martes, 22 de marzo de 2011

El último argentino virgen



Por Juan Yesnik
RevistaOhlala.com

¿Quién dice a qué edad debe el hombre tener su primera relación sexual? Como en todos los órdenes de la vida, fundamentalmente, es la sociedad quien establece "lo que se espera", lo que se convertirá en "norma o costumbre". La historia de cada sociedad en particular establecerá no sólo la edad sino el "con quién y cómo".

Así como tiempo atrás la llave para el debut sexual la tenía la prostituta y se debutaba "en grupo" o guiado por un familiar, los jóvenes de hoy incluyen la variable de concretar con una noviecita, "amigovia" u otra chica de su edad. Incluso, el "nidito de amor" suelen ser los propios cuartos de la casa familiar. Cada día más temprano se escucha: "¿en la tuya o en la mía?".

Por un lado, las adolescentes de hoy adelantaron sus tiempos y "debutan" casi a la misma edad que los varones. Las estadísticas dan cuenta que el varón argentino tiene su primer coito a los 15 años, un año antes que Chile (edad promedio: 16), un año después que Estados Unidos (edad promedio: 14,5), dos años después que España (edad promedio: 13). Por otro lado, las nuevas formas del encuentro entre "pares" incluyen, en el primer contacto, la posibilidad de asociar "sexo con amor". Ambos aspectos - debut anticipado en ambos géneros y el afecto como impulso -configuran los nuevos "cómo y con quién" del debut de los varones de nuestro país (y de muchos otros también).

Si hay algo que se sostiene más allá de las épocas, es que quien no concrete "en tiempo y forma" será desacreditado por su clan o entorno próximo. Seguramente caerán sobre él, sospechas de "homosexualidad" u otras "condenas menos severas o cuestionables": un hombre sin carácter, "flojito", "tímido o corto", etc. (cuando hablamos de "condenas" nos referimos a los "juicios y prejuicios" de las sociedades rígidas y tradicionalistas).

Pero, más allá de los determinantes sociales, y con sumo respeto por las elecciones, creencias y convicciones religiosas de cada quien, desde la biología y las distintas disciplinas de la salud -si bien la ciencia no habla de edades de inicio- se espera que el hombre pueda lograr un encuentro con la sexualidad de la manera más saludable, ajustada a la naturaleza y a sus posibilidades.

La sexualidad es un factor fundamental en el desarrollo del bienestar físico y emocional de las personas. Poder "abrir la puerta para salir a jugar", le confiere al hombre la posibilidad de concretar aquello para lo que fue dotado por natura. Por un lado, avanzar en lo que en algún momento será cumplir con el ciclo reproductivo y, por el otro, alcanzar el goce en el encuentro con otros cuerpos. Somos seres sociales. No sólo no es bueno que el hombre esté solo, sino que es vital que pueda establecer todo tipo de vínculos esperables.

Tal como dijimos en un principio, para el pensamiento "rígido o tradicionalista" de muchas sociedades tipo, "no es posible" que un hombre de más de 18 ó 20 aún no haya podido "penetrar a una mujer".

Al respecto, algo importante que advertir. Habitualmente, cuando se habla de perder la virginidad, todo suele medirse con la vara de la heterosexualidad. De hecho, para la sociedad y su imaginario, "el que no debuta no recibe la cucarda de ´macho´".

En los tiempos que corren - al menos lo hacemos desde este espacio - no debería dejarse fuera de análisis la variable de la bisexualidad, homosexualidad o cual sea la orientación del varón que aún no logra definir su identidad. Así como no todos los hombres vírgenes es porque tienen tendencias homosexuales, los homosexuales también perderán en algún momento la virginidad.

En este aspecto, también es cierto que "el ser o sentirse distinto" es uno de los motivos que, en muchos casos, retrasa la posibilidad de concretar el primer contacto carnal. Es más, en algunos jóvenes que no pueden avanzar con una mujer se pueden llegar a despertar angustias o sentimientos de confusión en torno a su identidad. Algunos llegan a creer que como no saben cómo abordar a alguien del sexo opuesto es porque pueden estar deseando a un hombre. Muchas veces esto se encierra en un ciclo de fantasías y obsesiones más que una inclinación o deseo concreto.

Lo fundamental, sea cual sea la orientación sexual del "varón aún sin debutar", la clave diferencial está en descubrir y abordar los motivos o factores aparentes o profundos (los conscientes y los inconscientes) que inhiben la posibilidad de perder la virginidad.

Tal como coinciden algunos sexólogos, "ser virgen es tanto o más difícil que dejar de serlo". El no poder dar "el gran paso" provoca sentimientos de aislamiento, culpa y abandono. Incluso, en muchos casos, este mismo miedo es el que extiende los tiempos y limita las posibilidades.

El miedo, en este y tantos otros aspectos de la vida, es el que parece imponerse en todas sus formas. En este caso, miedo a no poder (a que no haya erección, a sorprender con una eyaculación precoz, etc.), miedo al fracaso (el no saber cómo hacerlo, cómo hacer gozar al otro, temor a lastimar o lastimarse, entre otros). Los miedos en escala derivan en trastornos de ansiedad y fobias sexuales.

Como siempre, la clave es la información y la educación sexual. Cuando no hay acceso o se cree que un padre no pueda ayudarnos en este paso tan esencial en la vida de un hombre, siempre hay otras puertas: familiares, profesores, psicólogos, médicos, etc.

Este rol siempre cayó en manos de los "amigos" pero, lo cierto es que, si bien son los "aliados naturales", en muchos casos no siempre son los mejores consejeros. Pueden llegar a tener las mismas dudas o más desinformación que uno y, en este sentido, poner en peligro el posible debut o ser determinantes de "primeras relaciones" frustrantes. No sólo se trata de perder la virginidad sino de aprender a sostener y seguir buscando el placer del encuentro. Y eso es tiempo e información.

Por otro lado, y esto es muy importante, no todos los jóvenes tienen la estructura de personalidad necesaria para avanzar en el tema con alguien de su entorno. Primero porque muchas veces el miedo a hablar con un amigo es del mismo tenor de angustia que animarse a debutar y eso inhabilita los canales de diálogo y promueve el aislamiento. Por otro, cuando se descree y los niveles de autoestima son bajos (algo muy posible durante la adolescencia), es muy probable que el joven descrea que alguien de su misma edad pueda resolver tanta duda y ansiedad.

Lo cierto es que, para conocimiento de unos y otros, siempre hay alguien capacitado para ayudar y descubrir los verdaderos motivos por los que cada uno haya decidido retrasar o no pueda concretar la pérdida de la virginidad. El sexo es salud, placer y diversión. Y hay que descubrirlo sin culpas ni temores (más allá de los propios de la inexperiencia).

Desde muy chicos necesitamos información segura y confiable. Desde pequeños sabemos de la importancia de contar con vínculos seguros. Todo empieza en casa pero, insisto, si esto no es posible, siempre hay alguien que pueda ayudarnos. Aislarnos es eso, dejarnos atrapar en la soledad de una isla donde pelear por la supervivencia. Y la vida y el sexo es mucho más que sobrevivir.

Perder la virginidad es algo por demás importante en la vida de un hombre. Ocuparnos de esto es fundamental. Es un eslabón esencial a la hora de abordar el sexo seguro y responsable.

Más allá de los "tiempos sociales" están los "tiempos propios". La clave está en ser consciente y trabajar en el por qué de esos "tiempos y des-tiempos" que elegimos para nosotros. En definitiva, siempre y a pesar de todo y de todos, somos propietarios de nuestras elecciones.