sábado, 3 de marzo de 2012

Primeros universitarios


Puntas de lanza hacia un nuevo mundo, héroes del esfuerzo, personajes casi revolucionarios. Así se puede describir a los jóvenes que nacidos en contextos vulnerables consiguieron abrazar la utopía del conocimiento al ser los primeros universitarios de su familia e hicieron florecer a todo su entorno.
Tuvieron que quebrar todos los estigmas de la inmovilidad de clases y del "no poder", exprimieron cada oportunidad educativa al máximo, se fueron abriendo camino en la selva de la vida y se adueñaron de su destino.
Al hacerlo, encarnaron el crisol de impactos sociales que tiene el saber en cualquier persona, y también en sus hogares. Contra todos los pronósticos, se ganaron las herramientas necesarias para defenderse de los ataques de la arena cotidiana y se convirtieron en personas más preparadas para tomar las riendas de su vida.
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La educación incide decisivamente en las oportunidades y la calidad de vida de los individuos, las familias y las colectividades. El efecto de la educación en la mejora de los niveles de ingreso, la salud de las personas, los cambios en la estructura de la familia (en relación con la fecundidad y la participación en la actividad económica de sus miembros, entre otros), la promoción de valores democráticos, la convivencia civilizada y la actividad autónoma y responsable de las personas ha sido ampliamente demostrado.
Una investigación de McMahon, W. (2000) -basada en datos de los 22 países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -, demostró que la escolaridad facilita el matrimonio con cónyuges con mayores niveles de escolaridad (lo cual también tiene impactos favorables en la salud) y contribuye a adoptar estilos de vida más sanos.
De acuerdo con McMahon, en los países menos desarrollados se generan en primer lugar los efectos de la escolaridad en el mejoramiento de la salud, en la reducción de la mortalidad infantil y en el incremento de la esperanza de vida.
"Existen varios estudios que muestran como la educación tiene un efecto muy positivo en todas las prácticas que tienen que ver con la salud, el cuidado personal, el consumo de tabaco y de alcohol y la actividad física. Esto en parte tiene que ver con la información pero también con un mayor nivel de ingresos. Sin embargo, en nuestro país todos los efectos sociales que tiene la educación no se pueden separar de la situación de pobreza", sostiene Juan Llach, director del Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía del IAE, al afirmar que los contextos de marginalidad llevan a los jóvenes a tener una tendencia mayor al delito, al embarazo adolescente y a una educación más deficiente.
En el caso de Celina Díaz Melo, el hecho de haber vivido durante su adolescencia en la villa 21-24 de Barracas, no la sentenció a seguir los pasos de su madre que sólo terminó la secundaria y trabaja de empleada doméstica o cuidando chicos. Al contrario, terminó la secundaria en la Escuela del Buen Consejo de Barracas y actualmente está por empezar su segundo año de Comunicación Social en la Universidad del Salvador.
Celina Díaz Melo está estudiando Comunicación Social en la Universidad Austral y sueña con ser periodista. 
"El saber te da el poder de decidir y fundamentar tus decisiones. Como soy la primera que va a la universidad en mi casa tengo que hacer y descubrir todo sola. Eso me ayudó mucho y los pequeños logros te dan ganas de seguir creciendo. Viniendo de donde vengo nunca pensé que iba a poder estudiar en una universidad privada, entonces eso me estimula a querer más", dice esta joven de 19 años, que vive en Lomas de Zamora y viaja casi dos horas en colectivo para poder llegar a la universidad.
Todavía recuerda el día en el que su madre le dijo que como ella había estudiado la primaria en Paraguay -de donde es oriunda- no la iba a poder ayudar con los deberes porque los contenidos eran diferentes. "Así que te vas a tener que arreglar sola, pero yo voy a estar acá acompañándote", le dijo sin saber que eso iba a generar una independencia y una libertad en su hija que la harían soñar con mayores desafíos.
Celina se recibió con los mejores promedios en la secundaria y por eso accedió a una beca de honor en la universidad. Como de chiquita siempre le gustaron el periodismo y la investigación, no dudó en anotarse en Comunicación Social.
