jueves, 26 de agosto de 2010

Agua seca contra el cambio climático

Una sustancia que se llama agua seca y parece azúcar glas pero no lo es, está formada por agua en un 95%. Aunque fue patentada en 1968, es ahora cuando nuevos experimentos hacen vislumbrar su utilidad para absorber gases, incluidos los de efecto invernadero.
Los químicos que estudian sus posibles usos creen que podría ser la solución para absorber y almacenar el exceso de dióxido de carbono en la atmósfera. También es prometedora para iniciar de forma más eficiente las reacciones químicas utilizadas en la producción de centenares de productos de uso cotidiano y para transportar sustancias peligrosas, han explicado en la reunión anual de la
Sociedad Americana de Química en Boston.
Cada partícula de agua seca contiene una gota de agua rodeada de nanopartículas hidrofóbicas de sílice (el óxido de silicio presente en la arena de la playa). Este recubrimiento impide que se recombinen las gotas para volver a ser un líquido. El resultado es un fino polvo que puede absorber gases que se combinan químicamente con el agua para fomar hidratos.
Aunque el agua seca fue desarrollada en 1968 y fue ensayada en cosméticos, entre otras áreas, hasta 2006 no se iniciaron, en Reino Unido, el estudio en profundidad de su estructura y los experimentos para posibles nuevas aplicaciones, informa la sociedad.
Una de las más recientemente experimentadas, con éxito, es para el almacenamiento de gases, en la Universidad de Liverpool bajo la dirección de Andrew Cooper. Un litro de gas metano se puede almacenar en unos seis gramos de polvo, a una temperatura no muy baja. Los investigadores piensan también en su utilidad para explotar depósitos de gas metano que estén dispersos o en forma de hidratos en el fondo del mar, aunque reconocen que todavía queda mucho trabajo de investigación por hacer y que el coste sería seguramente todavía un problema.
Además, se profetizan aplicaciones más directas en los procesos químicos más comunes en la industria y para almacenar y transportar sustancias peligrosas en forma de emulsiones, que se transformarían en polvo.

elpais.com