sábado, 26 de noviembre de 2011

Surfear un volcán, lo último en turismo de aventura

El volcán Cerro Negro, en Nicaragua, ha entrado en erupción 23 veces en el último siglo, enterrando casas, cultivos y personas con su lava y cenizas. Pero la amenazadora montaña negra se está convirtiendo últimamente en un atractivo turístico, gracias al invento de un nuevo deporte extremo: el “volcano boarding” o surf volcánico.

Miles de personas ávidas de nuevos desafíos ya han subido a la cima del Cerro Negro, se han asomado a su cráter y después han “surfeado” por su rocosa ladera de 41 grados en tablas rudimentarias.

El récord de velocidad en esta modalidad deportiva lo ostenta una mujer israelí: 86,9 kilómetros por hora.

“El subidón de adrenalina que da bajar por un volcán en activo es algo que a la gente le encanta”, asegura Anthony Alcalde, experto en surf volcánico y guía turístico.

Este deporte fue desarrollado por Darryn Webb, el australiano dueño del hotel Big Foot, en la ciudad nicaragüense de León. Webb, aficionado a subir al Cerro Negro, quería encontrar una manera más rápida de bajarlo. Así que intentó a deslizarse colina abajo en tablas de surf, tablas de snow, colchones e incluso en la puerta de una nevera, antes de inventar una especie de trineo hecho de contrachapado y una tira de Formica en la base.


El plan inicial de Darryn era utilizar una tabla de snow”, asegura Gemma Cope, la británica que gestiona el Big Foot, desde donde se organizan excursiones para hacer surf volcánico. “Pero se dio cuenta que no podía abrirse camino en la montaña. Es muy pedregosa. Así que ideó esta opción de ir reclinado, con la que se puede bajar realmente muy rápido”.

Los turistas, casi todos ellos extranjeros, pagan 28 dólares por la experiencia, que comienza con un viaje en camioneta por carreteras sin asfaltar desde León a Cerro Negro, un volcán cónico de 731 metros de altitud que entró en erupción por última vez en 1999. (Un sistema de alertas tempranas alertaría a la gente que está en la montaña si se detecta una actividad fuera de lo normal).

Los participantes tienen que transportar sus tablas a cuestas durante la media hora que dura la caminata hasta la cima. Allí, se colocan unas gafas protectoras de plástico y unos monos de color naranja, y se lanzan sobre la tabla-trineo colina abajo. El artilugio no se puede guiar, y para frenar se utilizan los pies.

Durante el camino, la tabla se llena de rocas y polvo, dejando prácticamente sin visibilidad a los deportistas. Los choques entre ellos son habituales.

“Me tuve que limpiar dos veces y se me rompieron los pantalones”, dice Melinda Vorisek, una turista de
Miami. “Pero lo volvería a hacer”.

Una turista australiana añade que fue “realmente terrorífico. Comí polvo. ¿Pero cuántas personas pueden decir que se han lanzado por un volcán abajo?”
Ha habido unos cuantos heridos en esta práctica, pero nada demasiado serio hasta el momento.

Un turista que lo ha practicado habla del tema de la seguridad en un blog: “Mi pregunta estúpida favorita la hizo un irlandés preocupado, que preguntó si había que firmar algún documento de exención de responsabilidad civil. No, le contestó Darryn. No es su culpa si somos lo suficientemente idiotas como pagarle 20 dólares para tirarnos colina abajo por un volcán”.

Debido a sus caminos despejados y ángulos pronunciados, el Cerro Negro atrae desde hace mucho tiempo a los fanáticos de los deportes extremos.

El francés Eric Barone, “el Barón Rojo”, estableció el récord mundial de velocidad en bicicleta sobre tierra en Cerro Negro. Alcanzó los 172 kilómetros por hora antes de que su bicicleta de montaña de fibra de carbono se rompiese en dos, lanzándole por los aires. Se rompió cinco costillas, se dislocó un hombro y se rompió músculos de las manos, pero finalmente se recuperó de sus heridas.

Otro aventurero bajó por el Cerro Negro en un “mankini” tipo Borat.

Nicaragua, el segundo país más pobre en el hemisferio después de
Haití, acepta de buen grado todo tipo de turismo, por muy peculiar que sea.

El turismo ha tardado en afianzarse en el país. En 1972 un terremoto destrozó gran parte de Managua, la capital. Y en la década de 1980 el país se hundió entre el embargo económico de
EEUU y la guerra civil entre el gobierno marxista sandinista y la Contra, respaldada por los estadounidenses.

Ahora, sin embargo, el país vive tiempos de paz y el número de visitantes extranjeros va en aumento, superando por primera vez el millón de turistas el año pasado. Nicaragua tiene una arquitectura colonial muy bien conservada en ciudades como León y Granada, y playas cristalinas en el Pacífico, así como excelentes condiciones para surfear. Además, está mucho menos llena de turismo que destinos populares cercanos como
Costa Rica.

Si bien el gobierno se mostraba al inicio escéptico y no quería incluir el surf volcánico en su lista de atractivos, las autoridades han comenzado a darle apoyo y ahora es un gancho importante para algunos turistas aventureros.

Más de 17.000 turistas se han lanzado por el Cerro Negro hasta la fecha. Y muchos de ellos han viajado a Nicaragua atraídos por esa posibilidad.
“Buscamos en internet dónde hacer surf volcánico”, admite Vorisek, de Miami. “Básicamente planificamos todo nuestro viaje en torno a esto”.
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