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sábado, 3 de marzo de 2012

Cuando la cocina es un campo de batalla

Cuando la cocina es un campo de batalla
(CNN) – La comida reúne a la gente. Una olla de sopa puede unificar a las almas de una familia; pero cuando una persona quiere sopa de fideos con pollo y otra quiere de verduras, eso se puede convertir en una guerra culinaria.
Cuando dos personas se juntan, esperan encontrarse con los problemas típicos, esperan los problemas normales de una relación: sexo, dinero, respeto, pero con las crecientes restricciones en la dieta y los casamientos interreligiosos, la cocina se ha convertido en una trinchera.
La psicoterapeuta Karen Koenig dice que esto no debería ser una sorpresa. “La comida no es un tema simple”, y agrega que “cómo nos alimentamos y alimentamos a nuestros seres queridos dice mucho acerca de cómo nos sentimos y cómo cuidamos a quienes queremos” explica la también autora de cuatro libros sobre el tema.
Dean Thompson, de 41 años, de Austin, Texas, y su novia Amanda Abbott, de 39, conocen de primera mano el tema de la comida: él es vegetariano estricto, ella no.
"La primera vez que llevé a Dean a casa de mi familia, para comer, y vi que él sólo se servía ensalada, descartando la gran comida gourmet que había cocinado mi papá, pensé 'esto puede ser un problema'”. dice Abbott.
"Al principio, yo supe que podría ser un problema, pero no le presté demasiada atención”, dice Thompson. "La mayoría de la gente a mi alrededor no come como yo, así que no me pareció tan ‘extraño’ ser diferente en ese sentido”.
Mientras que la pareja dice que siempre hubo momentos de discusión, Abbot y Thompson admiten que el punto de ebullición llegó junto con el nacimiento de su hija, que ahora tiene dos años. Desde entonces, han comenzado terapia.
En ese momento, Abbott estaba luchando para producir suficiente leche materna para la beba y Thompson sugirió que se alimentara a su hija con leche de almendras.
"Dean hizo su tarea, al mostrarme algunos estudios, y después de una larga discusión con nuestro pediatra, me rendí", dijo Abbott, quien admite que es una amante del queso y que se crió con leche de vaca. "Esto fue muy difícil para mí ya que la mayoría de nuestros amigos y familiares opinaban constantemente sobre lo loco que era darle a un niño leche de almendras".
Si bien ambos dicen que no cambiarán sus dietas, Abbott reconoce que cocina más sano y come más verduras.
Lindsey Rosenberg, de 27 años, y Daniel Weisinger, de 31 años, una pareja de novios que viven en Berkeley, California, dicen que también discuten sobre cómo va a comer su hijo; a pesar de que el niño aún no existe.
Ambos son judíos –se conocieron en el sitio Web de citas JDate.com- y Weisinger mantiene su dieta kosher, evitándole cerdo y los mariscos. Cuando comenzaron a salir, Rosenberg confiesa que pensaba que era exigente y que su comida casera iba a cambiar la forma de pensar de su novio.
“Que equivocada que estaba”, dice ella.
“Si alguna vez traigo panceta o mariscos a casa para mí es como si hubiese traído pescado podrido” y explica que su novio reacciona abriendo todas las ventanas y prendiendo el extractor de olores de la cocina “es una reacción muy graciosa,” dice.
Como todo en la vida, es una cuestión de acuerdos.
Rosenberg se abstiene de cocinar carne de cerdo o mariscos y Weisinger hace un esfuerzo para comer lo que Rosenberg cocina siempre que esté dentro de su dieta.
"En nuestros primeros meses juntos, hice un plato de quinua con salchicha de pavo (en lugar de salchicha de cerdo) y col rizada. La quinua y la col rizada eran totalmente ajenos su paladar, pero él no dijo ni pío y se lo comió”.
El psicólogo y profesor de psicología Ramani Durvasula ofrece unas sugerencias para que las parejas aprendan a llevar sus diferencias:
Respete: sin importar la razón de la elección – religión, convicciones éticas, médicas – es fundamental que una persona no ponga en ridículo las elecciones de la otra parte. Y este es un camino de dos vías. Busque la manera de expresar las preferencias sin que se falte el respeto.
Comuníquese: estas diferentes opciones sólo funcionan si existe una comunicación clara acerca de las compras en el supermercado; la planificación de las comidas, u opciones de restaurantes.
Negocie: si la persona con más restricciones en la dieta, también es la persona que más cocina, habrá que negociar para que existan opciones para que la otra parte no se sienta postergada.
Busque un punto de encuentro: cocinen juntos o sorprendan a la otra parte con una selección de restaurantes que se adapte a las preferencias de la otra parte.
Busque la oportunidad: si su marido es vegetariano y Ud. no puede vivir sin carne, aproveche para darle rienda suelta a su costado carnívoro durante una salida con sus amigas.
Cree el espacio: en algunas dietas (como la kashrut), no debe haber contacto entre los alimentos y los utensilios. Trate de crear zonas de la cocina que respeten esas diferencias.
cnn.com

