sábado, 19 de marzo de 2011

El fin del padre tradicional

Un hombre cambia el pañal a su hijo encima del maletero del coche. | Javier Zorrilla


¿Recuerdan los humos que se gastaba Jeremy Irons contra su propia familia cuando daba vida al patriarca de los Trueba en 'La casa de los espíritus'? ¿A que no resulta tan desconocida la actitud de Antonio Alcántara (Imanol Arias) en 'Cuéntame' como aquel padre que es el último en enterarse de los problemas de sus hijos por su disposición a solucionar todo de forma autoritaria? Pues bien, este modelo se ha acabado. Los tiempos cambian y la concepción que tiene el hombre de la familia y de su lugar en ella, también.
Aunque, según los psicólogos, los varones siguen prefiriendo la estructura clásica de familia -compuesta por padre, madre e hijos- hoy por hoy ellos también ponen en cuestión otros elementos, como el número de hijos, la conciliación con la vida profesional y la edad para ser padre primerizo.
Así, al cambiar la escala de valores y no ver como base de la pareja la necesidad de ser padres, se planifica más la decisión de cuántos hijos y cuándo se quieren tener: si actualmente las mujeres son madres por primera vez a los 31 años de media, en el caso de los hombres las edades van parejas, convirtiéndose en padres primerizos entre los 30 a 35 años de media.
Así, cada vez se apuesta más por el hijo único, quedando relegadas al recuerdo las familias numerosas: "Esto se debe a varios factores entre los que destaca el económico, pues el hombre tampoco quiere tener muchos hijos que además, de que cuestan más mantenerlos, no pueda casi ni ver. Por otra parte es más fácil ocuparte de un hijo que de varios, deja más tiempo para uno mismo", afirma el psicólogo clínico experto en familias, Esteban Cañamares.

Una evolución por necesidad

Las diferencias estructurales no son las únicas. Desde los psicólogos a los propios afectados todos se ponen de acuerdo al señalar que la figura del padre tradicional, "más autoritario, distante y ausente ha evolucionado hacia el más cercano y comprensivo, casi en un intento de ser más un amigo para el hijo", señala Francisca López, directora del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada.
Una situación que, según Cañamares, "es una tremenda equivocación". "Estos cambios en apenas unos años son un ejemplo de la ley del péndulo: veníamos de una sociedad autoritaria, del 'ordeno y mando' del padre, para pasar ahora al otro extremo... y no hay extremo bueno: un padre es un padre y no un amigo", señala. Una opinión que corrobora Francisca López: "Ser más cercano y estar más implicado son buenos estilos de funcionamiento, pero ahora muchos padres también repiten malas conductas porque se peca o por demasiada pasividad, dejando que los críos hagan lo que quieran, o en algunas ocasiones por exceso, controlando demasiado al hijo".
Y es que ser padre no es fácil. Raúl Rubio tiene 36 años y es padre de un chico de 11 años. "Creo que ahora somos más receptivos que lo que eran nuestros padres antes, quizá porque tenemos más información y menos tabúes, por lo que podemos hablar de cualquier cosa con ellos y eso también nos hace más cercanos", comenta.
Pero, ¿a qué se deben estos cambios? Los psicólogos priorizan otros factores antes que la educación. Entre ellos, la necesidad de adaptarse a una situación donde ambos progenitores trabajan y el hecho de que culturalmente se vea normal que el varón se responsabilice más en la casa y la educación. Para Cañamares, estos principios "cambian más a los hombres que el que hayan sido las madres las que haya inculcado unas ideas más igualitarias a los que ahora son padres".
"Desde la época de la transición se ha visto un progresivo cambio cultural y social para que el hombre cambie hacia una política más igualitaria en la que también se incluye la educación de los hijos", comenta Francisca López. "Hace apenas unas décadas, el hombre era el que sostenía a la familia trayendo dinero y comida a casa, pero ahora esto se reparte. La mujer también trabaja fuera y por tanto ya no puede hacer las tareas sola".
Eso sí, todavía quedan cosas por hacer... en ambos sentidos. "Si el hombre todavía tiene que consolidar su rol como un padre más comprometido, la mujer también tiene que abrir ese mundo tradicionalmente suyo. Un ejemplo, no vale con que el padre vaya a comprar, sino que ellas tienen que darle la oportunidad de que sean ellos los que elijan lo que quieren meter en la cesta, no que vayan como recaderos. Hay que hacer un esfuerzo para que todos se impliquen", explica Cañamares.
elmundo.es