miércoles, 30 de noviembre de 2011

Los cuatro jinetes de los efectos secundarios


El 67% de los ingresos por urgencias debidos a los efectos secundarios de los fármacos se debe a sólo cuatro drogas. Dos de ellas tienen que ver con la prevención de los trombos sanguíneos, las dos restantes con el tratamiento de la diabetes.
De acuerdo con un estudio publicado en el último número del 'New England Journal of Medicine', a la warfarina (un anticoagulante), los antiplaquetarios, como el copidogler y la Aspirina, la insulina y los antidiabéticos orales se les puede considerar como los cuatro jinetes de las complicaciones provocadas por fármacos.
Ésta es una información valiosa que obligará a los médicos a hacer más hincapié con sus enfermos para que estos sean a su vez más cuidadosos cuando tengan que consumir estos medicamentos.
Porque, por otra parte, son fármacos fundamentales y de uso muy común, teniendo en cuenta la pandemia de aterosclerosis y diabetes que asola a medio mundo. Sin embargo, son productos con un margen estrecho entre su efectividad y su riesgo. Requieren estar muy atentos siempre, saber qué es lo que puede interferir con su metabolismo y vigilar periódicamente parámetros sanguíneos personales para ajustar las dosis con frecuencia.
Los efectos secundarios de los fármacos son también una pandemia seria. Causan un número elevado de ingresos por urgencias. Las complicaciones de los mismos tienen, por otra parte, un coste formidable.
Por eso es necesario hacer mucha pedagogía con los enfermos crónicos e inculcarles la necesidad de que sean cuidadosos con el uso de los medicamentos.
Diagnosticar con certeza para luego recetar los productos necesarios forma parte de la esencia del buen quehacer médico. Pero tan importante como esos cometidos es asegurarse -hasta donde se pueda- de que el paciente comprende los cuidados que tiene que tener con lo que se receta. Es la única forma de minimizar los riesgos de efectos secundarios.
Para ello, hacen falta habilidades en comunicación (algo que no se enseña ni en la carrera ni en el posgrado) y sobre todo tiempo suficiente para poder hablar el paciente.
elmundo.es