domingo, 21 de noviembre de 2010

"El club de la pelea" para ejecutivos


[Collar]
Por Sophia Hollander
John E. Oden recuerda haber preguntado si realmente tenía que llevar su traje de etiqueta para la cena de gala de recaudación de fondos a la que iba a asistir en Londres.
"Sí", le respondieron los organizadores.
El hombre de negocios neoyorquino empacó el traje aunque solamente lo iba a necesitar por poco tiempo. Esto es porque pensaba pasar la mayor parte de la noche en pantalones cortos y con una camiseta. Estaba ahí para boxear con otro hombre de negocios como parte del entretenimiento programado para la velada.
Los combates de boxeo entre ejecutivos han emergido como una opción de entretenimiento cada vez más popular para las cenas de gala de recaudación de fondos en todo el mundo con eventos realizados en Singapur, Londres, Hong Kong y Dubai, así como en Chicago, Long Island y Texas.
Los boxeadores llegan con sus smoking en las maletas, entran al ring, usualmente levantado en el medio de un salón de baile, golpean a su oponente lo mejor que pueden, se duchan, se ponen la ropa elegante y vuelven rápidamente a su mesa, si tienen suerte, para el postre ( a veces sangrando).

El concepto del boxeo entre ejecutivos- en el cual se enfrentan boxeadores que no son ni atletas profesionales ni amateurs que compiten- se originó en el famoso gimnasio Gleason's de Brooklyn, propiedad de Bruce Silverglade, que acuñó el término "boxeo de cuello blanco". Pero aunque esta modalidad del deporte rápidamente se extendió a través del mundo, hace cuatro años Nueva York se convirtió en uno de los pocos lugares donde está prohibido, cuando la Comisión Atlética del Estado de Nueva York la declaró ilegal.
Técnicamente todavía está prohibida. Pero ahora hay acuerdos verbales para programar el boxeo de "cuello blanco" bajo la autoridad de USA Boxing, la organización nacional que supervisa la práctica amateur de este deporte en Estados Unidos. La nueva división conocida como "boxeo básico" incorporará muchos de los elementos originales que definen a los combates de "cuello blanco". Está permitido que los combatientes usen "nombres de combate" llamativos , rounds más cortos y la práctica de levantar las manos de ambos boxeadores como triunfadores al final de cada pelea, según Deni Auclair, un directivo de USA Boxing, Asociación Metropolitana, que es la rama local de la organización.
A pesar de la ausencia de una aprobación final, Silverglade y otros dueños de gimnasios, que han llegado a depender de los boxeadores de cuello blanco como parte crítica de su modelo de negocios, confían en que una nueva autorización está al alcance.
Silverglade ya comenzó a planear el primer evento, a beneficio de un amigo que tiene cáncer. Una vez que haya fijado una fecha, posiblemente en enero, "vamos a poder hacerlo", dice.
Él organizó el primer combate de "cuello blanco" en el gimnasio Gleason's hace alrededor de dos décadas, cuando David Lawrence, un hombre de negocios multimillonario, con un PhD en Literatura Inglesa aceptó enfrentarse con el doctor Richard Novak, un abogado y veterinario.