"El primer cuatrimestre fue muy duro. Pasé de 37 compañeros a 137. Me sentía fuera de mi lugar, como que no terminaba de encajar y algunos contenidos no los entendía. Yo pensé que mis compañeros me iban a excluir y nada que ver, me recontra incluyeron. Por suerte, con el tiempo, me pude adaptar", recuerda Celina, que durante su primer año no recursó ninguna materia a fuerza de voluntad y dedicación. Por las noches, en las cenas familiares, compartía las cosas curiosas que había aprendido durante el día con sus padres y su hermana. "Mirá todo lo que tengo en mi cabeza", le decía a su madre cada vez que terminaba de estudiar para un parcial.
¿Cómo impactó el estudio en su vida? "Una tiene otra seguridad para encarar el mundo. Ya no tengo que bajar la cabeza como sí le pasa a mi mamá. Cuando voy a hacer un trámite con ella como no entiende lo que le preguntan me pide que llene los papeles por ella", cuenta Celina, que tiene un programa de radio con amigos en una radio parroquial, le gusta escribir y aspira con llegar a ser una gran periodista. A su vez, está orgullosa de que su hermana ya empiece a soñar con la universidad en la que va a estudiar gracias a que ella le mostró ese camino.
"Al tener más conocimientos, uno tiene la posibilidad de elegir responsablemente, asumiendo las consecuencias, porque uno las conoce. Al acceder a más educación dejás de lado la resignación y aspirás a futuros más prometedores. Yo ya no me conformo con lo mínimo. Quiero más", concluye Celina.
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"A pesar de todo, la Argentina tiene mucha movilidad social y a veces los proyectos de vida de jóvenes de bajos ingresos y nivel educativo, son tan ambiciosos que muchas veces se concretan. De hecho, el 80% de los padres de los chicos que estudian en el Gran Buenos Aires no han ido a la universidad y algunos incluso, ni siquiera a la secundaria. Esta amplitud que tiene la Argentina es una ventaja, aunque la calidad deja mucho que desear y está directamente relacionada con el nivel socioeconómico, cuando debería ser al revés", sostiene Llach.
Siguiendo con la investigación de McMahon, especialmente a partir del nivel secundario, la educación contribuye a que los sujetos estén más atentos a (y comprendan mejor) los asuntos que están siendo procesados en el sistema político, por lo que la escolaridad influye positivamente en la participación en los procesos respectivos.
Para Vanesa Romero el haber podido tener una vida universitaria le abrió todas las puertas, le dio más libertad, la hizo ser más tolerante y la llevó a interesarse por la política. "No me preguntaba el porqué de las cosas, cuáles eran los intereses detrás de lo que pasaba. Por eso, la primera vez que voté averigüé todas las plataformas y las ideas de los candidatos", explica Vanesa, a la vez que confiesa que algún día le gustaría incursionar en política asesorando a algún funcionario en temas económicos. Oriunda del barrio Los Troncos del Talar de Tigre, en donde todavía vive junto a su madre, decidió empezar a estudiar Economía en la UBA porque quería entender por qué existía tanta pobreza en el mundo y cómo funcionaba el capitalismo para poder mejorarlo.
"Conocer te cambia la forma de pensar, te da una diversidad de opiniones sobre todos los temas y te permite defenderte. La universidad me hizo darme cuenta que no me las sabía todas. Fue un golpe de realismo importante porque entendí que tenía muchas cosas por aprender y que no todo es como te lo muestran. Hoy me siento más plantada y con ganas de seguir creciendo", dice Vanesa, de 21 años, que se recibió de la Escuela de Educación Media N° 2 en Pacheco y recibió una beca educativa de la Asociación Mujeres 2000 para poder seguir estudiando sin tener que preocuparse por trabajar.
Su madre, "Conce", es beneficiaria del programa de Microcréditos de Mujeres 2000. Empezó como vendedora ambulante de posters y productos de limpieza en el barrio en bicicleta y, en 2006, gracias a los préstamos de esta entidad, tuvo la posibilidad de abrir un almacén con verdulería en un local alquilado. Con la ayuda de su padrastro en 2009 mudaron el local a su propia casa, que están en este momento mejorando.
