sábado, 11 de abril de 2009

El "Madoff del arte", el galerista que estafó a los famosos en EE.UU.


Juana Libedinsky
Para LA NACION
NUEVA YORK.- La pregunta que todos estaban esperando se animó a hacerla un periodista del fondo de la sala. "¿Y John McEnroe tuvo uno de sus célebres berrinches al enterarse?", lanzó a los especialistas en fraude de la oficina del fiscal de distrito de Nueva York.
McEnroe, el ídolo del tenis, famoso por sus arranques de furia dentro de una cancha, es uno de los grandes perjudicados por una estafa que sacude al mundo del arte. El ex tenista cayó en manos de Lawrence Salander, detenido y acusado por un gran jurado de Nueva York de más de un centenar de delitos, entre los que se encuentran latrocinio, falsificación, fraude contable y perjurio.
Salander vivió la última década engañando a unos y a otros, en una huida hacia adelante que le llevó a contraer una deuda de 88 millones de dólares. Robert M. Morgenthau, el fiscal que lleva el caso, comparó el negocio de Salander con una especie de pirámide de Ponzi ?la misma estrategia fraudulenta de inversión que usó Bernard Madoff, también detenido recientemente?, tras lo cual los medios rebautizaron a Salander como "el Madoff del arte". En caso de que sea encontrado culpable, puede llegar a tener 25 años de cárcel.
Maestro de la manipulación tras el aura de respetabilidad que daba su galería en lo mejor del Upper East neoyorquino y su exclusiva lista de clientes (el Bank of America y el actor Robert De Niro figuran entre sus víctimas), Salander desarrolló dos formas de estafar. Por un lado, llegó a vender el mismo cuadro varias veces a distintas personas. Por otro, atraía a personas que invertían en efectivo para participar en ventas de obras de arte que no existían y que se "revalorizaban" con el dinero que ponían otros.
En un principio, sin embargo, Salander, para muchos, era considerado un cruzado por las obras verdaderamente valiosas de la historia del arte, pues luchaba contra las modas en arte contemporáneo que parecían desafiar la lógica. ¿Cómo era posible, por ejemplo, que un cuadro de Jasper Johns costara el doble que Virgen con niño, de Duccio, adquirido por el Metropolitan Museum de Nueva York por 45 millones de dólares en 2004.
Marketing efectivo
Nacido hace 59 años en una familia de clase media de Long Island, Salander escaló a partir de una pequeña tienda de antigüedades en Connecticut a los altos estratos de la movida artística de la Gran Manzana, presentándose como una alternativa más "auténtica" a los galeristas establecidos, a quienes pintaba como unos snobs que promovían artistas inflados por modas intelectuales pasajeras, lejanas a lo "verdadero" del arte.
"Un tipo de la calle que leyó a Ruskin", fue como lo definió Leon Wieseltier, reconocido crítico de arte de The New Republic.
Gran propulsor del arte antiguo, que, en su opinión, estaba subvaluado, por lo que se podía comprar comparativamente barato y luego vender caro si se promovía ese mercado, Salander también buscaba descubrir artistas, vivos o muertos que considerase extraordinarios y rescatarlos del anonimato, como Leland Bell, Paul George y Robert De Niro padre fallecido en 1993, de quien supuestamente vendió 12 obras sin el consentimiento de su hijo.
Pero a Salander le gustaban también, y mucho, las grandes fiestas, los jets privados, las vacaciones lujosas y las casas de varios millones de dólares en Manhattan. Y esto en todo momento, en épocas de bonanza o de crisis, hubiese ingresos en su galería o no. De hecho, se reveló que mientras sus clientes empezaban a reclamar sus obras y su dinero, ya en 2006, Salander compraba joyas a su mujer por 500.000 dólares y pagaba 150.000 dólares por un viaje en familia a Europa en un jet privado. Salander tuvo un margen de maniobra para que su fraude no fuese inmediatamente evidente.
A Mc Enroe, a quien estafó por 162.500 dólares, le vendió el 50% de los intereses sobre una pintura del artista armenio-norteamericano Arshile Gorky, y le prometió que repartirían las ganancias cuando el cuadro se vendiese a una tercera persona. Mc Enroe luego se enteró de que la pintura en cuestión colgaba de la pared de un tercero, pero Salander no había reportado la venta ni a la galería ni a él.
El caso de Salander está poniendo en evidencia que el mercado del arte no está demasiado alejado de Wall Street: circulan historias de artistas desesperados porque ciertos galeristas que tenían sus obras quebraron tras la crisis y desaparecieron con ellas. Como consecuencia de Salander y compañía, muchos apuestan a que se viene mucha más regulación en el mercado del arte también. Al menos, dijo a La Nacion Mark Durney, representante para EEUU de la Asociación para la Investigación de Delitos contra el Arte y responsable del blog www.arttheftcentral.blogspot.com, "el escepticismo en los coleccionistas por el caso Salander llevará a que las galerías mismas compitan incrementando su transparencia".

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