"Él era un tipo que daba miedo y yo era como Woody Allen", recordó hace poco Lawrence, riéndose, sentado en una pequeña y austera oficina en Gleason's. "Aunque yo era secretamente fuerte, nadie lo sabía", cuenta.
Ahora tiene 63 años, está ligeramente encorvado y viste jeans pálidos y una camiseta negra, con lentes con montura de plástico amarillo y un arete de oro. Su voz tiene un poco del nasal acento neoyorquino de Allen.
Fue llamado boxeo de "cuello blanco" "porque estábamos ambos tan sobre educados", explica Lawrence que ahora trabaja como entrenador en el gimnasio.
El combate fue un hito y marcó un cambio drástico en la clientela, recuerda. La primera vez que entró en el gimnasio Gleason's a comienzos de la década de los años 80 "no había tipos de "cuello blanco", dice "¡Todos eran asesinos!", asegura.
La novedad de un doctorado en literatura inglesa intercambiando golpes con un abogado rápidamente se difundió y llevó a espectáculos mensuales que atrajeron a cientos de personas.
Silverglade reunió hasta 200 personas cada mes, haciendo una ganancia promedio, dice, de US$500 por espectáculo. Silverglade podría haber hecho más dinero en escenarios más grandes pero no quería atraer la atención por una buena razón.
"Sabía que no era legal", admite.
La ley en el estado de Nueva York insiste en que todos los combates de boxeo deben estar regulados por la Comisión Atlética del Estado de Nueva York, con tres excepciones, el boxeo militar, el boxeo académico y el de aficionados.
Pero estos boxeadores no encajaban claramente en ninguna de estas tres categorías. Dado que no eran profesionales, la comisión no quería invertir dinero en supervisar estos combates. USA Boxing, el otro organismo que podría haberlo hecho, estaba fundamentalmente dedicada a producir boxeadores para los Juegos Olímpicos.
Entonces Silverglade organizó sus propios eventos con la esperanza de que nadie lo notara. Aún así comenzó a recibir llamadas de personas de todo el mundo que querían volar para competir o para organizar sus propios combates en sus respectivos países.
Mientras tanto, Silverglade vigilaba que sus boxeadores estuvieran seguros, interviniendo si alguno tambaleaba después un golpe duro y acortando los rounds para ayudar a alguno que estuviera quedándose sin respiración. La mayoría aceptaban su intervención.
"Todos ellos saben que en la mañana del lunes tienen que ir a trabajar", explica Silverglade. "Y no quieren ir a trabajar con un ojo negro", agrega.
Un deseo compartido de salvar la cara –emocional y literalmente- era común. Al comienzo, Silverglade declaraba ganadores para cada combate. Rápidamente aprendió que esto podía dar un mal resultado.
"Algunos de los tipos de Wall Street tienen un ego tan grande que si perdían no volvían más al gimnasio", recuerda. " Y yo pensaba, oh, esto no es lo que yo quiero aquí", comenta.
Comenzó a levantar las manos de ambos competidores y a otorgar trofeos a cada competidor. De todas formas, dice Lawrence, con una sonrisa maliciosa, "sabíamos quien ganaba y quien perdía". Y, agrega, "ciertamente yo nunca perdí una".
Pero Silverglade sabía que era solamente una cuestión de tiempo antes que lo hicieran detenerse.
Hace cuatro años, uno de sus boxeadores de "cuello blanco" se dio cuenta del potencial que tenían estos eventos para recaudar fondos.
"Podía poner un ring en el medio del hall de mi empresa de comidas y todos mis amigos pagarían para verme siendo golpeado en la cara", recuerda el boxeador Jeff Cohen, que en ese momento tenía un negocio de comidas para fiestas en Long Island.
Organizó los eventos varios años hasta que un día la Comisión Atlética recibió una información sobre un combate ilegal de boxeo en un hotel de Long Island. La comisión prohibió el evento de caridad y llamó unos pocos días después a Silverglade.
"Una vez que uno tiene conocimiento de algo que es ilegal y ese es su trabajo, no es que yo esté siendo el muchacho malo", dice Ron Scott Stevens, que era entonces el comisionado. "Era en contra de la ley", enfatiza.
Silverglade fue a Albany para tratar de convencer a los legisladores de que aprobaran un excepción para el boxeo de "cuello blanco", similar a las existente para los combates entre aficionados, entre militares o académicos. El Senado del estado aprobó normas que hubiesen creado una compañía con fines de lucro que hubiese regulado el boxeo de "cuello blanco" en Nueva York pero esas disposiciones murieron en la Asamblea de Representantes.
"Nadie nunca dice no pero nunca dan la aprobación", dice Silverglade.
Volvió a USA Boxing para un intento final. Resultó que en los años posteriores a su primera apelación, la organización había tenido un cambio filosófico, impulsado por la necesidad de incrementar sus ingresos y de aumentar el número de integrantes.
"Estamos cambiando el mandato", explica Auclair. "Queremos seriamente incrementar la cantidad de miembros. Y tener una nueva categoría de boxeador puede lograr eso", agrega.
La división de boxeo de "cuello blanco" –que será llamada "boxeo básico"- será probada en Nueva York con un ojo puesto en la expansión por todo Estados Unidos si tiene éxito.
Eso no ocurrirá demasiado pronto para Silverglade, que calcula que los boxeadores en esta modalidad representan el 50% de su negocio.
"Sin los boxeadores de cuello blanco, este gimnasio y ninguno otro grande en Nueva York podría sobrevivir", asegura.
Hace pocas tardes, en el New York Athletic Club (NYAC), el pequeño y limpio gimnasio con techos bajos era un marcado contraste con el cavernoso y caótico Gleason's. Muchos hombres de negocios, incluyendo a Oden, practicaban en los dos rings.
Ya sin su smoking, Oden avanzaba por el ring, golpeando duro, intercambiando golpes cruzados con su mano derecha contra Chris Angle, un vicepresidente de banca de inversión en Puritan Securities Inc. Después de tres minutos de round, cada hombre iba tambaleándose a su rincón. Oden tomó un poco de agua y quitó el sudor de su cara. Al final del combate, su pelo parecía el de quien se acaba de levantar de una noche de sueño en la que no descansó.
Los diferentes estilos quedaron evidenciados durante uno de los combates de "cuello blanco" en Gleason's hace algunos años, cuando Silverglade invitó a los boxeadores del NYAC a competir.
La noche del combate, limusinas brillaban en las calles de Brooklyn y mujeres en tacones subían riéndose la escalera un poco despintada que llevaba al gimnasio.
"Lo que más recuerdo es que las mujeres subían y decían "Oh, Dios mío, huele", sonríe Silverglade. " Tengo un gimnasio de boxeo a la antigua. Hay un aroma", reconoce.
wsj.com

