miércoles, 28 de octubre de 2009

Terapia de grupo para sobrellevar las migrañas

Por Verónica Dema

De la Redacción de lanacion.com

Para los que no saben qué hacer con su dolor, no hay especialista o medicamento que los alivie más que escuchar a otra persona dolorida. Sentarse en círculo, tranquilos y escucharse. Las personas que sufren de migrañas (más de 5 millones de argentinos, se estima) encuentran en los grupos de autoayuda un remedio alternativo para este pesar que los acompaña en gran parte de su vida.

Según la médica Bibiana Saravia, una de las fundadoras de la Asociación Argentina de Cefaleas , en general, las migrañas comienzan entre los 10 a 20 años, son muy severas y frecuentes entre los 20 a 40 años y comienzan a disminuir después de los 50. Se pueden tratar para que el dolor se reduzca, pero no hay garantías de cura.

Una sesión terapéutica. La doctora Mónica Diez, neuróloga y psiquiatra, convoca a pedido de lanacion.com a un grupo de pacientes; los cita en el consultorio de un colega, un departamento en un pasaje silencioso de la Capital. Allí recrea el espacio de autoayuda en el que ella cree tanto. "Nada, ningún tratamiento es tan importante como la palabra de otro paciente; lo que le puede confiar un par es mucho más valioso que lo que le diga un médico", cuenta Mónica mientras espera a sus pacientes.

Suena el timbre. Llega María del Carmen Santisteban, una paciente que conoce hace 11 años: "Es anti automedicación", la define Mónica. Dice que Carmen aprendió esto y, a la vez, lo difunde en los grupos de los que participa. Después de ella llegarán el arquitecto Alberto Mizrahi, el artista plástico Miguel González Diez y Flavia Zaputovich, ama de casa.

Mónica, la médica, asume el rol de coordinación. Tiende más bien a intervenir poco. Empieza Carmen: "Antes de ir a los grupos sentía que reconocer mi dolor de cabeza era algo casi vergonzoso, me sentía una estúpida porque está mal visto, parece una excusa para no trabajar; así te ve la sociedad. En el grupo todos te entienden". Así María del Carmen empezó a mejorar y pasó de necesitar infiltraciones hasta hoy, que apenas toma paracetamol y así controla su dolor.

Desde ese momento, cuando María del Carmen rompe el hielo, empiezan a sumarse más voces y ya el grupo adquiere su dinámica y ya nadie parece acordarse del micrófono y la cámara.

El artista plástico Miguel González Diez se presenta y cuenta que hace 30 años que padece migrañas. Trata de convertir su dolor en arte. "En mis esculturas se trasluce mucho de lo que siento", dice. "Ahí me expreso".

Alberto Mizrahi parece apurado por decir que él no sabe qué hacer con su dolor. "A mí me despierta y me levanto con la cabeza hecha una tromba. Es mucha impotencia porque tenés que salir al ruedo, tenés que trabajar y anduviste toda la noche haciendo un té, tomando pastillas", habla y su voz es una queja. Cierra diciendo que ya no sabe qué pensar, que le dio muchas vueltas a su malestar. "Soy un hombre de fe: ¿será que mis errores se me expresan en este lenguaje?", dispara.

La pregunta queda flotando en el aire. "El grupo nos va a ayudar a mirar que nosotros no nos generamos el dolor, ni es un castigo ni nada", dice la coordinadora. Propone reconocer disparadores del malestar e indagar en las mejores formas para evitar esas circunstancias, además de encontrar el tratamiento que los contenga.

Flavia Zaputovich es ama de casa y quiere hablar de sus "insoportables accesos de dolor", como ella los nombra, que la mantienen durante 4 ó 5 días en otro mundo. Habla de sus tensiones corporales, de cómo le cambia la cara, la mirada, el ánimo y de los malabares que tiene que hacer para seguir el ritmo de su esposo y sus hijos. "Me viene esa cosa de enojo y bronca porque quiero estar bien, buscar a mis hijos al colegio, pero mi cuerpo me pide bajar las persianas de casa y no salir más", cuenta. "Por eso viene el bajón".

Ellos saben que el dolor de cabeza vuelve siempre, pero se reúnen para sentirse menos solos y ayudarse a focalizar en los momentos de placer, ese espacio que es la antítesis del mal que padece.

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