Su mamá no terminó la primaria, pero lo hizo de grande y fue orgullosa a recibir su diploma. Su hermana, de 24 años, no terminó el secundario y trabaja de empleada doméstica. "Me cuesta que mi familia termine de entender cómo me modificó el estudio. No es que yo soy superior a ellos sino que conozco otras cosas, tengo más mundo. Ya hoy no compro todo lo que me dicen sino que lo puedo investigar", dice Vanesa a la que le falta sólo un año y medio para recibirse y que desde hace 3 meses está realizando una pasantía en el Departamento de Administración de Deuda Pública de la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía.
Lo suyo es pura entrega. Tiene 2 horas de viaje en todos los medios de transporte - colectivo, tren y subte - y a partir de este año va a empezar a estudiar a la noche para poder seguir trabajando. "En el futuro me gustaría entrar en una consultora y hacer investigaciones económicas, financieras y sociales. Pero lo más importante es poder juntar unos mangos para comprarle una casa a mi mamá en la zona más linda del barrio", cuenta Vanesa, que rescata la fortaleza de su madre al construir sola una casilla de madera en un terreno cedido por la municipalidad, y su sacrificio para que ella pudiera apostar por un futuro mejor. Al padecer esa realidad, Vanesa recuerda haberse hecho esta pregunta: ¿cuál es el camino para no terminar yo también en esta situación? El estudio, se contestó.
"La carrera fue una gran metodología sobre cómo hacer las cosas. Una línea de razonamiento que incide hasta en tu vida amorosa o no comprar todo lo que te venden los políticos. La educación es una herramienta de defensa en este mundo cruel. Me hizo más estructurada en el pensamiento. Y esto lo aprovecho, por ejemplo, para darle bastantes consejos a mi mamá en cuanto al almacén y sobre cómo ordenar las cuentas. Le explico que tiene que saber el porcentaje de ganancias o cuánto va a destinar a la mercadería", cuenta Vanesa, que reconoce que antes de su incursión universitaria estaba como dormida y hoy se despierta todos los días con una inquietud diferente. ¿Su próximo objetivo? Hacer un máster en Economía y Políticas Públicas.
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Tres Isletas, una comunidad urbana de 25.000 habitantes, es la puerta de El Impenetrable en el Chaco. Hasta la comunidad de Monte Quemado Chico o "Quemadito" decidieron ir los integrantes de Educar 2050 para trabajar en 29 escuelas en un radio de 40 kilómetros, influyendo en 5000 chicos.
Sobre la base de su experiencia de interactuar con tantos alumnos, Manuel Alvarez Trongé, director de la entidad, sostiene que "cuando hay mejor educación hay más creatividad, incluso con pocos recursos. Además, los chicos se convierten en educadores de sus padres. Por ejemplo, cuando pusimos la biblioteca pidieron abrir la escuela los fines de semana y los chicos llevaron a sus padres y abuelos a leer o a enseñarles ellos mismos".
A su vez, destaca que se generan importantes cambios en la higiene de los chicos a partir de su ingreso en la escuela. "Al principio los chicos llegan sucios, con piojos, con problemas de desnutrición y de a poco empiezan a incorporar otros hábitos y los padres otra responsabilidad. Con el tiempo llegan limpios, con los dientes limpios y arreglados. La higiene tiene un impacto directo en la salud y en una preocupación por lo que tienen que comer", agrega Alvarez Trongé.
Para llegar a la escuela, Luis Aguirre tenía que caminar 2 kilómetros hasta que gracias a una donación de bicicletas pudo hacer ese trayecto en menor tiempo. Fue a la escuela Corazón de Jesús en el "Quemadito", en el Chaco, y hoy en día está estudiando profesorado de nivel primario porque quiere ser maestro.
Luis Aguirre, estudiante de Profesorado de Nivel Primario. 