sábado, 18 de septiembre de 2010

Si te peleas con alguien siempre notarás que te pegan más fuerte de lo que tú pegas

Lo hemos visto en infinidad de ocasiones: una pareja se pelea en broma, ella le lanza un pequeño puñetazo en el hombro, él se lo devuelve más fuerte, ella espeta “oye, te has pasado” y le devuelve el golpe, y él, enojado, exclama “la que te has pasado eres tú”. Escalada de violencia, morros y unos minutos sin dirigirse la palabra.
Con ligeras variaciones, ya digo, todos hemos visto una escena parecida entre una pareja, y también entre niños. Y probablemente hemos protagonizado algo parecido: alguien nos atiza y nosotros creemos que nos ha dado más fuerte de lo que el otro dice haberlo hecho: “lo sabré yo, que soy el que ha recibido el golpe”, podemos añadir.
Si estas situaciones se dan tan a menudo entre los seres humanos se debe a la misma razón que impide que una persona pueda hacerse cosquillas a sí misma: en la mayoría de situaciones, nuestro circuito cerebelar (del cerebelo) está preparado para prestar una atención menor a las sensaciones que resultan del movimiento autogenerado y una atención mayor al mundo externo.
El cerebelo interviene en la coordinación de movimientos, sobre todo usando la información retroactiva que le aportan los sentidos sobre la manera en que el cuerpo se está movimiento en el espacio a fin de enviar sutiles correcciones a los músculos y procurar que los movimientos corporales sean suaves, fluidos y bien coordinados.
El cerebelo también interviene en la distinción entre sensaciones que son previsibles y no lo son. Por ejemplo, si andamos por la calle, toda la ropa que llevamos puesta nos roza en la piel, los zapatos nos roza en los pies, etc. Pero en gran medida ignoramos todos estos estímulos. Sin embargo, nos detenemos y notamos un roce parecido en el cuerpo y, entonces, sí que le prestamos atención: quizá se nos ha metido un bicho entre la ropa. O alguien nos toca. Así pues, la utilidad de hacer caso omiso de las sensaciones producidas por el propio movimiento y prestar mayor atención a otras sensaciones originadas fuera de nosotros es más que evidente.
Como “nos esperamos” la sensación de cosquillas cuando acercamos nuestra mano a la planta de los pies, por ejemplo (y sabemos perfectamente la presión que ejerceremos, cuándo la ejerceremos y demás detalles), no sentimos lo mismo que al recibir cosquillas desde el exterior.
Esto se ha podido medir con precisión mediante imágenes funcionales de resonancia magnética o IFRM, descubriéndose que, al hacerle cosquillas a un sujeto, aparecía una fuerte activación en la región cerebral que interviene en la sensación del tacto, la llamada corteza somatosensorial; y sin embargo ninguna activación significativa en el cerebelo. Cuando los sujetos, en cambio, se hacían cosquillas a sí mismos en la misma parte del cuerpo en el que las había recibido, entonces los papeles entre la corteza somatosensorial y el cerebelo se intercambiaban.
Bien, y ¿qué tiene que ver todo esto en que nos, a veces, sentimos que nos pegan injustamente más fuerte de lo que pegamos? Además de que el orgullo interviene, por supuesto, y nadie quiere quedar como un pelele frente a los demás, el principio que interviene es el mismo.
Un grupo de investigadores liderado por Daniel Wolpert, en el University Collage de Londres, elaboraron un sencillo experimento para explicar mejor la escalada de represalias en cualquier pelea.
Wolpert y sus colaboradores pusieron a dos sujetos adultos frente a frente; hicieron que cada uno de ellos colocara su dedo índice, con la palma de la mano levantada, en una cavidad hecha a medida, dejaron una pequeña barra de metal en un gozne y colocaron ligeramente encima el dedo de cada sujeto. El gozne estaba equipado con un sensor que medía la fuerza que se ejercía cada vez que el dedo del sujeto presionaba la barra. A ambos sujetos se les dieron las mismas instrucciones: responder cuando les tocara el turno con un golpe dado con un dedo que tuviera exactamente la misma fuerza que el golpe recibido. Además, ninguno de los sujetos recibía instrucciones que el otro había recibido.
El resultado fue el esperado: la fuerza ejercida siempre se intensificaba de forma extraordinaria, a pesar de que cada sujeto aseguraba que no hacía más que igualar la fuerza aplicada por el golpecito del otro.
Cuando se les pedía que adivinaran las instrucciones dadas a la otra persona, cada uno de los sujetos decía que al otro le habían dicho que respondiera presionando con el doble de fuerza cada vez.
Y esta descompensación entre lo que sentimos y lo que producimos probablemente sea la responsable de que más de uno acabe con el ojo morado.
Vía El cerebro accidental de David Linden
genciencia.com

