lunes, 15 de agosto de 2011

Pequeños olvidos: ¿enfermedad de la memoria o poca atención?


Pararse frente a la heladera y pensar: ¿qué venía a buscar? O encontrarse con alguien y no recordar su nombre. O el famoso: “Lo tengo en la punta de la lengua”. Los olvidos frecuentes son una queja común a cualquier edad, especialmente a partir de los 30 o 40 años. Muchos temen lo peor –Mal de Alzheimer–, pero sólo aciertan en un 10 a 15 por ciento de las veces.
“La enfermedad de Alzheimer es rara antes de los 50 –tranquiliza a los más jóvenes el doctor Pablo Richly, jefe de la Clínica de la Memoria del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO)–. La mayoría de los olvidos en adultos jóvenes se vinculan a falta de atención, depresión, ansiedad y otros cuadros no relacionados con demencias”.
En muchos casos, ese olvido repentino puede ser un problema de concentración. “La información no se ‘pierde’, sino que podemos recordar con ciertas pistas el lugar donde apoyamos las llaves, por ejemplo”, aclara el especialista.
Estos olvidos “suelen ser más frecuentes si la demanda de atención es alta, tras períodos de actividad prolongados, fatiga física o mental, al hacer múltiples tareas a la vez o al ser interrumpido por distracciones”, señala la doctora Carolina Lomlomdjian, experta en neurología cognitiva del Hospital Universitario Austral, quien además explica que tanto la ansiedad como la depresión interfieren en la capacidad de mantener la atención, y en la habilidad de organizar los datos que se guardan en la mente.
La edad, la frecuencia y el objeto de los olvidos son los criterios que trazan la diferencia entre una distracción y una enfermedad. A partir de los 30 años es normal que la memoria empiece a deteriorarse y que se olviden algunos nombres, tareas o donde se guardan las cosas. No es común, en cambio, pasar por alto el nombre del cónyuge o la dirección de casa. 
Los despistes deben preocupar si se dan cuenta los otros y no nosotros, si se vuelven más frecuentes, o si dificultan la rutina diaria. 
La doctora Stella Diamanti, psiquiatra y directora del Centro Mulieris, donde funciona un taller para la memoria, propone un límite claro: “Ante olvidos frecuentes y progresivos durante al menos un año, hay que consultar con un especialista”. 
“Cuando los trastornos son más acentuados o están acompañados por otros síntomas neurológicos, es posible que se trate de Deterioro Cognitivo Leve”, indica Lomlomdjian. Es probable que este cuadro se convierta en demencia con el tiempo. Richly describe que en una fase tardía los olvidos obstaculizan las tareas cotidianas y que un 70% de las veces se deben a enfermedad de Alzheimer. 
“El diagnóstico precoz ayuda a controlar la evolución de la enfermedad y a un mejor tratamiento”, aporta Diamanti. En algunos casos, con medicamentos o rehabilitación se puede potenciar la memoria y frenar el daño.
Desde el hogar también se puede hacer mucho para desacelerar el envejecimiento natural de la mente y disminuir el riesgo de demencia: “Practicar actividad física regularmente, alimentarse bien, tratar los factores de riesgo cerebrovascular y mantener la mente activa”, enumera Richly, también director del curso de Neuropsiquiatría, Neurología Cognitiva y Demencias de la Universidad Favaloro.
Lomlomdjian recomienda a los más deportistas “hacer ejercicios aeróbicos tres veces por semana, al menos 30 minutos, y una actividad que exija coordinación: deportes con pelota, danzas o yoga”. Y para mantener la mente en forma aconseja aprender algo todos los días, resolver crucigramas y otros juegos.

Para estar mejor

Ejercicios simples para mantener ágil la mente.
Mire una película y explique la trama con sumo detalle a alguien que no la haya visto.
Haga las cuentas mentalmente en el supermercado y luego compárelas con el resultado que ofrezca la cajera.
Lávese los dientes con su mano menos hábil.
Cuando atienda el teléfono trate de reconocer al que llama antes de que se identifique. Luego, intente memorizarlo. Al final del día escriba todas las personas que lo llamaron.
Cuando entre en un cuarto lleno de gente trate de estimar rápidamente cuántas personas hay a su derecha y cuántas a su izquierda.

Lo que siempre se recuerda

Olvidar cómo andar en bicicleta es casi imposible. Para entenderlo, el doctor José Antonio Bueri, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Austral, explica que existen varios tipos de memoria, en primer lugar, de corto y de largo plazo. Lo que vemos, oímos, sentimos con el tacto y olemos se guarda, en general, en la memoria de corto plazo, no más de 20 segundos. Aquello que registramos por interés, necesidad o motivos emocionales va a la memoria de largo plazo. Esta se subdivide, a su vez, en las memorias declarativa y procedural. Cada una de ellas activa diferentes áreas del cerebro. “La memoria declarativa incluye la semántica –encargada de guardar nombres, letras de canciones–, y la episódica, que conserva hechos e historias”, expone el neurólogo.
La memoria procedural recuerda conocimientos como tocar instrumentos o manejar. Una vez aprendidos, estos procesos tejen conexiones imborrables entre las neuronas. “Se almacena en los genes. El cerebro corre ‘programas’ cuando es necesario y las neuronas dan la orden al sistema motor”, afirma Bueri. “A menos que haya una enfermedad, no hay manera de olvidarse cómo andar en bici”, concluye.
clarin.com