sábado, 27 de agosto de 2011

La psicología, un arma para entender la crisis económica


La economía global está atravesando un ciclo de agudas transformaciones estructurales y éste es el motivo profundo que explica el estallido de la Gran Recesión en 2008 y su persistencia hasta estos días, en los que e stán saltando por el aire muchos de los modelos explicativos que tradicionalmente han utilizado los economistas.
Tres premios Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, Edward Prescott y Edmund Phelps, se dedicaron ayer en el foro de Lindau a analizar la coyuntura a la luz de nuevos razonamientos, que incorporan conceptos de la sociología política, la psicología y el impacto de los cambios tecnológicos al debate actual sobre la crisis.
Stiglitz y Prescott coincidieron en señalar que la macroeconomía ha fracasado: en los modelos tradicionales, las burbujas no existen y los shocks no tienen importancia, todo lo que se necesita es que la inflación sea moderada y, entonces, el crecimiento y la estabilidad vendrán por sí solos. Pero los agentes económicos no son racionales y por eso las teorías tienen que sofisticarse incorporando la psicología de los consumidores e inversionistas , en la que la creencia en lo que va a ocurrir, termina ocurriendo.
“Todos los modelos clásicos son simplificaciones. El problema es que son simplificaciones equivocadas”, dijo Stiglitz. “La mano invisible del mercado parece invisible porque no existe”. La crisis actual presenta grandes analogías con la Gran Depresión, según el economista. “En el Siglo XIX la agricultura experimentó una gran transformación. Hoy ocurre lo mismo con la manufactura, la capacidad de absorber mano de obra es limitada. La gente tiene que moverse fuera de la manufactura”, explicó.
Según Prescott, hoy se está verificando un gran movimiento de trabajadores y de inversiones hacia la producción de capital intangible (como las bases de datos, el software y las comunicaciones) que están transformando el escenario empresarial en Estados Unidos. Citó el caso de Apple, la empresa fundada hace 30 años por Steve Jobs, que se acaba de retirar, y que recientemente superó en valor bursátil a colosos como la petrolera Exxon, representativa de la economía industrial de buena parte del Siglo XX.
Estos shocks de productividad son persistentes y están teniendo un efecto más pronunciado de lo que se pensaba, sobre todo en las decisiones acerca de cómo se distribuye la inversión en los distintos países en esta etapa de la globalización. Dio un ejemplo contundente: “El 50% de las ganancias de las corporaciones estadounidenses vienen de sus subsidiarias del exterior, pero éstas representan apenas el 10% de la inversión. La explicación es que las fuertes inversiones en el país de origen reducen las ganancias contables”.
Stiglitz profundizó en el análisis del cambio tecnológico, observando que éste siempre provoca fuertes redistribuciones de ingresos entre los sectores favorecidos y los desfavorecidos, o “atrapados”, por las transformaciones.
Por el cambio tecnológico, la producción crece mucho más que la demanda y entonces las empresas acumulan stocks que no pueden vender, lo que eventualmente lleva a una paralización de la producción y una recesión. El desafío para los gobiernos es ahora aplicar políticas estructurales, concluyó Stiglitz, “las mismas que le permitieron al mundo salir de la Gran Depresión”.
clarin.com