domingo, 21 de marzo de 2010

Las parejas eligen Facebook para ventilar sus peleas

Douglas Quenqua
The New York Times
¿Cómo suena un silencio incómodo en Facebook? Si usted tiene que preguntarlo es probablemente porque no tiene amigos como James Gower y Ashley Andrews, comprometidos para casarse en mayo. Gower escribió en enero: "¿Cómo es que mi cumpleaños es un solo día, pero el de mi mujer dura toda una semana?" Andrews, quien aparentemente no está dispuesta a contemplar cómo una flecha pasa sobre su cabeza, respondió con este comentario: "¡¡¡Supéralo!!! ¡Puaj!" Gower respondió calificando a su prometida con una palabra que no podemos imprimir aquí, hasta que el diálogo se convirtió en un equivalente, en la red social, de romper los platos.
Finalmente Skyler Hurt, una amiga y dama de honor de la novia, intervino: "Amigos, ¿saben que todos podemos ver lo que está ocurriendo entre ustedes?" Es una pregunta que se formula muchas veces en esta época dado que las parejas, que antes tenían que salir de casa para pelearse en público, ahora desarrollan sus disputas en Facebook.
Ya sea por medio de posteos llenos de reproches o mediante intercambios antagónicos respecto del "estatus de su relación", la red social está convirtiéndose en un lugar tan bueno para difundir la discordia marital como para compartir las fotos de las vacaciones. Con 400 millones de miembros y en crecimiento, Facebook puede llegar a reemplazar a los restaurantes como lugar favorito de las parejas para armar una escena. Hay personas, como Gower, para quienes Facebook ofrece una gran oportunidad: ¿qué mejor manera de mostrar a todos los disgustos que le da su futura esposa?
"Mis amigos tienen una opinión tendenciosa de ella, y sus amigas tienen una opinión tendenciosa de mí", dijo Gower. Para él, difundir quejas en Facebook es "una manera de que los demás vean tu versión de las cosas. Así, muchas personas no escuchan solamente la versión que les da ella". Andrews comparte la opinión de su prometido: "Mucha gente no está con nosotros cuando nos peleamos en casa", dijo, pero en Facebook, "todos nuestros amigos pueden hacer comentarios".
Leah Ackerman-Hurst, de 34 años, dijo que ocasionalmente usa Facebook para hablar mal de su esposo Caleb con sus amigos. En una actualización reciente, lo llamó "terrible tarado" después de que Caleb insistió en que ella se deshiciera de su bulldog enano. Dice que sus comentarios suelen ser en broma (casi siempre), aunque sus amigos acaban por tomar partido por uno o el otro. "Digo algo en broma sobre él, pero algunos toman mis comentarios en serio", dijo.
Algunos expertos matrimoniales dicen que llevar las peleas a Facebook, aun en broma, no es para reírse. El deseo de hacer públicas las diferencias íntimas representa una gradual pero significativa degradación de nuestra estima por el matrimonio. "Desde la época victoriana hasta 1950, el matrimonio fue considerado como la fuente de toda seguridad en un mundo depredador", dijo Michael Vincent Miller, psicólogo y autor del libro "Intimate Terrorism: The Crisis of Love in an Age of Disillusion" (Terrorismo íntimo: La crisis del amor en una época de desilusión). Luchar por ese ideal, agregó, significaba mantener todo desacuerdo en la intimidad.
