viernes, 29 de julio de 2011

Niños en el trabajo; padres en apuros

Niños en el trabajo; padres en apuros
Evangelina Himitian
LA NACION.COM
Mariano discutía con su jefe un tema de trabajo mientras Felipe, de cuatro años, se escabullía entre los escritorios y se entretenía cortando pedacitos de cinta scotch con los dientes. De pronto, se entrometió en la charla para hacer su aporte: "¿ Tanga cinta en da dengua ?", preguntó estirándola lo más que pudo.
Escenas como ésta se vivieron en muchas empresas durante las últimas dos semanas. Es que ir a trabajar con los padres se convirtió en un clásico de las vacaciones de invierno. A los adultos les resuelve un paseo económico, aunque tal vez, al final de la jornada "se arrepientan" de haberse embarcado en esa misión. Los chicos, por el contrario, regresan a casa en subte, colectivo o auto, convencidos de que fue el mejor paseo.
De hecho, cada vez son más las empresas que oficialmente incorporan el "Día de ir a trabajar con papá o mamá" a su política de recursos humanos. Es el caso de Metrovías, que desde 2008 tiene el programa "Aventura sobre ruedas" para los hijos de los empleados durante las vacaciones de invierno, o Telefónica y Movistar, que desde hace dos años organizan jornadas especiales para los viernes o actividades para el Día del Niño. Otras como Avón y Lexmark también organizan jornadas especiales para los chicos, entre muchas otras que adoptaron esta modalidad nacida de la cultura norteamericana.
Visitar el lugar en el que trabajan los padres puede ser una experiencia cautivante. Pero no sólo eso, también enriquecedora para la relación padre e hijos, según explicaron psicólogos especializados en familia, consultados por La Nacion.
Que los chicos puedan acompañar al padre o a la madre a su lugar de trabajo es altamente positivo, sobre todo porque amplía la visión de quién es el papá o la mamá fuera del ámbito familiar", explica Eva Rotemberg, directora de la Escuela para Padres ( www.escuelaparapadres.net ).
"Es algo muy positivo para la convivencia. El chico aprende a relacionarse de otra forma con su padre o madre; además, ayuda a formar la imagen mental de adónde va papá o mamá cuando va a trabajar", explica Mónica Cruppi, miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina e investigadora de temas de familia.
"También es importante que el padre y sus jefes tengan en cuenta que ése no va a ser un día de trabajo como cualquier otro. Podrá trabajar a medias, porque si no, si lo deja ocho horas abandonado frente a una computadora, en un ámbito que no es para él o sin prestarle atención, el efecto puede ser inverso", detalla Rotemberg.
Los especialistas explican que ser parte de una jornada laboral permite conocer al padre desde un lugar distinto, en un ámbito en el que interactúa con otras personas, en un rol diferente al que tiene en casa. Sin embargo, se debe cuidar que no sea una jornada muy larga, ni que el chico se sienta dejado de lado, porque se convertiría en una experiencia negativa para el vínculo del padre con el trabajo. También se debe tener en cuenta la seguridad del chico y que no se sienta forzado a permanecer en silencio o sin atender sus necesidades físicas en un mundo adulto.
Marina, de casi 4 años, llegó a la oficina de su madre convencida de que ella también iba para trabajar. Se sentó frente a la computadora y comenzó a teclear. "Estoy escribiendo sobre todo lo que pasó en las vacaciones", advirtió. Mientras su mamá intercalaba llamados e intentaba responder mails. Trabajar fue una misión complicada aquella tarde. Entre las preguntas, pedidos y consultas permanentes de su pequeña, a la madre le quedó poco resto.
Pasó poco hasta que el padre llegó para rescatarlas: a la hija y a la madre. Eso sí, antes hicieron una escala en las máquinas de golosinas.
Pilar, de 5 años, es hija de Gonzalo, que se desempeña en finanzas, en las oficinas centrales de Metrovías. Ayer fue a trabajar con su papá e hizo todo el recorrido por ese universo subterráneo. Fueron al centro de operaciones y pasearon por toda la ciudad bajo tierra. Salieron a la superficie cerca del Luna Park. La pequeña no entendía cómo habían llegado tan lejos y tan rápido.
Para Ramiro, de 6 años, uno de los mejores planes de las vacaciones fue ir al laboratorio en el que trabaja su padre. Le hizo un dibujo y pronto intentó ser parte de ese fascinante mundillo de tubos de ensayo. Así fue que le enseñó a medir el ph de los líquidos. Midió el del agua, de una gaseosa y del café. Volvió feliz a su casa y le contó a la mamá la experiencia, con la emoción de quien descubre su misión en el mundo. Muchos padres, en tanto, celebran que hoy sea el último día de vacaciones.

