viernes, 23 de marzo de 2012

Con la vuelta a clase, los padres tienen cada vez más deberes


Que el cuaderno es azul con lunares verdes, que el chico sale más temprano toda la semana, que la adaptación en el jardín va a ser de un mes, y a no olvidarse de la reunión con la maestra el martes a las 11...
Hace 22 días que empezaron las clases, un alivio y orgullo para muchos padres, pero, a la vez, un momento traumático, porque resulta que ahora y cada vez más tienen que ser "participativos", lo que equivale a decir que la demanda escolar también recae sobre ellos. La tendencia cada vez más notoria de los colegios es que los padres son "protagonistas" de un calendario con actividades todo el año.
Y sigue: que el campamento de padres es el sábado, agendar el día de los abuelos, mentalizarse para actuar en los actos de fin de año y estar presentes en todas las clases "abiertas"...
"Mi madre me llevaba al colegio el primer día y me dejaba ahí hasta que terminaba; ahora son tres días de horarios recortados o cosas por el estilo en la primera semana, y si tenés más de un hijo en distintas salas tenés que hacer magia. ¡Y te cobran por todo eso!", contó Silvia Andrade madre de Tadeo, de cuatro años, y Mica, de seis. Es un tema del que se habla poco. No existen foros de discusión en Internet. Pero si, por ejemplo, se saca el asunto en una reunión de dos o tres padres en la puerta de la escuela pueden escucharse cosas como ésta: "Uno deja a su hijo en la escuela para que se eduque y, también, reconozcámoslo para disponer de tu vida; ahora te piden cada vez más cosas, te cobran la cuota de útiles para todo el año que no usan nunca y, además, te llenan el calendario de actividades". A esto hay que sumarle las labores típicas de ayudar con las tareas de los chicos y maniobrar con las inflacionarias cuotas mensuales o con los eventuales paros docentes en la escuela pública. Ni hablar de atender los grupos en Facebook o las cadenas de mail autogestionadas por padres y madres entusiastas.
En el caso de los chicos que concurren al jardín de infantes, la cosa es todavía más extravagante. La oferta de perfiles educativos, por lo menos, en la Capital Federal es amplísima. Hay jardines pequeños, medianos y grandes. Con "orientaciones" casi profesionales para los chiquilines de apenas dos años, matizados con inglés y computación. Las actividades extracurriculares (que se pagan aparte y son obligatorias) van de las artes combinadas, la danza, el fútbol, la natación, teatro, murga, circo, ajedrez, tejidos o jardinería. Cada una de estas actividades requiere, en algún momento, de la "participación" de los padres, con lo cual, el calendario se pone en rojo.
"¡Un mes de adaptación! Lo anoté tiempo completo y tengo que ir todos los días, estoy repodrida: aparte de un día para el otro te sacan al nene llore o no... ¿Qué cambió del primer día al día 30? ¿Creció de golpe...?", opinó Silvina Laurin, madre de Malena, de ocho años, y de Alvaro, de tres. "Existe además una sobreexigencia social para que los chicos hagan actividades todo el tiempo en las que hay que participar para no ser un padre medio chato o mala onda", agregó.
El esquema educativo en otros países implica un involucramiento en un nivel casi de contralor como en los Estados Unidos. Pero no es la norma. Tampoco es una moda en el interior argentino: es un fenómeno bien porteño.
"Te invitan a jugar con los chicos o a contar cuentos en un horario laboral... si decís que no podés, te sentís mal porque van todos los otros padres; es como que manejan la culpa", dijo Pablo Cantero, padre de Joaquín, que ya está en tercer grado. "La maestra se queda ahí mirando mientras vos intentás con tu poco carisma levantar la salita con un cuentito que saben de memoria", agregó, sobre los tiempos en que "Joaco" concurría al jardín de infantes.
A fin de año, los padres deben prepararse para las fiestas de cierre del ciclo lectivo que algunas instituciones aprovechan para hacer los pedidos más insólitos y realizar una exhibición de las bondades de la institución. "Debe traer un sombrero blanco de vaquero, pantalón blanco, chaleco blanco y camisa leñadora", pidieron el año pasado en un instituto porteño para la sala de cuatro años. Cuando ambos padres trabajan, una solicitud de estas características equivale casi a escalar el Aconcagua.

LOS QUE NO CORTARON
También el inicio del ciclo lectivo ayuda a los grupos familiares a reorganizar sus vidas, pautar horarios y, por qué no, preservar algunos momentos propios. El cambio de rutina este año empezó temprano en febrero para los que adeudaban alguna asignatura (llevarse materias a marzo no existe más). En este contexto, muchos padres todavía no lograron reponerse del otro período traumático (el de fin de año) que ya están en la nueva etapa (el del primer mes de clases).
"Los primeros días son un caos porque cuesta levantarse y salir corriendo; igual mi hijo se llevó materias, así que nunca descansamos porque estuvimos pendientes desde principios de febrero", dijo Mariana Lacoste, madre de Tomás, Nicolás y Ramiro (colegio San Juan El Precursor) y de Micaela (Santa Inés).
En algunos colegios encontraron alternativas a todo este enredo. Por ejemplo, se utiliza una especie de sitio en Internet donde aparece la agenda de actividades de todo el año. Así lo padres pueden organizar mejor sus vidas sin tener que entrar en pánico.
lanacion.com