sábado, 3 de marzo de 2012

Cuando la cocina es un campo de batalla

Cuando la cocina es un campo de batalla
(CNN) – La comida reúne a la gente. Una olla de sopa puede unificar a las almas de una familia; pero cuando una persona quiere sopa de fideos con pollo y otra quiere de verduras, eso se puede convertir en una guerra culinaria.
Cuando dos personas se juntan, esperan encontrarse con los problemas típicos, esperan los problemas normales de una relación: sexo, dinero, respeto, pero con las crecientes restricciones en la dieta y los casamientos interreligiosos, la cocina se ha convertido en una trinchera.
La psicoterapeuta Karen Koenig dice que esto no debería ser una sorpresa. “La comida no es un tema simple”, y agrega que “cómo nos alimentamos y alimentamos a nuestros seres queridos dice mucho acerca de cómo nos sentimos y cómo cuidamos a quienes queremos” explica la también autora de cuatro libros sobre el tema.
Dean Thompson, de 41 años, de Austin, Texas, y su novia Amanda Abbott, de 39, conocen de primera mano el tema de la comida: él es vegetariano estricto, ella no.
"La primera vez que llevé a Dean a casa de mi familia, para comer, y vi que él sólo se servía ensalada, descartando la gran comida gourmet que había cocinado mi papá, pensé 'esto puede ser un problema'”. dice Abbott.
"Al principio, yo supe que podría ser un problema, pero no le presté demasiada atención”, dice Thompson. "La mayoría de la gente a mi alrededor no come como yo, así que no me pareció tan ‘extraño’ ser diferente en ese sentido”.
Mientras que la pareja dice que siempre hubo momentos de discusión, Abbot y Thompson admiten que el punto de ebullición llegó junto con el nacimiento de su hija, que ahora tiene dos años. Desde entonces, han comenzado terapia.
En ese momento, Abbott estaba luchando para producir suficiente leche materna para la beba y Thompson sugirió que se alimentara a su hija con leche de almendras.
"Dean hizo su tarea, al mostrarme algunos estudios, y después de una larga discusión con nuestro pediatra, me rendí", dijo Abbott, quien admite que es una amante del queso y que se crió con leche de vaca. "Esto fue muy difícil para mí ya que la mayoría de nuestros amigos y familiares opinaban constantemente sobre lo loco que era darle a un niño leche de almendras".
Si bien ambos dicen que no cambiarán sus dietas, Abbott reconoce que cocina más sano y come más verduras.
Lindsey Rosenberg, de 27 años, y Daniel Weisinger, de 31 años, una pareja de novios que viven en Berkeley, California, dicen que también discuten sobre cómo va a comer su hijo; a pesar de que el niño aún no existe.
Ambos son judíos –se conocieron en el sitio Web de citas JDate.com- y Weisinger mantiene su dieta kosher, evitándole cerdo y los mariscos. Cuando comenzaron a salir, Rosenberg confiesa que pensaba que era exigente y que su comida casera iba a cambiar la forma de pensar de su novio.
“Que equivocada que estaba”, dice ella.
“Si alguna vez traigo panceta o mariscos a casa para mí es como si hubiese traído pescado podrido” y explica que su novio reacciona abriendo todas las ventanas y prendiendo el extractor de olores de la cocina “es una reacción muy graciosa,” dice.
Como todo en la vida, es una cuestión de acuerdos.
Rosenberg se abstiene de cocinar carne de cerdo o mariscos y Weisinger hace un esfuerzo para comer lo que Rosenberg cocina siempre que esté dentro de su dieta.
"En nuestros primeros meses juntos, hice un plato de quinua con salchicha de pavo (en lugar de salchicha de cerdo) y col rizada. La quinua y la col rizada eran totalmente ajenos su paladar, pero él no dijo ni pío y se lo comió”.
El psicólogo y profesor de psicología Ramani Durvasula ofrece unas sugerencias para que las parejas aprendan a llevar sus diferencias:
Respete: sin importar la razón de la elección – religión, convicciones éticas, médicas – es fundamental que una persona no ponga en ridículo las elecciones de la otra parte. Y este es un camino de dos vías. Busque la manera de expresar las preferencias sin que se falte el respeto.
Comuníquese: estas diferentes opciones sólo funcionan si existe una comunicación clara acerca de las compras en el supermercado; la planificación de las comidas, u opciones de restaurantes.
Negocie: si la persona con más restricciones en la dieta, también es la persona que más cocina, habrá que negociar para que existan opciones para que la otra parte no se sienta postergada.
Busque un punto de encuentro: cocinen juntos o sorprendan a la otra parte con una selección de restaurantes que se adapte a las preferencias de la otra parte.
Busque la oportunidad: si su marido es vegetariano y Ud. no puede vivir sin carne, aproveche para darle rienda suelta a su costado carnívoro durante una salida con sus amigas.
Cree el espacio: en algunas dietas (como la kashrut), no debe haber contacto entre los alimentos y los utensilios. Trate de crear zonas de la cocina que respeten esas diferencias.
cnn.com