Un tiempo que es más que diversión

"El tiempo de recreación para los niños es más que sólo diversión y juegos. Es esencial para su desarrollo y para el bienestar. Jugar con los padres es una parte fundamental de ese desarrollo saludable", señala un informe clínico de la Academia Americana de Pediatría (AAP) que se difundió hace unos días.
Este estudio puede ser una palmada de aliento para los padres al finalizar las vacaciones de invierno. Sobre todo para aquellos que se multiplicaron a sí mismos para organizar actividades que satisficieran a sus hijos y los mantuvieran ocupados durante el receso escolar.
La buena noticia es que no se necesitan grandes inversiones de dinero. Según estos datos, ir a un parque o a una plaza con ellos o sentarse en el piso del living sólo para dedicarles tiempo mejora sustancialmente el sentido de bienestar familiar de un niño y también el de los padres.
Otro informe elaborado por un proveedor de seguros de vida de los Estados Unidos midió la relación que hay entre el bienestar familiar y el tiempo que pasa junta una familia.
Aporta datos concretos: cuanto más tiempo la familia pase junta, mayor será su sentido de bienestar familiar. Por ejemplo, los padres que participan en 12 actividades semanales con su hijo tienen un puntaje de bienestar familiar que es el 20 por ciento más alto que aquellos que no participan en ninguna actividad.
Además, los padres que visitan a diario una plaza, un parque o un espacio de juegos bajo techo con su hijo tienen un puntaje de bienestar familiar 14 por ciento más alto que aquellos que nunca lo hacen.
El estudio sobre ese tipo de compañerismo familiar fue dirigido por Harris Interactive y encargado en enero pasado.
"El niño naturalmente es inquieto. Se mueve, crea su propio espacio, arma su juego. Son experiencias incesantes, enriquecedoras y de extraordinario valor para su desarrollo y maduración", apunta un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que señala algunas paradojas que suelen darse en relación con el juego y los niños argentinos: "Los padres y encargados de su cuidado pueden reprimir innecesariamente estas actividades".
Contradicciones
El informe de la SAP señala la contradicción de que muchos padres evitan las plazas o el juego en la vereda, como era frecuente generaciones anteriores, por la inseguridad. "En los recreos no se puede correr por el riesgo de accidentes y los paseos son casi siempre en auto", indica el documento, al señalar algunas de las razones que alimentan el sedentarismo en los niños. Entre las recomendaciones: "Permitirse disfrutar de los juegos, el ejercicio y, por sobre todo, gozar de la libertad de movimiento".
El documento de la AAP afirma que el juego dirigido o impulsado por el niño mismo contribuye al bienestar cognitivo, físico, social y emocional de los chicos y jóvenes. Permite a los niños desarrollar su imaginación, destreza y habilidades físicas, cognitivas y emocionales. Enseña a los niños cómo trabajar en grupo, cómo compartir, negociar y resolver conflictos. Los ayuda a practicar cómo tomar decisiones y a descubrir nuevos intereses.
"Las interacciones padre-hijo que ocurren durante el juego ayudan a desarrollar relaciones duraderas y son una parte esencial de ese desarrollo saludable", afirma.

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