sábado, 23 de julio de 2011

El marketing de la fe


Este hombre que habla rápido y reacentúa el sonido de algunas palabras que considera vitales, como amor, humildad y generosidad, esconde una razón para que la vida sea una experiencia feliz y de plenitud: es un fenómeno de audiencia en emisiones radiales, televisivas y editoriales.

Claudio María Domínguez habla de la espiritualidad, de los seres y de las almas. Vende. Parado solo frente a las cámaras de C5N, su programa Hacete cargo engruesa día tras día su número de audiencia. Contiene. Escuchando oyentes durante sus más de quince horas semanales en Radio Pop con el programa El mejor momento de tu vida. También conmueve. Dando charlas para 450 personas, a 45 pesos la entrada, en la biblioteca Mariano Moreno de Bernal. Logrando que la mayoría del público salga o luzca esperanzado.

El hombre está ahora sentado en un bar frente al canal de cable donde trabaja. Pide una lágrima y aclara: “Es mi única droga adictiva para activar”. Luce un rostro apurado, cansado e hiperconcentrado. Lleva el pelo despeinado. Y viste un gastado pantalón de jeans con un buzo polar, raído por el tiempo. Trata de ser un mensajero, un canal de comunicación de los grandes maestros de la espiritualidad. Domínguez dice ser lo que siente que es. Aunque muchos ahora le hablen del crecimiento exponencial que viene generando desde hace más de un año, con el fenómeno de hablarle al corazón de las personas. De donde hoy recoge sus frutos.

“Llevo 17 años remando, comprando mi derecho a existir en todos los canales de cable habidos. Me costó mucho, nunca me ayudaron económicamente. Vendíamos medio programa a mil pesos cada bloque y a mí me quedaba medio programa para hablar del karma, de Krishnamurti, del ego. El público fue creciendo muy de a poco, con charlas menores en distintos puntos del país. Pero siempre creí en mi mensaje, con alma y vida. Mis hijos me decían para qué hacia esto y yo les decía que en algún punto algo se iba a abrir, que lo bueno iba a pasar y que mi mensaje le llegaría a más gente.”

El anhelo llegaría de la mano de su amigo Beto Casella, quien lo invitó a su programa Mundo Casella en C5N. “Me dijo: hablá libremente, a alguien le vas a tocar su corazón. Después me enteré que lo había llamado a Daniel Hadad y le dijo que me escuchara. Me pusieron justo para Navidad y Año Nuevo y percibí que algo interesante estaba sucediendo. Fue un récord de audiencia y lo repitieron siete veces seguidas en una semana, nos fue maravilloso. Al otro día tenía a Hadad en el teléfono, diciéndome que mi mensaje le había tocado el corazón. ‘Te ofrezco el multimedio.’ Le dije no me cobres mucho y él me respondió: no, te lo regalo, vos no me cobres mucho a mí.”

Hoy, Domínguez disfruta de las mieles y asegura estar gestando un fenómeno espiritual interesantísimo: “Quedan afuera cien o doscientas personas en cada charla que doy, y eso da muestra de que hay gente que le interesa lo que digo”.

–¿Cómo convive con quienes los desacreditan por hablar de lo espiritual mientras gana dinero?

–No tengo ningún prurito con esto porque ya fui combatido y desacreditado cuando venía de ver a Sai Baba o a la Madre Teresa de Calcuta. Iba a los programas de Rial y de Chiche Gelblung a defender el amor incondicional. Hay una frase que dice que cuando una persona es diferente y le habla a la gente de ser libre, pasa por tres etapas inevitables: primero es ridiculizada, luego es violentamente combatida y después es aceptada como lo más normal del mundo. Estoy en la tercera etapa porque tuve el coraje de vivir las dos primeras. Ahora, me va como los dioses. Que este mensaje se haya vuelto brutalmente masivo es el premio que Sai Baba me había anunciado cuando me dijo: “Prepárate para lo que va a venir, nada de lo que te haya hecho ser feliz hasta ahora se compara a lo que vas a vivir”.

Sin embargo este hombre que dice “amor mío” a cuanto ser que pase por delante, convive con el murmullo de quienes se ríen de su mensaje. “Sin ser cura ni pertenecer a ninguna religión, estoy interesado en dar estos mensajes. Por eso no tienen cómo encapotarme, ni esquemática ni dogmáticamente pueden circunscribirme”, aclara.

¿Qué es lo que persigue, en cada charla, este ex niño prodigio que sorprendió a todos respondiendo preguntas de mitología griega, cuando apenas era un niño, en el recordado programa Odol Pregunta? “La trascendencia del alma va más allá del cuerpo. Usemos el tiempo que tenemos un cuerpo, en el planeta, para develar quiénes somos realmente. Cuando los roles mueran, ¿quién queda? Cuando la energía quede, ¿quién persiste? Cuando se vayan de tu vida los que se te van, y te vayas vos mismo, ¿para qué viniste? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cumplir funciones biológicas y vegetar al cohete?”, son algunas de las preguntas que hace Domínguez, sin dejar tiempo para las respuestas.

Su éxito es traducible en números. Su último libro, Sé tu propio héroe, editado por Atlántida, es hasta el momento un inédito fenómeno de ventas en todo el país. Con una primera edición de 50 mil ejemplares a 45 pesos cada uno, el libro se agotó rápidamente. Por lo que se reimprimieron 30 mil ejemplares más. “La gerenta de la editorial me dijo que nunca un libro vende más en el interior que en la ciudad de Buenos Aires. Rompí con ese fenómeno. Es muy loco, estamos variando los esquemas”, advierte. Para la última Feria del Libro, la presentación del libro amontonó a dos mil personas dentro y fuera de la Sala José Hernández.

