sábado, 29 de enero de 2011

“Clítoris”: cómo ser mujer en el mundo del cómic

Aunque no se admite “feminista”, Patricia Breccia es la madrina de Clítoris, una revista que asoma entre las pilas de cómics de aventuras y superhéroes que, casi por definición, tienen dos características invariables: sus creadores suelen ser hombres y la representación que hacen de las mujeres –desde el guión al trazo de su silueta– es sexista. Así lo comprobó Mariela Acevedo, directora de la revista, a medida que avanzaba en su investigación académica sobre la mítica Fierro y la mirada que la publicación del cómic local le dedicaba a su género. “La revista más importante tiene una connotación muy masculina hasta en el nombre: la idea de los fierros, las armas, los autos, el Martín Fierro…”, reflexiona.
Del tono ocurrente y desdramatizado de los stencils que vieron nacer en marchas feministas, como el de “ninguna mujer nace para puta”, surgió el juego de palabras que le dio nombre al proyecto editorial. “De pensar en la palabra clítoris y la idea de placer, llegamos a: ‘buscá tu clítoris’ o ‘encontrá tu clítoris en el quiosco’. Era divertido jugar con los slogans”, relata Acevedo, que lidera la revista que tiene a Hernán Bayón, un hombre, como editor. La redacción se completa con Romina Rodríguez, estudiante de sociología, experta en historia del movimiento anarco-feminista; Ernestina Arias, periodista y fotógrafa de ANRed que le da un perfil social al proyecto y las responsables del área visual: Florencia Pastorella y Paula Martínez.    
A la entrevista a Patricia Breccia publicada en el número cero de Clítoris, ganadora del certamen Abelardo Castillo de revistas culturales, se le suman trabajos de historietistas como la mexicana Cintia Bolio, la colombiana residente en España Nani Mosquera, Aniel (una transexual que cuenta el proceso de adaptación a su feminidad en una tira), artículos sobre anarquismo, un ensayo del prócer Alan Moore, entre otras lecturas y viñetas. Y aunque una convocatoria es manifiestamente abierta, tiene sus dificultades.

¿Existen suficientes historietistas que coincidan con su planteo teórico?
Mariela Acevedo: Sí, pero a muchas hay que “venderles” la revista. El campo es bastante reducido, se conocen todos, y algunas dijeron que no, que no querían ser Maitena: “Quiero desmarcarme de mi cuestión de género, que no se fijen que soy mujer”. Esa fue la respuesta de las historietistas más jóvenes, porque las que tienen más experiencia en el campo y lo han sufrido, nos dijeron que sí.
Hernán Bayón: La idea también es darle espacio a otras voces que tengan una mirada feminista. Alan Moore, uno de los grandes que revolucionó la historia del cómic con Watchmen, V de Vendetta, justamente rompe con los clichés del mundillo de los superhéroes. En este artículo da cuenta de la representación de las superheroínas en el cómic, con una mirada muy crítica al machismo.
Romina Rodríguez: Y la necesidad de articular en un medio las experiencias propias con las experiencias activistas y repensarnos en la historia. No solamente las mujeres porque los cuerpos pueden variar, y también poner en palabras las experiencias que no son visibles, que no se muestran en ningún lado porque están muy corridas de la experiencia femenina hegemónica. 

¿La representación de la mujer en la historieta tiene más que ver con el trazo, con el diseño de la figura femenina o el lugar se le da en el guión?
Hernán Bayón: Todo está integrado, desde el lugar que tuvo la mujer en los inicios del cómic hasta la forma de estilización de su cuerpo y el discurso que tiene como heroína: marcan un lugar machista. La presencia de la mujer en la historieta es relativamente nueva, ya que en sus inicios estuvo hegemonizada por Batman, Superman y recién en la década del 60 comenzaron las mujeres a tener más importancia como súper heroínas, aun desde una mirada masculina.
Mariela Acevedo: Por un lado, la socialización de las mujeres es diferente y no se ha promovido su entrada en el mundo público, así sea en el cómic, el cine o la cultura en general. Cuando lograron entrar –como estas historietistas que nos dijeron que no– pusieron en juego estrategias de supervivencia, como reproducir un discurso machista, sexista, las que dicen “nosotras hablamos de cosas de mujeres: depilación, dieta y belleza”. Nosotros, en cambio, queremos hablar de violencia, de derecho al aborto, de reparto de las tareas en el hogar, de placer, de posibilidad de generar nuevos discursos en relación a las mujeres. En las historietas, aunque no sean feministas, tienen que ver con la experiencia corporal de ser mujer en el mundo.