Pero con la contracultura de las décadas de 1960 y 1970, "ese ideal matrimonial empezó a desaparecer", explicó. Muy pronto, la idea de que las parejas debían presentar un frente unido en todo momento llegó a parecer extraña e, incluso, ingenua. Hoy, la representación popular del matrimonio tiende a ser "la de dos egos que se protegen a sí mismos y que están en guerra entre sí", dijo Miller, y agregó que "cada uno de ellos anhela reconocimiento y estar en lo correcto demostrando que el otro es el que está equivocado".
Pero, en vez de ganar apoyo, pelear delante de los propios amigos probablemente los convenza de que ustedes dos no deberían estar juntos, según dicen los consejeros matrimoniales. Eso parece ser lo que ocurre entre los amigos de los peleadores de Facebook, quienes, como cualquier testigo de una reyerta pública, quedan atrapados en el medio, sin saber si deben intervenir u ocuparse de sus propios asuntos.
"Esta es la primera vez que intervengo en cómo interactúan ustedes dos, y no es bueno", dijo Hurt, la amiga de Gower y Andrews.
Probablemente habló por muchos espectadores de Facebook cuando dijo que todos sus intentos de pacificación entre sus amigos -ya sea online o en la vida real- se hicieron con la intención de avergonzarlos para que se comportaran mejor.
"Perder el apoyo de los amigos y los seres queridos no es un buen presagio para las perspectivas a largo plazo de una pareja. A las personas suele irles mejor en el matrimonio cuando sus amigos y su familia apoyan a la pareja. Cuando ese apoyo desaparece, eso puede ser un gran problema", dijo Brad Wilcox, director del National Marriage Project de la Universidad de Virginia.
Gower y Andrews insisten en que son una pareja estable, que irá al altar en mayo. Y eso, pese a los recientes cambios que Gower imprimió a su estado civil: de "comprometido" a "complicado" y nuevamente a "comprometido", todo en el mismo día.
"Eso fue tan sólo una broma para provocarla", aseguró.
Traducción de Mirta Rosenberg
Borrar al ex, una máxima en la Red
Sol Amaya
Cuando a Alejandro le ofrecieron un trabajo temporal en otro país, la decisión de irse lejos de su pareja le costó mucho. La relación siguió, pero la distancia la fue enfriando y, finalmente, ambos decidieron terminarla. ¿Cómo se enteraron todos sus amigos en la Argentina? Por Facebook.
"Alejandro está soltero", fue lo que se publicó en su "muro" cuando cambió su estado civil. Inmediatamente, empezaron a lloverle comentarios de amigas y conocidas, todas mujeres. "Qué lástima, Ale, ¿cuándo volvés?"; "Llamame cuando estés acá" y frases por el estilo comenzaron a aparecer cada vez más seguido en su muro.
Distinto fue lo que le sucedió a Natalia. Cuando cortó con Hernán, nunca pensó en cambiar su estado en Facebook, simplemente porque no creía que fuera necesario difundir algo que ella consideraba una situación íntima. Sin embargo, se vio obligada a "modificar su estado civil" en la Red tras una llamada de su ex, que le advirtió que, si no aclaraba que ya no estaban juntos, estaba "faltando a la verdad".
Estar presente, ya sea por foto o por nombre, en la cuenta de Facebook de una ex pareja, es insostenible para algunas personas. Como el caso de Agustina y Marcos que, después de casi tres años juntos, terminaron su relación y lo primero que hicieron fue borrarse mutuamente de sus contactos en la red social.
Edgardo, para evitar cualquier tipo de discusión, decidió cortar por lo sano: "A mi mujer le tengo prohibido crearse un usuario en Facebook", aseguró. Sin embargo, no dudó en aclarar que él sí tiene una cuenta. La mayoría, amigas mujeres.
lanacion.com

