sábado, 26 de noviembre de 2011

Occidente se lava las manos ante las autoinmolaciones tibetanas para no ofender a China

El exilio tibetano advierte de más inmolaciones de monjes si China no rectifica
Ésta es la segunda parte de la entrevista al profesor Robert Barnett sobre las autoinmolaciones en el Tíbet. Lee aquí la primera parte este artículo, que se centra en la respuesta que da el Dalai Lama sobre las auto-inmolaciones.

Al menos 11 monjes y monjas se han prendido fuego a lo bonzo este año para protestar contra las políticas represivas de China en su tierra natal. 
¿Es una forma efectiva de protesta? ¿Cambiará China sus políticas?


No es probable, si no hay una presión clara y coherente en la escena internacional, argumenta el profesor Robert Barnett, director de estudios modernos tibetanos en la Universidad de Columbia.

"No estamos viendo señales fuertes provenientes de las principales potencias occidentales. Tenemos que encontrar una manera de articular estos temas sin dar la impresión de imponérselos a China", apunta Barnett.

Barnett opina acerca de qué países serían más adecuados para tratar con China, por qué los cambios que hace China no llaman necesariamente la atención, y si se centrarse en lo que está pasando en el interior del Tíbet podría en realidad estar causando algún tipo de daño.

¿Qué pueden o deben hacer otros países con respecto al Tíbet?


Básicamente, China asume que debería impulsar sus objetivos hasta que encuentre resistencia. Debido a que se ve a sí misma ejerciendo un papel histórico de crecimiento y de recuperación en un  ambiente hostil, su estrategia básica consiste en alcanzar sus objetivos estratégicos hasta que sus competidores le impidan ir más lejos - un modo que es típico de una nación que en este momento está en su arco de crecimiento.

Esto significa que otros países necesitan mantener definiciones excepcionalmente claras de lo que deben tener en cuenta en función de sus intereses, y eso incluye temas de derechos y responsabilidades.

Eso es fácil cuando se trata de asuntos externos, donde los chinos reconocen que todos tenemos un papel y unos intereses, pero todos tenemos que encontrar la manera hábil y eficaz de explicar por qué debería haber también limitaciones a la acción de China cuando se trata de asuntos que están convencidos de que son internos, como el Tíbet, Taiwán, Xinjiang, y a veces incluso el Mar del Sur de China.

Pero es difícil, porque estos temas son muy sensibles y complejos, cuando hay varios jugadores internacionales involucrados.

También tenemos que pensar en cómo se entiende en China el lenguaje diplomático. Por ejemplo, los aspectos simbólicos y ceremoniales de la
diplomacia se ven en Pekín como mucho más importantes de lo que lo son en Occidente.

China sabe que si un presidente de
EEUU se reúne con el Dalai Lama, y si lo hace en un sitio público o privado, podría ocultar un cambio estratégico más profundo.

Más importante aún, los diplomáticos chinos leen cuidadosamente los signos de la atención diplomática. El silencio es muy elocuente - si planteas una cuestión y luego no vuelves a mencionarla, lo toman como una concesión.

Si incluso moderas un poco el lenguaje que utilizas para referirte a ello, es visto como una gran concesión. Dar marcha atrás es una señal importante, por lo que los occidentales tienen que aprender que en algunas cuestiones deben mantener una práctica de reafirmación de su posición de principios que se repita y sea constante. Aburrido pero importante.

China es una potencia mundial, pero todavía parece muy sensible a las percepciones que tiene el
mundo respecto a sus políticas. Esto no quiere decir que otros países deberían ser insultantes o agresivos hacia China. Lo que significa es que los gobiernos occidentales tienen que ser mucho más claros y consistentes al enunciar cuáles son sus preocupaciones, y explicar por qué tienen algún derecho o interés de hablar sobre temas internos.

¿Percibe si están haciendo esto los gobiernos occidentales?

