miércoles, 21 de octubre de 2009

Las armas contra el cáncer de mama

Una de cada 8 mujeres padecerá cáncer de mama a lo largo de su vida pero, detrás de esta cruda realidad, la medicina se enfrenta a la enfermedad desde todos los frentes garantizando un porcentaje de curación nunca antes visto. ¿Quieres conocer sus armas?
Cada día en España, 44 mujeres reciben la mala noticia: Tienen cáncer de mama. En total en un año, aparecerán alrededor de 16.000 mujeres con esta enfermedad. Tal es su frecuencia, que es el principal tipo de cáncer entre el sexo femenino y, también, su segunda causa de muerte.
Hace apenas unas décadas, la mitad de las mujeres con cáncer de mama moría por esta enfermedad. En la actualidad, el porcentaje de curación oscila en torno a un 82%. Las claves para este avance: Una vigilancia prudente, un desarrollo de un arsenal terapéutico cada vez más variado, efectivo y específico y un mayor conocimiento del enemigo canceroso. Así se forja el combate contra el cáncer de mama:

El mejor ataque es una buena defensa
Uno de los factores que más ha contribuido en el aumento del porcentaje de curación del cáncer de mama ha sido el diagnóstico precoz. La detección temprana gracias a la autoexploración, la exploración clínica y, especialmente, a las campañas de mamografías programadas a partir de los 45 años han permitido restringir enormemente la mortalidad de esta enfermedad. Al detectar con antelación la presencia de un tumor en sus inicios, se multiplican las posibilidades de una curación exitosa. Tanto es así, que las mujeres mayores de 50 años que acuden a realizarse las oportunas mamografías reducen en un 30% la mortalidad frente a esta enfermedad.

Predecir el ataque enemigo
Aunque la mayor parte de las mujeres con cáncer de mama no tienen una predisposición genética conocida (es decir, aparecen de forma espontánea o esporádica) existen ciertas mujeres (del 5-10% de las afectadas por cáncer de mama) que sí han heredado una fuerte predisposición a padecer esta enfermedad. La sospecha comienza cuando en una misma familia existen dos o más mujeres (dependiendo del grado de parentesco) que han padecido cáncer de mama o esta enfermedad aparece a edades muy tempranas (antes de los 30 años o a los 40 si aparece en las dos mamas) o se da en mujeres que también han tenido o tienen un cáncer de ovario.
Ante los criterios anteriores, se ponen en marcha las unidades de consejo genético para investigar los genes implicados en la predisposición y, a su vez, dar asesoramiento a las familias y apoyo psicológico.
Así, por ejemplo, detectar que una mujer es portadora de una mutación en el gen BRCA1 o del gen BRCA2 implica que tiene entre un 50% y un 85% de probabilidades de padecer un cáncer de mama (además de otros cánceres) a lo largo de su vida. Conocer estos datos permite hacer una vigilancia intensiva y especial para detectar cuanto antes el cáncer o incluso evitarlo con extirpaciones de mama preventivas según la decisión de la paciente.

Ataque desde todos los frentes
La actuación frente al cáncer de mama es uno de los ejemplos más llamativos de trabajo conjunto en medicina. Ginecólogos, oncólogos, enfermeras, biólogos moleculares, patólogos, radiólogos, psicólogos, cirujanos plásticos... Todos ellos están implicados, en mayor o menor medida, en la lucha contra esta enfermedad. El trabajo conjunto y coordinado entre ellos ha ayudado muchísimo no sólo a conseguir un mayor porcentaje de curación sino también de aumentar la calidad de vida de la mujer con cáncer de mama.

Espionaje al enemigo
Aunque, de forma coloquial, nos refiramos al cáncer de mama como una única enfermedad, lo cierto es que conforme más sabemos sobre ella más sabemos lo distintos que pueden ser un cáncer de mama de otro. Estas diferencias son esenciales porque pueden suponer una vulnerabilidad al tratamiento o una agresividad muy diferentes. Al comienzo del todo, los únicos criterios eran morfológicos pero, conforme han ido pasando los años y aumentando los conocimientos sobre el cáncer, más criterios se han ido teniendo en cuenta para catalogar y fichar con cada vez más precisión al enemigo. En la actualidad, además de los morfológicos, para estudiar el de mama se utilizan criterios microscópicos (anatomo-patológicos), moleculares, hormonales, radiológicos e incluso genéticos.
Tras estos estudios especializados podemos prever la respuesta a un determinado medicamento o la agresividad del tumor. Así, por ejemplo, aquellas mujeres que poseen un cáncer de mama positivo para la proteína Her2 van a tener un cáncer muy agresivo pero también muy vulnerable a fármacos específicos, lo que aumenta las probabilidades de éxito.

Un arsenal variado y cada vez más potente
El arsenal terapéutico contra el cáncer de mama ha ido incrementándose en muy pocos años pero también siendo más específico y coordinado en el ataque contra el tumor. Ahora mismo, la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia, la terapia hormonal y los novedosos tratamientos biológicos se aplican de forma diferente, personalizándose a cada tipo de tumor. El objetivo ideal (que se está consiguiendo poco a poco con los tratamientos biológicos) es combatir directa y específicamente al tumor sin agredir al resto de tejidos sanos del cuerpo de la mujer como ocurre con la quimioterapia.

Menos daños colaterales
Como decía anteriormente, los esfuerzos en la mejora de los tratamientos no sólo permiten mayores tasas de curación, sino también menor daño en los tejidos sanos. Esto se consigue personalizando al máximo cada terapia. Uno de los logros en este sentido con mayor importancia es el continuo descenso de la aplicación de mastectomías (extirpación de mamas). En la actualidad, en torno al 50 o al 60% de mujeres recurren a esta drástica medida para tratar con éxito el tumor. Hace unas décadas, la mastectomía era prácticamente la norma. Aún así, cuando esto no puede evitarse, la cirugía plástica y reparadora permite conseguir, en la mayoría de los casos, un buen aspecto de la zona extirpada.
Tampoco hay que olvidar los logros que se están obteniendo en la disminución de la extirpación radical de ganglios linfáticos de la axila gracias al estudio del ganglio centinela (que nos avisa por dónde existen células tumorales y por dónde no).

Sin bajar la guardia
El cáncer de mama puede volver a aparecer después de un tiempo, tras un tratamiento que parecía haberlo eliminado por completo. La probabilidad de que esto ocurra depende fundamentalmente de la extensión previa del tumor cuando comenzó a tratarse. Por ello, el seguimiento controlado de las mujeres que lo han padecido resulta muy importante, para actuar cuanto antes y, sobretodo, sin bajar la guardia: el cáncer que reaparece puede ser en un 15-20% diferente en sus características biológicas del cáncer inicial.

soitu.es

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