jueves, 11 de marzo de 2010

Hijos de padres "peleadores", más propensos a padecer problemas psíquicos

Científicos franceses aseguran que la historia familiar influye en el incremento de la posibilidad de ejercer violencia conyugal y maltrato hacia los hijos, o de sufrir depresión. Especialistas destacan que puede haber un "modelo" pero trabajar sobre los hechos hace posible no repetir lo vivido
De acuerdo con un estudio publicado recientemente en la revista especializada Journal of Epidemiology and Community Health "los hijos de padres 'peleadores' (es decir esas parejas que discuten permanentemente), serían más propensos a tener problemas de conducta así como también alteraciones en su salud mental durante la adultez".
Tal como consta en la publicación -órgano de comunicación oficial de la Society for Social Medicine- "la exposición de un niño a la violencia por parte de sus padres es hoy considerada como una forma particular de maltrato que puede tener serias consecuencias en los chicos".
A fin de conocer un poco más sobre la temática, Pro-Salud News dialogó con una experta en el tema, la licenciada Alejandra Libenson, psicopedagoga, psicóloga y terapeuta especialista en Crianza y Vínculos Familiares.
"Cuando pensamos y consideramos la historia psíquica de una persona, tenemos que hacerlo en términos de causa-efecto. De manera que si bien no es posible afirmar que una mujer o un hombre por haber tenido una familia disfuncional vaya a tener elecciones del mismo tipo en su vida adulta, sí es verdad que la historia familiar suele operar como modelo, generando además una cierta predisposición a repetir formas de vincularse, no sólo con una pareja sino también en el ámbito social".
"Desde este punto de vista, si no se trabaja sobre el tema que haya generado un conflicto o tenido cierto efecto traumático, es posible que una persona replique durante su adultez en forma activa aquello que como niño vivió de manera pasiva", continuó la especialista, autora del libro "Criando hijos, creando personas" que ya va por su segunda edición.
"Entonces, lo mejor que se puede hacer es identificar las cuestiones que es necesario revisar porque, en la medida que uno pueda elaborarlas, éstas no serán algo recurrente, que aparezca espontáneamente y sea difícil de manejar o dominar", expuso la licenciada Libenson.
Por su parte, el doctor José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psiconalista, dijo: "Las peleas y discusiones dentro de una pareja y por ende de una familia, no sólo afectan a los chicos sino también a las personas que protagonizan esa situación, el hombre y la mujer. Por ende, siempre es preferible, dentro de lo posible evitar ese tipo de momentos para no alterar la armonía familiar y no abrir el camino para las consecuencias a futuro".
Sobre el estudio
Para llegar a esta conclusión, los investigadores franceses analizaron la vida de 3.023 adultos, realizando entrevistas en las cuales se consideraba la situación actual de los voluntarios (afectiva, social, laboral, económica, familiar), aunque también sus antecedentes indagando, por ejemplo, si sus padres se peleaban cuando ellos eran chicos, qué tipo de discusiones y por qué motivo tenían, si se había producido un divorcio en la familia, si se habían generado situaciones de abuso físico, sexual, de violencia o maltrato, y si existían antecedentes de alcoholismo.
También -ya tomando como referencia la vida adulta de los voluntarios para entender si existía relación con su pasado- se consideraron factores como la tendencia a la depresión (o el desarrollo del cuadro), los deseos suicidas y las actitudes frente a la pareja y los hijos.
De los 3.023, el 16 por ciento admitió haber sido testigo de episodios violentos entre sus padres antes de cumplir 18 años, mientas que la gran mayoría refirió que además de esos antecedentes, la situación financiera, la crisis, el miedo al futuro o la incertidumbre con respecto a éste, el estrés, la situación de pareja, las enfermedades de los mayores y el desempleo son condiciones que pueden influir en el desarrollo de un episodio desagradable.
"Luego de considerar todas las variables -tanto las mencionadas por los voluntarios como las que ellos mismos relataban sobre su historia- concluimos que aquellos adultos que de niños habían estado expuestos a numerosos episodios de violencia, peleas o discusiones entre sus padres, presentaban 1,4 más posibilidades de sufrir depresión, tres veces más chances de verse involucrados en episodios de violencia conyugal y cinco de ejercer maltrato sobre sus hijos", sostuvieron los responsables del estudio.
"La idea de este análisis no es juzgar sino concientizar sobre lo importante que es brindarle a los chicos un ambiente familiar armónico y de amor en el cual puedan desarrollarse plenamente", concluyeron.
infobae.com

