martes, 22 de noviembre de 2011

Una buena autoestima es clave para ser exitosos en el día a día

APRENDER A MIRARSE. HAY QUE ACEPTARSE TAL COMO UNO ES Y EVALUAR NUESTRAS HABILIDADES Y LIMITACIONES.
La autoestima es una autovaloración que realizan todos los seres humanos en relación a los pensamientos, sentimientos y acciones que llevan a cabo, análisis que influirá en las acciones sociales y en los proyectos. Se alimenta también del reconocimiento social, así como de los logros y éxitos de cada persona en particular.
Los expertos sostienen que quienes piensan bien de sí mismos generalmente se encuentran satisfechos y disfrutan de sus posiciones en la vida. Una mirada introspectiva sobre uno mismo es esencial para obtener resultados positivos.
¿Quién soy? ¿Cuáles son mis cualidades? ¿De qué soy capaz? ¿Cuáles son mis éxitos y mis fracasos, mis habilidades y mis limitaciones? ¿Cuánto valgo para mí y para la gente que me importa? ¿Merezco el amor de los demás o siento que no puedo ser valorado? ¿Qué puedo hacer por mí mismo? Estos son algunos de los interrogantes que conviene realizar para tener más en claro qué rol cumple la autoestima en cada uno.
“Esa mirada-juicio sobre uno mismo es vital. Cuando es positiva, permite actuar con aplomo, sentirse a gusto consigo mismo, enfrentar dificultades. Cuando es negativa, engendra sufrimientos y molestias que afectan la vida cotidiana”, sostiene Luis Hornstein, psicoanalista y presidente de la Fundación para el Estudio de la Depresión. Y agrega: “La autoestima es sentirnos competentes para enfrentarnos a los desafíos y creernos merecedores de recompensa. Contiene varios aspectos: confianza en nuestra capacidad de pensar y tomar decisiones adecuadas, y convicción en nuestro derecho a ser reconocidos por los demás y por nosotros mismos. La autoestima facilita la acción: la acción alienta, modela y construye la autoestima. Junto a las relaciones afectivas y a los proyectos es uno de los grandes nutrientes”.
Los niveles de autoestima no permanecen siempre iguales, sino que sufren fluctuaciones ligadas a los estados psicológicos, y a las circunstancias de la vida. “Una buena autoestima nos permite hacer frente a las situaciones de nuestra vida personal o laboral, y nos ayuda a recuperarnos de nuestras caídas con mayor rapidez. Por el contrario, un déficit de autoestima nos lleva a buscar amparo en lo que ya conocemos y nos resulta fácil. Se elige permanecer en el mismo lugar, donde no se es feliz, pero se está cómodo”, puntualiza la licenciada en Psicología Claudia Erlich, del centro de estudios del estrés y la ansiedad Hémera.
“Nos percibimos a nosotros mismos de acuerdo al sentido que le adjudicamos a la mirada del otro, que nos refleja, al modo de un espejo. Nuestra imagen de nosotros mismos depende de cómo nos veamos reflejados en el semejante, de cómo interpretemos lo que la mirada del otro nos devuelve. Hay una ida y vuelta permanente con esa mirada que desciframos de una u otra manera, y según esa lectura regulamos las relaciones interpersonales. El reconocimiento del otro es esencial en la construcción de la personalidad psíquica”, apunta la licenciada en Psicología Lila Isacovich, de la Fundación Buenos Aires.
Las personas con una autoestima alta, generalmente tienen una actitud audaz, toman más iniciativa, buscan el desafío, son positivas, establecen metas realistas e instituyen relaciones armoniosas. En cambio, quienes poseen una autoestima baja proponen objetivos no realistas, establecen relaciones competitivas, tienden a compararse, son pesimistas y buscan la aprobación de los demás.

Una construcción desde la infancia

Varios estudios muestran que la forma en que los padres tratan a sus hijos tiene consecuencias profundas en su autoestima. También las tiene el modo en que los progenitores se tratan entre sí.
“Un niño cuyos pensamientos y sentimientos son tomados en cuenta aprende a aceptarse a sí mismo. Los niños están muy atentos a las comparaciones sociales. Son capaces de clasificar a sus compañeros en distintos campos (belleza, popularidad, rendimiento escolar), de colocarse a sí mismos en esa clasificación y sacar sus conclusiones. Las fuentes principales de esos juicios son sus padres, sus maestros, sus pares. Cuando estas fuentes le brindan reconocimiento, consolidan su autoestima”, explica Luis Hornstein, autor del libro “Autoestima e identidad: narcisismo y valores sociales”.
“La opinión sobre uno mismo se va cimentando desde la infancia y refleja lo que creemos que los otros piensan de nosotros, en particular, los otros más significativos, aquéllos que forjaron nuestra imagen. De allí que se imponga revisar esa relación para intentar separar lo actual de lo pasado, lo que ellos quisieron y lo que uno quiere”, agrega la licenciada Isacovich.
clarin.com