martes, 5 de julio de 2011

¿Caminar o no caminar?

Un paseo entre árboles.| Diego Sinova
Caminar media hora al día es uno de los mejores ejercicios, repiten continuamente los médicos. Bastan 30 minutos a buen paso para cuidar un poco la salud. Pero ¿qué hacer en verano, cuando las autoridades sanitarias recomiendan no salir -mucho menos andar- en las horas centrales del día, o en invierno cuando la nieve hace imposible este ejercicio? Unos investigadores de la Universidad McGill (Montreal, Canadá) han analizado cómo influye el clima en los paseos ciudadanos.
Desde noviembre hasta mayo observaron el gusto por las caminatas de los habitantes de nueve ciudades del hemisferio norte: Santa Cruz de La Palma en Gran Canaria, Kilmarnock y Glasgow en Escocia, Rousse en Bulgaria, Gliwice en Polonia, Oulu y Jakobstad en Finlandia, Sion en Suiza e Ítaca en EEUU. De las estudiadas, la ciudad española es la más pequeña, con 18.000 ciudadanos, mientras que Glasgow es la más numerosa, con una población de 1,2 millones de personas. Oulu es el lugar más frío de todos, con temperaturas por debajo de los 0ºC la mayoría de los días estudiados.
Los resultados del trabajo, publicados en 'Environment and Behavior' muestran que cuando hace frío, un aumento de 5ºC en la temperatura incrementa el número de peatones un 14% y cuando deja de nevar el incremento es del 23%. Y, lo que más desanima a quienes quieren pasear es la lluvia. En Rousse, en los días lluviosos, el número de caminantes descendía un 42%. El aire, sin embargo, tiene menos influencia que otros factores del clima.
Además de la alternativa de los gimnasios o, en el verano, aprovechar las primeras o las últimas horas del día, los investigadores afirman que "muchas más personas caminarían si quienes diseñan los planes urbanísticos de las ciudades tuvieran en cuenta el clima y utilizaran superficies que absobieran bien el agua, un sistema de alcantarillado que desagüe en condiciones o partes cubiertas en determinados tramos de la ciudad, así como servicios que retiren la nieve acumulada con rapidez".
"Nuestro estudio demuestra que la gente camina cuando está preparada para aguantar la temperatura . Es un ejercicio que no requiere un gran cambio de actitud, porque las personas están dispuestas, pero sí necesitan que el paisaje urbano ofrezca unas condiciones óptimas para hacerlo", indica Luc de Montigny, del Departamento de Epidemiología de la Universidad y principal firmante de la investigación. "Dada la epidemia de obesidad que afecta a todos los países, facilitar el paseo a sus ciudadanos es lo menos que las autoridades pueden hacer", concluye.
elmundo.es

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