fidelity. Esa lectura, lógica teniendo en cuenta la inspiración en high fidelity, no formó parte de la idea original de Interbrand.
"El caso de WiFi es la clara demostración de cómo se hace reconocible un concepto tecnológico que pasa de un protocolo de siglas y números a un nombre de fantasía que lo hace completamente simple y reconocible. El consumidor siempre agradece con su compra los nombres sin vueltas; no quiere lidiar con siglas complejas. Un ejemplo más actual es toda la línea "i" de Apple, con el iPhone y la iPad a la cabeza. Son nombres claros y directos", explicó Máximo Rainuzzo, presidente de Interbrand, a LNR .

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