Sus padres terminaron únicamente la primaria: él es albañil y ella ama de casa. Para poder aspirar con otros horizontes, Luis se tuvo que ir a vivir a Tres Isletas para poder seguir sus estudios secundarios, lejos de su familia y de todo lo que conocía. "El estudio siempre le da capacidad a uno para seguir estudiando y para pensar en lo que viene. También te ayuda a poder desarrollarte en la vida cotidiana", cuenta este joven, al que le costó acostumbrarse a estar en la ciudad. Durante la semana vivía en la residencia del colegio, la Escuela Técnica N° 20, de Tres Isletas, y los fines de semana regresaba a su pueblo.
"A todos nos cuesta acostumbrarnos, hallarnos, encontrar nuevos amigos, desenvolverse en un nuevo ámbito, encontrarse con nuevos profesores. Uno viene de una zona rural en la que hay pocas personas pero uno se va adaptando al ámbito", expresa Luis, a la vez que señala que allí aprendió a manejar distintas herramientas, máquinas, tornos y limadores lo que le hoy le permite ayudar a su padre cuando lo necesita.
Hoy en día, con 20 años, Luis está estudiando en un terciario de Tres Isletas para recibirse de maestro, ya que su sueño es poder ejercer en la escuela de el "Quemadito", para poder volver así a sus raíces, a estar con su gente y para devolverle a su escuela todo lo que recibió. "Es una profesión que te exige enfrentarte a enseñar a los niños pero también es una posibilidad de un trabajo muy digno, y te permite una relación especial con las personas y las comunidades. Además creo que el enseñar también es una oportunidad para seguir aprendiendo", dice Luis, quien reconoce que el estudio le permite tener un futuro mejor y salir del círculo de las adversidades en las que viven.
"Mi aspiración es poder sacar adelante a mi familia y tratar de mejorar nuestra situación de vida. Mi papá va rotando de campo en campo en función de donde consiga trabajo, somos 8 hermanos y necesitamos de un ingreso fijo", asegura Luis, que cursa a la noche y durante el día aprovecha para hacer los trabajos prácticos.
Con respecto a los mayores impactos que tuvo la educación en su persona, Luis destaca que fue en la mente, el vocabulario, y en la manera de entender y comunicarse con los demás. "Lo único que quiero es poder seguir aprendiendo y algún día poder enseñar eso mismo a los demás. Ser grande en mi comunidad", concluye Luis.
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La Obra del Padre Mario Pantaleo, ubicada en González Catán, tiene una larga trayectoria en asistencia social pero también una amplia experiencia en el ámbito educativo. Hoy en día, son 320 los alumnos que reciben educación formal desde jardín de infantes hasta el nivel universitario. De hecho, el máximo indicador del éxito de su formación es que el 40% de sus egresados siguen estudios universitarios.
Además de una importante educación en valores, desde las instituciones se trabaja mucho en los contenidos nutricionales, en la mediación y resolución de conflictos, y en hábitos de buena convivencia y salud como como no tirar la basura, no fumar, la importancia de la vacunación, el respeto por el otro y la aceptación de las diferencias.
Matías Riveros puede dar fe de cómo incorporó todos estos hábitos ya que hizo todo su trayecto educativo en la Obra, desde los 3 años hasta que se recibió del terciario de la Tecnicatura de Administración de Empresas. De hecho, asegura que jamás fumó, que no toma alcohol y que nunca probó la marihuana.
Matías Riveros en uno de los vagones utilizados como aula en el Jardín de Infantes de la Obra del Padre Mario Pantaleo. 
"En mi casa siempre hablábamos en la cena de lo que habíamos aprendido durante el día en el colegio, de temas como tabaco, alcohol, basura o higiene. Lamentablemente hay muchísimos chicos de mi edad que no fueron a la escuela no porque no querían sino porque sus viejos no los mandaban", cuenta Matías, de 26 años, que actualmente trabaja en el sector administrativo del área educativa de la Obra, y agradece profundamente a sus padres el haberlo impulsado a seguir con sus estudios.
