domingo, 24 de julio de 2011

No dejes que la rutina apague tu pareja: encendete


Dicen que la incertidumbre, la novedad y el erotismo se llevan bien. Que son el combo perfecto. Y que la rutina y la costumbre, por el contrario, destruyen cualquier forma de deseo. Eso dicen y así pasa muchas veces. Pero no es justo y no se repite indefectiblemente en todos los casos: la estabilidad, el bueno amor, la certeza de entregarse a alguien que estará ahí, dispuesto, no tiene por qué atentar contra una buena sexualidad y una vida plena.
Depende de nosotros. Es la pareja la que va quitando condimento a los encuentros, la que se deja estar, la que permite que la seguridad se vuelva monotonía y mate la pasión. Si querés, podés desafiar ese destino que parece obligado y disfrutar una pareja genial, con buenos momentos de alto voltaje, durante muchísimos años.
La ciencia tiene algo para aportar: la antropóloga Helen Fisher, que ha centrado sus investigaciones en el proceso amoroso, asegura que el cóctel de hormonas que se desata en la primera fase del enamoramiento, la más lujuriosa, apenas dura unos años. En cambio la oxitocina, la que nos conduce al apego, es la más permanente. La clave, entonces, estaría en añadir unas gotas de complicidad, de, riesgo, de juego y picardía cuando los años empiezan a arruinar la excitación de la novedad.
Otro riesgo a evitar es la excesiva familiaridad del vínculo: la pareja es pareja. Cuando la relación parece de madre/hijo, hermanos, compañeros, el erotismo se apaga. La incondicionalidad, el dar todo por sentado, no ayuda.
Es un límite delicado, porque la familiaridad ofrece confianza y seguridad, pero apaga el deseo.

Una sana cuota de riesgo
La terapeuta Esther Perel, autora del libro Inteligencia erótica (best seller en Estados Unidos) y profesora de la Universidad de Columbia, sentencia: "El erotismo doméstico está cubierto por un velo de corrección (...) El rechazo sexual por parte de la persona que amamos es especialmente doloroso. Por lo tanto, nos sentimos menos inclinados a arriesgarnos eróticamente con la persona de la cual dependemos tanto, y cuya opinión es tan importante para nosotros. Preferimos censurarnos a nosotros mismos y mantener un guión erótico estrictamente negociado, aceptable y hasta aburrido, antes que arriesgarnos a salir lastimados".
La especialista propone sumar a la pareja, cada tanto, una sana cuota de riesgo. Hay parejas que utilizan los celos como ingredientes para activar sus relaciones sexuales, que se tornan fogosas cada vez que en la escena irrumpe el fantasma de perder al otro.
La satisfacción sexual en el ámbito doméstico requiere lo que se deja de lado: voluntad, esfuerzo, acción. Es un mito que el deseo llega solo. Hay que trabajarlo. El sexo no está asegurado en la pareja: si lo descuidamos y abandonamos la seducción, la provocación, la apatía, el aburrimiento y la mediocridad se instalarán en la cama.
Cuando toda la ceremonia queda reducida a la genitalidad, cuando no hay cortejo, risas, juegos, el sexo empieza a aburrir. Sólo funciona como descarga, pero el deseo no fluye.
Es clave dedicar tiempo a la imaginación y al autoerotismo. Planificar un encuentro erótico con la pareja suscita lo que se llama una fantasía anticipatoria. Con ella, la mente, el principal órgano sexual, se pone en marcha para elaborar un afrodisiaco mucho más potente que cualquier fármaco. Generar tensión sexual está en tus manos

¿El sexo es espontáneo?
El mito está instalado como pocos en el imaginario colectivo: el buen sexo es espontáneo; planificar un encuentro es la antítesis del deseo; si no tengo ganas es porque el amor se acabó o mi pareja dejó de interesarme. Nada que ver. Al deseo hay que laburarlo y al sexo, cuando hay chicos, trabajo, obligaciones, muchas veces hay que programarlo.
El tema "hijos" es clave. El espacio que se deja en la agenda para el erotismo se torna insignificante cuando llega la prole. Y en el peor de los casos desaparece. Se suele pensar que un hijo es garantía de unión, pero si no hay esfuerzo mutuo para mantener viva la pasión, la llegada de un bebé o la presencia de los hijos muchas veces distancia a la pareja.
entremujeres.com