sábado, 5 de julio de 2008

Las parejas pelean menos y mejor con el tiempo

Peleas constantemente con tu pareja por el mismo tema?
Entonces puede que valga la pena mantener la relación, ya que según una nueva encuesta las parejas pelean menos y se vuelven mejores en resolver sus diferencias con el tiempo.
El sondeo online de la empresa neozelandesa de consejeros Relationship Services encuestó a más de 1.500 personas con relaciones largas y descubrió que el 78 por ciento tenía desacuerdos sin resolver.
Sin embargo, el estudio encontró que las personas se van haciendo mejores en gestionar esos desacuerdos, y que los que llevaban entre tres y siete años en su relación mostraban un nivel de desacuerdos recurrentes más alto que los que llevaban 21 años o más con su pareja.
"Las personas con relaciones más largas pueden haber resuelto muchas de sus diferencias, pero también está claro que manejan los desacuerdos de forma que refuerzan mejor la relación," dijo Hilary Smith, de Relationship Services, en la página web de la empresa.
"Para una cuarta parte de los consultados, los desacuerdos y su forma de afrontarlos tienen un impacto positivo en cómo se sienten sobre la relación y sobre su pareja," apuntó Smith.
El sondeo coloca el dinero y la seguridad económica como los asuntos por los que las parejas discuten más, cuatro de cada 10 personas, independientemente de su nivel de ingresos.
La paternidad y el cuidado de los niños provocan el 35 por ciento de las discusiones, según la encuesta, y añaden tensión a una relación, con el 86 por ciento de las personas con hijos en casa diciendo tener discusiones recurrentes, frente al 68 por ciento de los que no tienen niños.
Otras causas comunes de desencuentros son la presión en el trabajo (un 31 por ciento), la falta de tiempo (un 29 por ciento), la labores domésticas (un 26 por ciento) y el sexo (un 25 por ciento).
Además, según el estudio, los hombres sienten que las mujeres los regañan cuando discuten, mientras que las mujeres se quejan de que sus parejas no las escuchan.
"Cuando los consejeros oímos las frases 'regañar' o 'no escuchar', sabemos que hay un problema de comunicación en la relación sobre el que trabajar," dijo Smith.
La encuesta, titulada "Tratar con los desacuerdos," se realizó este año.
(Escrito por Miral Fahmy. Traducido por Servicio Online de Madrid)
WELINGTON (Reuters) -