Las minas de Altuna y las alteradas
De curvas pronunciadas, labios carnosos –“como si fueran de goma”, dice Patricia Breccia– las mujeres que dibuja Horacio Altuna son el parámetro del punto de vista masculino puesto en la mujer. “Las minas que yo dibujo parece que tienen frío a veces. Están desnudas pero la actitud corporal es diferente, son eróticos, pero tienen otra mirada”, completa la historietista en la entrevista de Clítoris. 
Mariela Acevedo: Maitena, antes de hacer Mujeres alteradas hacía Coramina, un cómic con mujeres muy reales, y La fiera, que era una especie de sexópata. Después hizo El langa, que era maravilloso, que mostraba a un tipo que se agrandaba en la oficina con las mujeres y en realidad no ganaba nada. Era una manera de mostrar el sexo masculino muy crítica.
¿Y qué le pasó a Maitena?
Mariela Acevedo: Ella lo explica en una entrevista, que era complicado meter el trabajo acá: “Si sos mujer y escribís de sexo, sos una reventada”. Esto en los 80. Y comenzó a hacer algo más inocente, trabajar para afuera y como cada vez le pedían cosas más eróticas, luego se dedicó a la ilustración. Hasta que le llegó la propuesta de Para Ti de hacer algo de ese estilo. Para mí es una reproducción de un discurso.
Romina Rodríguez: Aunque todos los discursos pueden tener una lectura resistente, incluso Anteojito.
Hernán Bayón: Se transparentan los discursos que están circulando. En este sentido, cuando ves una heroína súper curvilínea responde a un ideal de belleza machista, o la mujer que es rescatada desde el lugar frágil por el superhéroe, o la mujer estilizada que tiene un discurso machista como en Clara de noche, que da mucha tela para cortar. Tiene que ver con la erótica de los cómics, donde el deseo de la mujer está siempre desde el lugar del hombre.
Mariela Acevedo: Hay dos tipos de mujeres en el cómic tradicional: está La Eulogia (de Fontanarrosa) o la chica Altuna, la madre castradora o la puta. Y en Clara de noche, justamente, se ve eso: la mujer de la casa que es la reproductora, madre y esposa, y la mujer sexual. Y Clara de noche sintetiza ahí una cosa interesante, que es la maternidad, porque ella es madre. Lo que está ahí es la mirada masculina.

En el cómic se ponen a circular los discursos de manera más inmediata, porque opera otra mediación, que en la literatura por ejemplo. ¿Qué sucede con las cosas que están cambiando como el casamiento igualitario y DNI para transexuales?
Hernán Bayón: Hay un primer paso pero todavía falta. Porque en la intimidad se busca a la puta y la madre en el mismo lugar y al mismo tiempo se sanciona a la mujer como puta en la esfera social. Se da una contradicción: pueden circular y aceptarse muchos discursos pero las prácticas son importantes. No hay que quedarse en la teoría o con ciertos logros; hay que hacer un cambio de la práctica discursiva mucho más profundo.
Mariela Acevedo: En primer lugar, hay avances a nivel legal y a nivel de conciencia –vos hablás hoy con una persona que hace 10 años te decía una brutalidad y no se daba cuenta, y ahora lo piensa; lo que te está diciendo no es lo que realmente piensa pero sabe que lo que realmente piensa está mal, y se lo guarda– pero vos ves los discursos en la televisión y parece que no hubiera cambiado absolutamente nada. A nivel simbólico, atrasamos: ponés la tele y las publicidades son nefastas, la programación es nefasta y vos te das cuenta que realmente estamos avanzando.

¿Eso es una cuestión de tiempo o que circulen más otros discursos?
Mariela Acevedo: Es una cuestión de democratización de los medios. Necesitamos nuevas voces, nuevos canales. No es que “está mal que digan esas cosas”, que las sigan diciendo, pero que haya contrapeso, oportunidad de oír otros discursos, de ver otras cosas, otras mujeres, otras personas: que haya diversidad.
¿Cómo se piensan como un medio de comunicación y al mismo tiempo desde una postura que alienta el prejuicio, como es la feminista?
Romina Rodríguez: El feminismo no es un pensamiento estancando ni uno solo, y el desafío es hacer que la otra persona revise ese prejuicio. Cada uno se puede apropiar del feminismo de la manera que le plazca. Cuando decís feminista a veces te dicen: “¿Qué, querés matar a todos los varones?” Discutámoslo. Hay que empezar a hacernos cargo de que esa palabra, al igual que clítoris, provoca algo.
Hernán Bayón: Clítoris es un lugar de encuentro de discursos disruptivos que buscan crear otras formas de representación y nuevas formas de socializar otros discursos que están circulando y que están empezando a ser visibles.
Mariela Acevedo: Por un lado buscamos a los lectores de historietas que no son feministas (porque se formaron leyendo historietas) y por otro a las feministas que no leen historietas (porque son sexistas), así que tenemos que construir, que se crucen los públicos. La idea es que sea accesible, no solo de teoría, para los que no están tan en contacto con las teorías de género. El humor gráfico te entra con una sonrisa, hace que el feminismo no sea esa cuestión de denuncia constante –que es verdad que hay que hacerlas, hay cosas gravísimas– porque estás hablando de violencia.