De hecho, ningún miembro de su familia terminó siquiera la secundaria y él está a sólo 2 años de terminar el profesorado de Matemáticas. Quizás por eso, él haya sido el que compró la primera computadora en su casa, el único que sabe inglés y el referente a consultar ante cualquier trámite que haya que hacer.
"La herramienta fundamental fue el haberme hecho persona, los valores y cómo defenderme contra el afuera. Además, gracias al estudio hoy trabajo en una oficina, sentado y con aire acondicionado", sostiene Matías, en contraposición a las labores del resto de los miembros de su familia: guardiacárcel, montaje de techos o ama de casa.
Mientras tanto, Matías disfruta de enseñarle a su madre a chatear por la computadora, de traducirles las páginas de Internet en inglés a sus hermanos o de ver que su hermana de 35 años quiera aprender inglés. "Me encantaría llegar a ser secretario de una escuela, en lo posible en la Obra. También tener mi familia, mi casa", dice Matías.
Marcela Romina Flores está convencida de que las herramientas para avanzar en el camino educativo están al alcance de todos, y que está en uno el querer aprovecharlas. Ella también hizo la primaria, la secundaria y la Tecnicatura en Administración de Empresas en la Obra y ahora está cursando la licenciatura.
Marcela Romina Flores, estudiante de Licenciatura de Administración de Empresas en la Obra del Padre Mario Pantaleo. 
Tiene 31 años, trabaja en la Secretaría del Area Educativa, haciendo la administración contable de todas las escuelas, y sus dos hijos también empezaron desde el jardín en la Obra. "A mis papás les costó mucho que nosotras pudiéramos estudiar. Mi papá es carnicero y sólo terminó la primaria y mi mamá la secundaria. Por suerte nunca nos faltó el abrigo, la comida o los libros. Ellos apostaron todo para que nosotras pudiéramos tener una vida mejor", dice Marcela, una de 6 hermanas.
De sus padres sostiene que aprendió muchísimo, en especial a valorar lo pequeño. Ahora gracias al estudio, puede también disfrutar de tener más herramientas y un trabajo fijo. "Cuando empecé a trabajar empecé a pagar las cuotas a mis hermanas para que pudieran estudiar", cuenta Marcela, convencida de que esa es la mejor apuesta para un futuro mejor.

Reflexiones en la Cumbre Wise 2011

"Las intervenciones educativas tienen efectos psicológicos, sociales y económicas", sostuvo John Vorhaus, director del Wider Benefits of Learning Centre, Institute of Education, University on London, en la Cumbre WISE 2011 organizada durante noviembre pasado por la Qatar Foundation, cuyo tema central fue "Cambiando Sociedades, Cambiando la Educación" y a la que asistieron más de 1300 participantes.
En el panel dedicado a "Los efectos sociales de la educación", Vorhaus explicó las conclusiones a las que arribaron desde el centro interdisciplinario que dirige, desde el cuál analizan la relación de la cantidad y calidad de la educación, con los índices de criminalidad, conductas y la participación ciudadana, entre otros.
"Las mujeres con educación son más propensas a cuidar de su salud y los que más estudian tienen una mayor expectativa de vida. A su vez, los chicos con menor educación son los que reciben más condenas por hechos violentos y actos de discriminación", sostuvo Vorhaus, mientras aseguraba que los padres más educados tienen más herramientas para criar a sus hijos y generar espacios de socialización.
En la misma línea, Koji Miyamoto, analista del Centre for Educational Research and Innovation de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD por sus siglas en inglés) que también integraba el panel, sostuvo que las personas educadas viven más tiempo, especialmente en los países desarrollados. Pero que además, tienen una propensión mayor a ayudar a extraños que necesitan ayuda y a sentirse satisfechos con su vida. Lo mismo sucede en términos de su participación ciudadana y la intención de voto.
"Es fundamental promover la concientización sobre el impacto substancial de la educación en los generadores de políticas públicas, además de expandir y apoyar la investigación en este tema", concluyó Miyamoto.

Las personas con mayor nivel educativo tienen...

