martes, 20 de octubre de 2009

Chips en seres humanos: la realidad supera a la ficción


Los perros suelen llevarlos en las orejas o en el cuello, pero la tecnología utilizada es la misma. Se suele promocionar bajo el lema "Identificar, Localizar, Proteger" en sociedades con problemas de inseguridad ciudadana. Los microchips suelen ser tan diminutos como un grano de arroz.
Los adultos todavía son un poco más reticentes y temen por su intimidad, pero los compradores del futuro no tienen ningún problema en llevar un chip en el brazo, a modo de billetera.
El cine de Hollywood nos ha asustado con sus visiones apocalípticas sobre el futuro, los chips, el control de los cuerpos y las mentes, pero nada: la realidad siempre supera a la ficción, como dice el dicho, y los humanos siguen prefiriendo la comodidad por encima de todas las cosas. Que para lograrlo hay que insertarse un aparato tecnológico de tamaño diminuto pero extraño al cuerpo al fin y al cabo, pues se hace y punto.
Naderías como que invaden la intimidad de las personas o que permiten alterar su historia clínica, no importan por ejemplo a los consumidores británicos, que están dispuestos a someterse a una implantación de microchip con tal de evitarse las molestas colas que se forman a la hora de pagar, ya sea con tarjeta de crédito o con dinero en metálico.
Anti-fraude
Así se desprende de una encuesta realizada por el Instituto británico para el Estudio del Sector de la Alimentación (IGD), según la cual uno de cada diez adolescentes (y uno de cada veinte adultos), reconoce estar dispuesto a llevar un microchip dentro. Eso sí, ellos le ven el lado positivo al asunto, claro está. Es por ello que destacan como determinante el hecho de ayudar a prevenir los fraudes relacionados con las tarjetas de crédito, que no son pocos.
De esta manera, se evitarían la moneda externa y un escáner permitiría leer el microchip, para conectarse directamente con los datos bancarios y de pago del cliente.
Los más críticos creen que no hace falta ir tan lejos para evitar los fraudes; recordemos que estos chips son los mismos que ya se utilizan para tener controlados a perros y gatos. Vamos, una especie de Gran Hermano que todo lo ve (el de George Orwell, no el de Mercedes Milá en Telecinco) pero a escala animal. Muchos humanos prefieren seguir evitando este trago y ya han pensado en otras soluciones para pagar, como las huellas dactilares o las técnicas de reconocimiento del iris ocular. Nada que no hayamos visto antes en las películas de ciencia ficción a las que el gobernador californiano Arnold Schwarzenegger nos tiene acostumbrados.
Barcelona "¿is different?"
Lo más curioso de todo el asunto es que ni siquiera es necesario hablar de ciencia ficción, pues ya existe un caso real de implantación de microchips en el cuerpo humano para pagar, y además, en España. Se trata de la zona VIP de un club idem de Barcelona, cuyos clientes (que suelen ir en traje de baño) no pueden guardar monederos ni billeteros, así que ni cortos ni perezosos llevan "los dineros" en el brazo, así como suena, por medio de tecnología perruna.
Así las cosas, dice el estudio que los consumidores que más temen por su privacidad son los adultos, sobre los que George Orwell y su 1984 pudo tener alguna influencia. Sin embargo, los adolescentes, que para el caso son los compradores del futuro, no tendrán ningún prejuicio a la hora utilizar los dichosos chips.
Control de inmigrantes
Pero algo de eso de invadir la intimidad debe de haber de cierto en el asunto de los microchips, cuando en pleno debate de inmigración en EEUU, el presidente de la compañía VeryChip llegó incluso a aconsejar al presidente George Bush que se los implantara a los inmigrantes. El objetivo, sólo uno y trino: tenerles controlados.
laangosturadigital.com.ar

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