lunes, 29 de agosto de 2011

Una técnica budista que apunta a reducir el estrés y la ansiedad


De qué se dieron cuenta esta semana?”, pregunta Clara Badino para empezar la clase de Mindfulness. Los alumnos, sentados sobre colchonetas en el piso, confiesan que les costó conectarse con sus pensamientos y emociones: el ruido, las distracciones y las urgencias muchas veces lo impiden. “Vivimos en piloto automático”, asegura Badino, directora general de la asociación Visión Clara. Manejamos, comemos, trabajamos, nos bañamos, pero la mente se escapa del aquí y ahora, vagabundea entre recuerdos y proyectos, explica.
Enlazar cuerpo y mente en el presente es el primer objetivo del Mindfulness o “atención plena”, una corriente budista que combina meditación y concentración, para “observarse a uno mismo y conectarse con las emociones”, define María Noel Anchorena, psicóloga y directora de la Sociedad Mindfulness y Salud.
En línea con la psicología cognitiva, busca tomar conciencia de las percepciones sobre la realidad, y las emociones o sensaciones positivas y negativas que estas producen. “Tenemos automatismos, reacciones no conscientes ante situaciones. La técnica apunta a darse cuenta para cambiarlo”, resume Badino.
Por esto, el Mindfulness está especialmente recomendado para quienes sufren ansiedad. “Uno empieza a cambiar la mirada y cambia la relación con el objeto que producía estrés”, detalla Anchorena. A las clases también asisten personas con impulsividad, adicciones, dolor crónico o enfermedades difíciles de asumir. Badino afirma que el Mindfulness las ayuda a aceptar “aquello que no pueden cambiar”. “Contribuye a cultivar la paciencia, a percibir la incomodidad, desarrollar la capacidad de transitarla y aumentar la tolerancia”, agrega.
Gracias a los avances de la neurociencia, se sabe que el Mindfulness activa “zonas cerebrales relacionadas con las emociones positivas, el sistema inmune y la memoria, y disminuye la actividad de la amígdala, encargada de la reacción de estrés-ansiedad”, explica Martín Reynoso, responsable del Área de Psicología de Visión Clara y miembro del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).
Las clases son semanales, de dos horas, y se asignan ejercicios para el hogar. El entrenamiento es fundamental para “reeducar” el cerebro y que los momentos de atención plena sean más frecuentes.
Al final del taller, Badino indica ejercicios de flexibilidad acompañados por respiraciones profundas. La consigna es captar sensaciones: las manos al frotar el cuero cabelludo, el roce de los pies en la alfombra. Dirigir la mente hacia un punto del cuerpo y mantenerla ahí. No es fácil, ni siquiera para los expertos. “No es que uno practica Mindfulness y la mente planta bandera en el presente, pero el entrenamiento ayuda a darse cuenta de los automatismos para eliminarlos más rápidamente”, concluye Anchorena.
clarin.com