martes, 18 de enero de 2011

¿Embarazo tóxico?

(Ilustración: El Mundo)
Un análisis estadounidense ha hallado restos de cientos de productos tóxicos en la sangre del 99% de mujeres embarazadas, lo que demuestra la omnipresencia de este tipo de sustancias, pese a que algunas de ellas están prohibidas en aquel país desde los años setenta. Aunque el trabajo no ha relacionado esta presencia con problemas de salud, sus autores sí advierten de que pueden tener consecuencias para la salud del feto.
(Ilustración: El Mundo)
El análisis que publica la revista 'Environmental Health Perspectives' se realizó sobre 268 mujeres embarazadas, y lleva el aval del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Medioambiental.
En total se rastreó la presencia de 163 sustancias diferentes, desde los pesticidas organoclorados (como el DDT, cuyo uso ya está prohibido), hasta el bisfenol (presente en algunos tipos de plásticos y cuyo uso en biberones, por ejemplo, ya está prohibido en países como Canadá, EEUU o la Unión Europea).
Algunos de dichos tóxicos se encontraron hasta en un 99% de las mujeres gestantes, aunque los investigadores (dirigidos por Jackie Schwartz) reconocen que no se hallaron concentraciones superiores a las que pueden encontrarse en cualquier mujer no embarazada. En algunos casos, los niveles eran incluso inferiores, probablemente, apuntan, debido a algunos cambios de comportamiento (dejar de fumar).
Como explica a ELMUNDO.es Nicolás Olea, investigador de la Universidad de Granada, el problema se presenta además por la convivencia de múltiples de estos productos en el organismo. A su juicio, la evaluación de su seguridad se realiza siempre en términos individuales, lo que no tiene en cuenta el efecto "sumatorio, aditivo o multiplicativo" que pueden tener varios compuestos tóxicos que comparten un mismo mecanismo de acción.

España, en la media

En este sentido, Jordi Sunyer, coordinador del proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente) confirma que los datos españoles también muestran niveles muy similares tanto en gestantes como en la población general. Esta iniciativa sigue desde hace años a casi 3.000 niños de toda España: desde que aún estaban en el útero materno hasta que han cumplido, en algunos casos, los 14 años.
Según los resultados de este proyecto español, la presencia de tóxicos tanto en la sangre materna como de sus hijos "está dentro de la media de un país desarrollado, excepto en el caso del mercurio, donde tenemos los niveles más altos del mundo debido a nuestra dieta rica en pescado". Eso no quiere decir, aclara inmediatamente, que haya prescindir de este alimento en el embarazo, únicamente de especies 'ricas' en mercurio, como el pez espada o el atún.

Peligros para la salud

Los investigadores estadounidenses reconocen que el estudio no se diseñó para evaluar qué consecuencias para la salud podría tener este 'cóctel químico', aunque sí advierten de que habrá que ser cautos. "Los tóxicos se hallaron en una concentración a la que muchos de ellos ya han demostrado sus riesgos en estudios de laboratorio", subraya Tracey Woodruff, otro de los autores, al frente del departamento de Salud Reproductiva de la Universidad de California San Francisco (EEUU).
Entre otras cosas, dichas sustancias (hidrocarburos policíclicos aromáticos, ftalatos, difenilo...) podrían tener consecuencias como un parto prematuro, bajo peso al nacer, defectos congénitos... sobre todo teniendo en cuenta el efecto acumulado de varios de ellos sobre el organismo.
"En general", añade Sunyer, "nuestro metabolismo es capaz de controlar los miles de compuestos químicos que nos pueden llegar a diario". El problema, destaca, se produce con los tóxicos más persistentes (como los compuestos organoclorados, del tipo de las dioxinas que estas semanas han causado el pánico en Alemania) que se van incorporando poco a poco en los tejidos.
Sobre dichos compuestos se va extendiendo una legislación cada vez más estricta, aunque como destaca el coordinador de INMA, lo importante es ir sustituyendo su uso por otros menos tóxicos (como ya ocurrió en el pasado con los pesticidas organoclorados por otros menos contaminantes).
elmundo.es