Una mayor expectativa de vida
Una tendencia positiva a adquirir hábitos de higiene y de llevar una vida sana
Más herramientas para educar a sus hijos
Menos probabilidad de caer en el delito y de realizar actos de discriminación
Una tendencia a cuidar mejor de su salud
Una propensión mayor a ayudar a extraños y a participar en la vida ciudadana
LUIS AGUIRRE
20 años
Tres Isletas, Chaco
Estudiante de Profesorado de Nivel Primario
"El estudio te ayuda a poder desenvolverte en tu vida cotidiana y pensar en lo que viene"
MARCELA ROMINA FLORES
31 años
González Catán
Estudiante de Licenciatura en Administración de Empresas en la Obra del Padre Mario Pantaleo
"Mis padres apostaron todo para que nosotras pudiéramos estudiar"
MATIAS RIVEROS
26 años
gonzález catán
Estudiante de Profesorado de Matemáticas
"En casa siempre hablábamos en la cena de lo que habíamos aprendido durante el día en el colegio"
VANESA ROMERO
21 años
El Talar Tigre
Estudiante de Economía en la UBA
"Conocer te cambia la forma de pensar, te da una diversidad de opiniones sobre todos los temas y te permite defenderte del mundo"
CELINA DIAZ MELO
19 años
Lomas de Zamora
Estudiante de Comunicación Social en la Universidad Austral
"El saber te da el poder de decidir y fundamentar tus decisiones"

como colaborar

Educar 2050
www.educar2050.org.ar
Obra Padre Mario Pantaleo
padremario.org
Mujeres 2000
www.mujeres2000.org.ar

Los beneficios sociales de la escuela

xplicitar los beneficios sociales de la escuela podría ser una obviedad. Sin embargo, al desgranar los porqués de esa idea general, las razones podrían ser diversas. Esto no es algo malo sino que, por el contrario, habla de los muy diversos efectos en los que se espera la productividad de la escuela.
Quisiera saltarme un poco los lugares comunes acerca de que la escuela forma para el trabajo, para una ciudadanía activa y una participación en la cultura. Probablemente, la intervención más decisiva y exclusiva de la escuela -donde hace lo que no hacen otras instituciones- sea poner a disposición "horizontes" que permitan proyectarnos. Si no hay quién nos presente lo que existe mucho más allá de una comprensión inmediata, que nos brinde un relato que nos permita inscribirnos en un patrimonio anterior y que nos enseñe la noción de cambio -y con ella, la de futuro- la inclusión ciudadana no sería posible.
Su más significativo impacto está en ser una institución que muestre tesoros, que ponga en contacto con otros mundos: los del pasado, los del futuro, los de las ciencias, los de las lenguas, los de los sueños. Como decía el politólogo chileno Norbert Lechner, "imaginando otros mundos, se acaba por cambiar también a éste".
La escuela nació para resguardar y transmitir el saber en tanto éste se volvió más complejo; este es un rasgo que está en su propia esencia.
Simplificando, podríamos decir que hay dos modelos de "buena escuela": aquel que postula a la escuela como un centro social, preocupado por educar en ciertos valores y organizar la conducta para evitar la violencia y el conflicto en sociedades desiguales; y el que plantea a la escuela como un lugar de aprendizaje, estrictamente vinculado a la instrucción cognitiva, dominado por el saber experto y los recursos didácticos.
Saltando esa oposición, conviene recordar que también es un lugar en el que se aprende a vivir juntos y ello supone saberes específicos y vínculos con los otros.
Las intenciones más democráticas no pueden dejar de considerar que las sociedades son profundamente desiguales y que el conflicto es inherente a la sociedad misma. La democracia tiene que pensarse más como un movimiento, como una acción que tiende a mejorar las condiciones de participación y de igualdad de todos, y no necesariamente como un punto o sistema fijo.
Este no es, necesariamente, un propósito tradicional de la escuela, pero es una -sana- adaptación de la escuela a los tiempos que corren.
La autora es coordinadora del área de Educación de Flacso Argentina
lanacion.com