Ha habido un colapso total en la coherencia de políticas en el bloque occidental en términos de saber cómo responder a la firme y moderna habilidad diplomática de China. En Europa, es un siniestro total. Son fáciles de dividir, ya que son numerosos, y por lo tanto tienen miedo de ofender a China.

Llevan años oyendo a China decir: “Si me critican, no voy a comprar su próximo Airbus” y no han logrado encontrar una forma de hacer frente a esa estrategia. Es como ver a alguien tirar billetes de dólar - o, más bien, billetes de euros - a una multitud.

Los gestos más interesantes proceden de países de Escandinavia y Europa del Este, en este último caso probablemente debido a que entienden las tradiciones leninistas de la diplomacia.

No estamos viendo señales fuertes provenientes de las principales potencias occidentales. Tenemos que encontrar una manera de articular estos temas sin dar la impresión de imponérselos a China.

¿Vislumbra algún cambio en el futuro cercano?


En realidad, los chinos han hecho algunos micro-cambios en sus políticas en el Tíbet como resultado de la presión de dentro y de fuera, pero son tan pequeños que la mayoría de los especialistas ni siquiera los mencionan.

Por ejemplo, el nuevo secretario del partido en
Lhasa consiguió el mes pasado que  casi todos los graduados universitarios tibetanos tengan un puesto de trabajo. Esta semana ha dicho que todos los monjes - por supuesto, se refiere exclusivamente a los pocos que  reconocen oficialmente-  - tendrán las jubilaciones y pensiones mínimas. Ahora están sin duda invirtiendo dinero en la zona, sobre todo  en los pueblos, y aunque los efectos de esto son muy disputados, esto muestra un cierto apremio en la respuesta.

Podemos ser escépticos, y debemos serlo hasta cierto punto - los métodos de la modernización china en el Tíbet y en otras partes son apresurados, algo manipuladores, de arriba hacia abajo y así sucesivamente. Esa es nuestra responsabilidad en una situación en la que a un pueblo no se le permite hablar.

Sin embargo, estos movimientos son una prueba de principios: indican que la presión funciona. Eso no quiere decir por supuesto que todos los tipos de presión funcionen y que la presión interior es mucho más importante que la exterior. Pero revela que un equilibrio hábil entre los dos puede en ocasiones llamar más la atención.

¿Podría haber cambios significativos?

Tal vez se podría cambiar hasta cierto punto la forma en la que el Tíbet está a cargo de los chinos. La pregunta es si los cambios que vendrán serán suficientes. Es muy dudoso, dado el conservadurismo extremo de los actuales dirigentes. Sin embargo, cuando se vive bajo una autocracia, a veces los pequeños cambios pueden marcar una diferencia mucho mayor de lo esperado para la gente que vive allí.

Y nunca se sabe a lo que podría conducir - que es también por qué los chinos tienen tanto miedo de hacerlos. No me refiero a la independencia, sino una sociedad civil en el más amplio sentido de la palabra.

Pero hay cambios que tienen lugar de una forma mucho más preocupante. Mientras que la gente está centrada en las terribles tragedias en el Tíbet, se está haciendo mucho en Nepal contra la comunidad tibetana exilada allí. Ahora, aparentemente, es ilegal que ellos tengan ciertas ceremonias de oración privada.

Recientemente, la policía irrumpió en un espectáculo cultural tibetano en Katmandú, en la representación de una ópera clásica. A miles de tibetanos se les ha negado el permiso de salida para ir a  EEUU, incluso a pesar de que EEUU ha preparado la expedición de visados. Es increíble, inconcebible, dentro de lo que supuestamente es una sociedad democrática.

No hay una verdadera disputa de que todo esto se haga directamente por exigencias de China. En Nepal, por ejemplo, este tema está siendo gestionado internamente por su vecino. Yo experimenté esto la última vez que estuve allí hace unos años.

En un momento dado, estuve rodeado y escoltado durante un par de horas por un policía uniformado chino cuando estaba en una zona fronteriza. No se dieron cuenta de que podía entender lo que estaban diciendo.
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