sábado, 10 de marzo de 2012

Cada vez más mujeres estudian técnicas de defensa personal


Ese chico me venía jodiendo. Un día me empujó y me caí. Le metí una palanca en el tobillo y se fue al piso. No volvió a agredirme”. Así habla Gabriela Soto, de 36 años, luego de terminar una practica de Brazilian Jiu Jitsu, un deporte de autodefensa derivado de las artes marciales. Ella es una de las tantas mujeres que se están volcando a este tipo de disciplinas, no sólo por una cuestión deportiva, sino para defenderse de la violencia machista. Centros de instrucción de la Ciudad son escenario de este fenómeno incipiente que se dispara mientras las denuncias por agresiones masculinas crecen.
Clarín conversó con varias de esas mujeres y con instructores que reconocieron el auge de inscripciones. Recomiendan a las alumnas no dejarse humillar y estar alertas en la calle. Andrea del Valle, 26 años, aplicó ese principio frente a un chico que la quiso robar. “Yo estaba caminando, tenía un bolso. El empezó a caminar atrás mío e intentó encerrarme contra una pared. Le dije: ‘Soltame, no me toques, no te voy a dar nada’. Se fue caminando. Mi convicción me sorprendió a mí misma”, dice.
Mechi Barcia, 35 años, también practica artes marciales. Cuando se le habla de violencia de género dice: “Vivimos en una sociedad en la que la mujer es la figura débil. Es bueno aprender a defendernos”. Barcia explica que la baja autoestima es el comienzo del problema. “Se piensa ‘yo soy mujer, yo soy débil, yo no puedo’”, dice.
“Cuando una persona se siente segura, se nota. Si un hombre encuentra a una mujer que se planta, que no se queda paralizada por el miedo, no la podrá manejar tan fácilmente”, precisa Andrea. Lo primero que enseña el instructor Marcos Ríos en sus cursos de autodefensa es cómo pararse firme para no ser atrapado. Hay técnicas corporales para que la mujer pueda vencer. “La idea es que lo que hagan sea inhabilitante para que el adversario no siga atacando”, precisa.
Para Gabriela, lo más importante es saber liberarse de una posición de sumisión. “Una mujer puede estar en esa situación durante un intento de violación. Puede salir de eso con una palanca de brazo y una estrangulación”, dice. A Natalia Campone, que practica kickboxing, la autodefensa le enseñó a adquirir reflejos para esquivar. Según Joanna Orrico, estudiante de Jiu Jitsu, se trata de “poder usar la fuerza del otro, contra él mismo” y tener “más confianza y seguridad en general”.
Dardo Giménez, instructor de box, da clases a jóvenes como una forma de optimizar su rendimiento físico, con el fin de que puedan ser más resistentes ante una agresión. También les enseña a dar golpes y a defenderse. Marisol Sosa, una de sus alumnas, dice que entrenar con hombres es lo ideal para “aprender a ser más fuerte”.
clarin.com