viernes, 18 de marzo de 2011

¿Cuándo lo dejo entrar en mi casa?




La mayoría de los hombres que llegan a nuestra vida tiene un link directo con nosotras, algún amigo o conocido en común que lo pone en escena y puede darnos referencias certeras acerca de quién es. Cuando eso sucede, sentimos que ese hombre pertenece a nuestro universo y podemos confiar. Sin embargo, casi todas, alguna vez, vivimos la adrenalínica experiencia de cruzarnos con un extraño irresistible: un tipo que conocimos en la calle, en un boliche o, incluso, en alguna red social.

Esta experiencia llega para recordarnos que ahí afuera hay miles de  hombres fabulosos que estaban completamente fuera de nuestro radar. Si la relación avanza, la pregunta inevitable es: ¿cuándo podemos dejar que ese tipo entre en nuestra casa?, ¿cuándo sabemos que ya puede dormir en nuestra cama, esa misma cama que alguna vez compartimos con nuestra ex pareja, amante o marido?, o incluso: ¿cuándo puede conocer a nuestros hijos? En definitiva..., ¡¿cómo darte cuenta de que no es un freak más en tu vida?!

Date tiempo para conocerlo

Vivimos en la era de la velocidad, pero, por suerte, somos nosotras quienes podemos marcar el tiempo en nuestras relaciones. Así como a nuestros 20 eran un desafío la audacia sexual y las relaciones casuales, a los 30 se impone un desacelere. Volver al zaguanazo, el slow sex, el coqueteo (no histeriqueo), las charlas tardías... hoy es cool. Entonces, a no ser que tengas la fantasía de tener una noche de sexo descontrolado con un extraño (y, en ese caso, te recomendamos ir a un telo), una nueva relación puede cocerse a baño María (para las que nunca cocinaron ni un huevo frito, esto quiere decir a fuego lento, ja).

No sólo porque a un nuevo hombre le abrís la puerta de acceso a tu universo de pertenencias más valiosas, tanto sentimental como económicamente, sino también porque te exponés emocionalmente. La situación de vulnerabilidad es evidente, y ésa es la razón fundamental para averiguar bien con quién te metés y ahorrarte un mal momento.

Hace no tanto tiempo, para saber con quién se metía "la nena", las madres visitaban los barrios de sus pretendientes para buscar información. Confirmar dónde vivía y cuáles eran sus movimientos era tan importante como su reputación. Claro que investigar estas cuestiones hoy, interrogando a su portero, se podría interpretar más como un rasgo psicótico que como una medida de precaución. Sin embargo, esas preguntas que las madres se hacían siguen siendo el puntapié para empezar a conocer a alguien, y vos deberías tenerlas en cuenta.

¿Qué tenés que saber?

Cuando un hombre llega a tu vida de la nada, preguntarle dónde vive y con quién, a qué se dedica, dónde trabaja y su estado civil son pasos lógicos. Lo lógico sería, también, que él no evadiera las respuestas y no temiera explayarse. No subestimes el valor de su discurso. Toda mujer adulta debe saber (o tendría que aprender) escuchar y preguntar. No hay técnicas, se trata de confiar en tu sentido común y buscar cierta coherencia para detectar contradicciones y evasivas. También hay que darle lugar a la intuición, que suele ser información que captamos de manera inconsciente. Claro que para hacerlo, se necesita seguridad y confianza; buscá lugares de charla y encuentro donde ambos se sientan distendidos.

Es probable que en la primera cita, ninguno de los dos revele sus deseos más íntimos o deje vislumbrar alguna debilidad -si así fuera: ¡bien por ustedes!, estás en una relación que logró intimidad en muy poco tiempo-; entonces, apostá a las futuras salidas. Eso sí, a la hora de las respuestas, no dejes que tu deseo nuble tu percepción (a veces, escuchamos lo que queremos oír), y por otro lado, vos también sé sincera con él, mostrate tal cual sos, esto evita muchos conflictos a futuro.

Facebookealo

Aunque hoy las redes sociales nos hacen creer que tenemos mayor información de la vida del otro, no te engañes. Conocer su perfil de Facebook, saber todos sus tweets y escudriñar a sus seguidores y tener un puñado de conocidos virtuales en común no significa nada. Claro que hay que estar atentas al modo en que él se presenta a sí mismo en la web, pero ya lo sabemos: que su perfil no indique su estado civil no significa, por ejemplo, que sea soltero. Poné especial atención en aquello que no aclara y en las cosas que no muestra. Lo mismo en la charla: lo que no dice podría ser más importante que la magnífica historia que te cuenta.

Conocé su entorno

En toda relación, siempre llega un momento en que el discurso se encuentra con la realidad. Cuando tu nuevo chico salió de la nada misma, ese momento vale oro. En estos casos, si tenés muchas dudas o no querés perder el tiempo, podés acelerar un poco el proceso. ¿Cómo? Ofrecete a pasar a buscarlo por el trabajo que dice tener o a acompañarlo en alguna de sus actividades cotidianas. Conocer a sus amigos o a algún familiar es una de las partes más reveladoras de esta etapa. A medida que conozcas su entorno y confirmes qué tanto había de cierto en eso que te contaba, él va a ir ganándose tu confianza. Cuando eso suceda, seguramente ya vas a poder responderte la pregunta del principio.

Probá su performance

Arriesgarse a compartir la vida, o tan sólo la cama, con un extraño implica riesgos físicos y emocionales. Pero aunque sentirte en confianza con alguien toma tiempo, la atracción sexual puede acelerar algunos casilleros. Así, mientras lo conocés, también podés explorar algunos de los cientos de telos de la ciudad, todo un presupuesto pero bien vale la pena. Conocerlo en el plano sexual también te hablará de él, desde cómo te cuida, te escucha, te mima hasta cosas más llanas, como si es bueno en la cama o no. Si sabés cuidarte y disfrutarlo sin rollos, el sexo se convierte en un gran informante que termina de delinear el perfil del señor en cuestión. Quién te dice, una relación pasional puede convertirse en una inolvidable historia de amor con final feliz y todo.
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