miércoles, 30 de noviembre de 2011

Al menos 237 mujeres murieron por violencia doméstica en 2011


Por estos días La Plata vive el horror: un asesino atacó a cuatro mujeres a mansalva, con un palo y cuchillos. Las víctimas fueron la dueña de casa, Susana de Bártoli, de 63 años; su hija Bárbara Santos, de 29; la hija de ésta, Micaela, de 11, y Marisol Pereyra, de 30, una amiga de Bárbara que justo estaba en la casa de La Loma, el barrio residencial del casco urbano platense donde ocurrió todo. La principal hipótesis es que las mató el ex novio de Bárbara, Osvaldo Martínez, de 27 años, que está detenido.
Este no es un caso aislado. Al menos una mujer fue asesinada cada 30 horas en los primeros diez meses del año, lo que supone que en 2011 hubo 237 víctimas, según un informe sobre violencia de género elaborado por el Observatorio de Femicidios Adriana Zambrano, de la ONG Casa del Encuentro.
De acuerdo con el informe, el fenómeno alcanza a todos los niveles sociales y la cifra de 237 víctimas es un 10% mayor que la registrada el año pasado. Estos datos se elaboran en función de los casos que tienen presencia en los medios: se relevan las agencias informativas Télam y DyN y 120 diarios de distribución nacional y/o provincial así, como el seguimiento de cada caso en los medios.
"El término femicidio es político, es la denuncia a la naturalización de la sociedad hacia la violencia sexista", señala el documento elaborado por la ONG. "El femicidio es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad".
Desde el área de investigación de la asociación civil "La Casa del Encuentro", desarrollan el término femicidio "vinculado", partiendo del análisis de las acciones del femicida, para consumar su fin: matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce la dominación.
En esta definición se registran dos categorías:
- Personas que fueron asesinadas por el femicida, al intentar impedir el femicidio o que quedaron atrapadas "en la línea de fuego".
- Personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer, que fueron asesinadas por el femicida con el objeto de castigar y destruir psíquicamente a la mujer a quien consideran de su propiedad.

Las víctimas colaterales del femicidio

"Belén, Juana, Romina, son hermanas, tienen pocos años pero muchas, muchas noches de miedo vividas juntas. De la mano en un rincón de su cuarto tapándose los oídos unas a otras. Romina, con años de experiencia despliega su dolorosa sabiduría, intenta calmar a sus hermanas inventando cuentos. Afuera el infierno de todos los días, los gritos, los insultos, las corridas. Otra noche más de golpes, que nunca entenderán. Mañana despertarán y habrá muchas cosas rotas. 'Ya va a pasar, papá está cansado, está de mal humor, tomó mucho vino y no sabe lo que hace', Romina repite prolijamente los argumentos de mamá, los que ya escuchó mil veces, los que oirá mañana. No hay caso, no logra calmar a su hermanita, tampoco ella misma puede. Y los gritos no paran, y mamá pidiendo por favor. 'Ojalá se le ocurriera sacarnos en pijama en el medio de la noche como tantas veces y llevarnos a lo de la vecina, pero no.'
De pronto el silencio, ya no más gritos, mamá no llora, sólo el ruido de la puerta. Belén está dormida, Juana se acomoda y Romina se duerme mirando a sus hermanas".
Así comienza Crónica de una orfandad anunciada , un informe de las especialistas Silvia Lommi, Norma Stola y Ada Beatriz Rico de "La Casa del Encuentro", una ONG que se ocupa del femicidio.
Según este registro, en los primeros diez meses de este año se produjeron 237 femicidios de mujeres y niñas y 283 hijas e hijos fueron víctimas colaterales del femicidio (174 hija/os menores, 42 adultas/os y en 67 casos no se registra sexo y edad)

El día después

"Tras propinar una feroz golpiza a su mujer le dio muerte ahorcándola con sus propias manos. El hecho ocurrió en la cocina de la vivienda familiar mientras que en la habitación contigua dormían sus tres hijas menores de 4, 8 y 10 años. El cadáver de la mujer fue hallado a la madrugada por personal policial que acudió al domicilio tras haber sido alertados por una vecina de la familia. El asesino se entregó horas mas tarde y quedó a disposición del juez.
Las historias se repiten, cambiando los nombres, las edades, los lugares. El femicidio es el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como en el espacio público.
Los hijos e hijas de estas mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas son las víctimas más vulnerables, las más olvidadas y las menos visibles de la violencia de género. Niños, niñas y adolescentes, que no pueden hacer otra cosa que soportar la violencia, finalmente se encuentran con la cruel realidad de no tener a su mamá porque fue asesinada por ese hombre que puede ser el padre, o el compañero de su madre".
Este informe testimonial habla del impacto psicoemocional y sus consecuencias. Algunos de sus múltiples efectos se evidencian en el área emocional, tales como la dificultad en el control de expresiones de agresión, sentimiento de indefensión e impotencia y miedo; en lo social se dificulta la comunicación y el establecimiento de vínculos estrechos; en lo cognitivo, se presentan dificultades en la atención y concentración.
"Sus vidas se modifican, se afecta su escolaridad, sus relaciones de amistad y familia. En muchos casos deben abandonar su hogar, pierden amistades y renuncian a sus pertenencias y espacios cotidianos".
A partir de esta realidad, las autoras señalan la necesidad de implementar medidas para contemplar a estas víctimas. "El Estado deberá garantizar a los y las menores, los medios necesarios para continuar con sus estudios, acceder a atención médica y psicológica y cubrir sus necesidades básicas", concluyen.

