martes, 19 de julio de 2011

LOS PRODUCTOS CONGELADOS, UN NUEVO ALIMENTO BASICO

Delia Moras tiene 70 años y es una gran cocinera. Vive en La Plata y cuando van sus nietos a visitarla, de premio descongela patitas o hamburguesas, dos productos que les compra especialmente. “A Camila le gustan las papas fritas congeladas y a Tobías las patitas, es de la única forma que come pollo”, dice Delia.
Como ella, muchos argentinos ya incorporaron estos productos a su heladera casi como un nuevo “alimento básico”. Según una encuesta de TNS Argentina sobre más de 1.000 entrevistados, el 33% los consumió en el último mes. Esta tendencia se da más en jóvenes de nivel socioeconómico alto, y entre los porteños. ¿Lo que más comen? Hamburguesas, contestó el 60% de los encuestados, y le sigue el pollo, con un 20%.
Carolina Marro es gerente de Marketing del grupo de marcas Granja del Sol. Explica que los congelados “están alineados a las tendencias de los consumidores actuales: personas con poco tiempo que buscan soluciones al alcance de la mano. En los últimos años cinco años el consumo subió a una tasa promedio del 8% anual”.
Según Marro, en general son mujeres y hombres que trabajan, de nivel socioeconómico medio-alto, que valoran mucho su tiempo y no quieren perderlo en la cocina, por eso eligen productos que les permitan aprovechar el tiempo y comer algo nutritivo en pocos minutos. Mónica Katz, nutricionista, acuerda que “los productos congelados son una opción conveniente para la vida agitada de estos tiempos. Resuelven una comida rápida comiendo en casa”. Delia coincide: “Estamos viviendo en la generación del freezer. Cuando crié a mis cinco hijos tenía que hacer todo casero y demoraba muchas horas. Ni hablar cuando yo era chica, en mi casa había heladera que se enfriaba con hielo. Mi madre tenía la huerta en el fondo”.
La practicidad es la principal razón del consumo (64%), y otros motivos, que estos alimentos se conservan mejor y durante más tiempo. La compra de estos productos aumenta a medida que baja la edad, lo que demuestra un cambio de hábitos de consumo. El 46% de los jóvenes de entre 18 y 24 años declara consumirlos, mientras que lo hace el 16% de los mayores de 65. Son también más elegidos entre los niveles socioeconómicos más altos: 57% del sector ABC1 versus el 25% de los sectores más bajos. Y en Capital hay mayor demanda: el 59% son porteños y el 29% residentes del interior.
Cuando tiene que hacer una exquisita carbonada o unos sublimes canelones, Delia también prefiere comprar verduras congeladas. “La espinaca, las arvejas o el choclo, me gustan más que los enlatados porque tienen más frescura. Si los congelados fuesen perjudiciales, jamás se los daría a mis nietos”, cuenta.
Diego Nervi (31) vive con su novia en San Telmo. Como Delia elige las verduras congeladas porque “son más fáciles para cocinar, sobre todo la espinaca. Sólo la tenés que hervir y ya está. Y las arvejas tienen más sabor y color que las de lata”. Las verduras están en tercer lugar entre las preferencias: las come el 12%. El ranking lo completan las patitas (10%), pastas (7%), productos de soja (6%) y pizzas (5%).
Malena, mamá de Lola (5), refleja cómo para los chicos estos alimentos, en especial las patitas, están entre sus preferidos: “Las espera como si fuesen un manjar. Una vez por semana no le hacen mal a nadie. Cuando vivía sola consumía más de estos productos, por tiempo y porque cocinar para uno da fiaca. Ahora, por suerte, tengo un marido que cocina”.

TIRANIAS DIFICILES DE COMPATIBILIZAR

Hace dos años, una investigación del prestigioso Instituto de la Salud del Niño del Reino Unido desató una polémica. Concluyeron que los menores de 5 años cuyas madres trabajan están peor alimentados porque consumen muchas gaseosas y comen muy pocas frutas y verduras. “Las limitaciones de tiempo afectan la capacidad de proveer a los niños de alimentos sanos”, sentenció la pediatra a cargo del estudio, para clavar una daga en el pecho de las madres trabajadoras inglesas y de cualquier parte del mundo que hubieran recibido la noticia. Vivimos en una época de varias tiranías, y las del tiempo y la salud no suelen ser compatibles. Ahí radica el éxito de los congelados. A muchos consumidores les permiten una solución rápida a la hora de cenar. Y a muchos otros nos ayudan a mitigar un poco la culpa.

CLAVES PARA LA DIETA

- “Las patitas o los medallones no tienen un nivel de grasas mayor que una carne rebosada caseras, y hay varias líneas de hamburguesas con bajo contenido de grasas. No son peores por ser congeladas. Siempre define los alimentos la manera de cocinarlos, por ejemplo las frituras en buenos aceites y a la temperatura adecuada”, dice el nutricionista Sergio Britos.
- El proceso de congelado hace que los nutrientes de los alimentos se mantengan. Por eso, las verduras congeladas son tan saludables como las tradicionales y no tienen agregado de grasas, coinciden Britos y su colega Mónica Katz.
- No hay una recomendación explícita de consumo de hamburguesas, patitas o carnes congeladas. Pero como son un poco más grasas no deberían ser “la única carne que se coma en la casa”, dice Katz. Britos agrega que en una dieta saludable “caben” dos o tres ingestas semanales, eligiendo las que tienen menos grasas y sodio.
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