Entre quienes lo siguen a diario, Domínguez cuenta con una gran aceptación en el público femenino, “las odolitas de cuarenta para arriba”, y una gran cantidad de jóvenes que se animan a seguir sus consejos.

En la Web, el boom también se arrima a unas 250 mil personas, a las que les gusta, a través de Facebook, llegar a Claudio María Domínguez o Hacete Cargo, y a los que el espiritualista ingresa tres veces por día y durante una hora, para responderles o escribir acerca de la vida, los mantras y los karmas.

De aquel Domínguez que hacía unas treinta charlas al mes, con un promedio de 100 personas y a las que les cobraba 10 pesos a cada una, por presentación, a este momento de salas llenas y con 2.000 personas por fin de semana, hubo un largo camino recorrido. “A veces digo gracias y me pregunto en qué momento se abrieron las puertas del Mar Muerto. Una frase india dice que una gota de agua que cae sobre una roca insistentemente la va a terminar rompiendo. A mí me tardó 17 años poder romper esa roca.”

El ser, que asegura ser, no tiene dramas con el éxito. Aunque lo asume como una bendición y una consecuencia. “Hay un gran fracaso en todas las religiones que hizo que la gente no sea feliz. Le decían que vayan al templo, paguen el diezmo, que piensen en el 2012, que compren el producto de turno y salgan muertos de miedo para no amar la existencia, ni al otro. Que digan soy católico para decir judío o palestino de mierda”, reflexiona quien fuera criado en una familia acérrimamente peronista. “En mi casa son todos peronistas, mi abuela fue la primera mujer diputada en la época de Eva Perón. Mi madre vota por los huesos de Perón”, dice entre risas.

Las donaciones de ropa y alimentos que organiza Domínguez, y con las que llena varios camiones con acoplado, podrían estar resumidas en esa tradición política familiar. “Trato de no graficar estas colaboraciones ni decirlas, aunque algunos me digan que lo diga. Por eso tengo una lucha interna. ¿Por qué voy a decir que soy bueno? ¿Por haber donado un tomógrafo computado? Yo sé, a conciencia, a quiénes estamos ayudando y sé que esa ayuda llega a muchos. Ahora hay un par de cosas nuevas que han surgido. Decidí explicar a quién se lo donamos, porque va a ser a grandes instituciones”, explica sin prejuicio.

Su otro gran caballito de batalla con la conquista a más público es mediante la revista Un Mundo Mejor. “La mitad de la gente la busca con desesperación y la otra por curiosidad, pero la van a buscar. Este es un mérito del Grupo Vida que integra la señora de Daniel Hadad, Viviana Zocco, quien fue la que me impulsó a hacer esto.” El primer número sólo emitió 20 mil ejemplares. Pero a los pocos meses alcanzó la cifra récord de 140 mil ejemplares vendidos. Una de las claves del negocio está en que la revista se reimprime una y otra vez desde el primero al último número. “Trata del ego, del karma, de las relaciones humanas sanas. El fenómeno se ha tornado ilimitado, exponencial. Lo único que requiere es de humildad y gratitud. Humildad y gratitud”, repite como dando en el blanco de la clave del éxito.

El mundo de la política también hace eco del fenómeno. “De los diez popes que hay en la política actual, siete ya mandaron a alguien para pedir un consejo para meditar o para alimentarse adecuadamente. Y son de todas las variantes políticas. Si yo tuviera una pasión política determinada y un candidato que me hablase de la ecología, del amor a la naturaleza, del rol de la mujer, de los valores humanos en las escuelas, creo que le hago campaña. Mientras tanto, me limito a respetar que lo que tenemos es lo mejor que tenemos.”

El hombre que habla rápido y ahora sonríe también sufre su ego: “La obsesión es parte del ego, es decir que quiero un resultado. Todavía tengo ego, no soy un maestro trascendido. Y me apasiona la idea, me ilusiona y me entusiasma, que cada vez más gente se abra para que tengamos una vida que se llame vida. Un maestro tibetano me diría ‘dejate de joder’, lo que tenga que ser, que sea. Vos poné tu granito de arena sin esperar un resultado. Pero en las trampas de mi ego, yo todos los días espero los resultados. No para que me beatifiquen y me pongan en el pedestal, sino para que se olviden de lo que digo y que sean ellos los que lo digan y lo transmitan cada día de sus vidas. Últimamente me hice muy indulgente de esta frase: ‘El mensaje es lo que vale, no la personalidad del mensajero’. Si el mensaje es impecable, vayamos al mensaje. Algunos periodistas chotitos me dicen ‘vos sos el nuevo gurú espiritual’. Les digo que no, sólo intento ser un gran difusor de maestros espirituales”.

–¿Ante su éxito lo señalan como un mercader de la fe?

–Gano por lo que hago. Sí, ¿cuál es el problema? Vos ganás por lo que hacés. ¿No querés que yo gane? ¿Te gustaría que ande en bolas por el mundo? San Francisco de Asís había uno solo, comía semillas y granos. Aunque yo coma lo mismo, no puedo vivir de semillas y granos.
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