La indefensión legal

Según explicita este informe, en un asesinato de una mujer por violencia sexista, el padre de las y los menores y autor del asesinato no pierde la patria potestad, sólo se interrumpe hasta su libertad y la guarda puede ser definida por él.
"Si analizamos las sentencias que salen publicadas en medios de comunicación por violencia de género, la condena promedio que recibe el agresor es de 12 años y, al cumplimiento de la misma, tiene todos los derechos legales sobre sus hijas e hijos, hasta que cumplan la mayoría de edad. Por lo tanto, hay menores en orfandad cuya educación está a cargo del asesino de su madre, por este motivo muchas veces las familias de la víctima deben comenzar un juicio por tenencia", apunta.
"Por esto es imprescindible la incorporación de la figura de Femicidio al Código Penal como una figura penal autónoma, para que el accionar del femicida reciba una condena de prisión perpetua. Pero también sería necesaria una modificación al Código para que el femicida pierda automáticamente la patria potestad de los y las hijas de la mujer que asesinó, y sería importante la posibilidad de contemplar que la misma se haga extensiva a otros/as que tuviera con otra mujer teniendo en cuenta la gravedad y las características del delito y con el fin de preservar el vínculo entre hermanos y hermanas".
Así, estos cambios en los marcos jurídicos permitirían condenar efectivamente los crímenes por violencia de género y eliminarían los vacíos legales que dejan en la mayor desprotección a cientos de menores.

El celo y el goce de la fiera

¿Puede el odio de un hombre desparramarse de tal manera que termine masacrando la vida de cuatro mujeres, incluida una niña de 11 años? Antes de conocer lo que hizo la fiera de la calle 28 hubiéramos contestado negativamente. La empatía, el juzgar como si fuese el otro, nos impide acceder a la lógica de un asesino de esta magnitud.
El celo, ese sentimiento inadecuado de propiedad, aún en sus variantes más ríspidas y delirantes, no alcanza para justificar esas cuatro muertes.
El celoso psicótico iría tras su objeto específico, la novia, y buscaría la ocasión para eliminarla sin involucrar a otros, excepto al amante.
No fue así. La emoción violenta implica toparse con una situación sorpresiva y altamente negativa para los afectos del homicida, de tal forma que obnubila la inteligencia y desencadena movimientos casi automáticos en la persona sumida en una especie de estupor y furia; no hubiese habido una clara conciencia como para resolver el problema que se le presentó cuando una amiga de la novia llega a la casa guiada por un remís, ni para hablar con el chofer y decirle que se fuera sin despertar sus sospechas.
Un psicótico, un loco, alguien que está fuera de la realidad, no hubiese tenido la perspicacia de este último acto. Aquí participó una amalgama de vivencias y circunstancias en una personalidad atípica, psicopática.
Por una parte, el asesino se sentía dueño de su novia, pero no en el sentido de los celos, sino en el de considerarla una "cosa" de su propiedad, con el desmerecimiento de la persona que ello implica.
A esto se suma el resentimiento propio de este tipo de pareja que transcurre en constante tensión y la frustración por no lograr el control total de su novia, que se disponía a salir con su amiga.
La frustración, en el psicópata, produce una perturbación que lo desorganiza y lo hace muy vulnerable o muy peligroso. En este caso, lo convirtió en un ser que decidió eliminar vertiginosamente a los factores, las "cosas", esas mujeres que se oponían a sus propósitos de control y poder sobre su novia. El acto de la masacre en sí, por lo que se muestra, constituyó el resultado de la descarga de adrenalina que significa ejercer el máximo poder sobre el otro: matarlo.
Y matarlo con la intimidad que da un cuchillo o un objeto contundente. Se movió con precisión, con rapidez, con eficacia, con la soltura de un sueño largamente pergeñado, con el goce de una fiera que baña con sangre sus garras en un alarido letal.
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