La pata social
Ernestina Arias: Clítoris es una puerta más que se le abre a mucha gente para ese cambio cultural y mental, esa perspectiva nueva que se le puede dar a un montón de temas y abordajes que desde los medios masivos les está vedada, porque se les ofrece como un producto terminado sobre determinado pensamiento y ese es el modelo a seguir. Trabajo en varios barrios y ahora con adolescentes en Merlo, en proyectos de radio, boletines, comunicación, y es eso lo que ellos tienen en primera instancia de consumo: lo que te dice un medio masivo sobre la estética, la belleza, las relaciones, el querer ser, el querer pertenecer. Son adolescentes y están en una etapa de construcción de su ser, su identidad que los va a marcar de por vida.
Mariela Acevedo: Bueno, la historieta es un medio accesible, democrático, económico para los lectores: por pocos pesos te comprás una revista de historietas. Pero es muy copado como medio para hacer cosas, porque para producir una historieta necesitás hoja, papel, tinta, un escáner y listo. En ese sentido es mucho más democrática que hacer un corto, que necesitás actores, vestuario, locaciones: plata. Contar una historia gráfica es accesible y seductor, no es un panfleto, no te estoy tirando feminismo en grandes dosis.
Ernestina Arias: No solamente a nivel discursivo significa una ruptura, establecer algo nuevo, sino que eso tiene que ir acompañado de una práctica, que tiene que ver con la inserción en muchos lugares donde cualquier espacio cultural les está vedado. Son chicos y chicas que no van a venir a ver una obra teatral, no van a ciertos recitales: tienen un montón de necesidades previas que satisfacer para poder estar en un ámbito de discusión un poco más amplio. Entonces, la propuesta de que se apropien de la herramienta, este movimiento lo ha tomado desde hace tiempo y lo está trabajando en diferentes barrios.
Romina Rodríguez: Cuando llega la propuesta, lo pensé como una herramienta política en el amplio sentido de la palabra que puede potenciar muchos cambios individuales como colectivos. Es mucho más que una revista de historietas

¿No creen que los discursos contrarios al feminismo, por sutiles, son más efectivos?
Mariela Acevedo: Son las distintas apropiaciones. Por ejemplo, Karina Mazzoco dice “las mujeres nos levantamos y luchamos contra las arrugas”, y no puedo creer que utilicen el discurso feminista de liberación para decir que luchamos contra las arrugas. Todos los discursos son apropiados, lavados, resignificados y te los venden como si fuera lo que necesitás.
Hernán Bayón: Lo ideológico funciona en diferentes niveles. El lugar común activa una cosa muy fuerte que de alguna manera es estructural a ese discurso ya hegemónico, que clausura la posibilidad de lecturas y deja una sola lectura como válida. Es muy difícil de desarticular y actúa en muchos niveles, desde la sutileza y la no sutileza también. 
Mariela Acevedo: Cuando hacen una reseña o crítica, si se trata de una historietista, dicen: “tiene la mirada femenina de la política, de la aventura”… Y cuando vas a las historietas hechas por varones y tienen una mirada marcadamente masculina y eso es invisible. No son sutiles, son marcadamente masculinos lo que pasa es que son norma. Se establecen como norma y entonces la mirada diferente es la mirada femenina. Ignacio Minaverry es un autor que está publicando ahora en la Fierro la historia de Dora, un personaje femenino muy interesante que es una caza nazis, y en una entrevista cuenta que a él le pasaba que lo confundían con una mujer.      
Hernán Bayón: En la literatura también los personajes más complejos son los más interesantes, como Anna Karenina, una mujer que sigue su deseo. Pero es algo que se puede volver en contra cuando el sistema se apropia de discursos, y aparece una literatura femenina, un montón de autoras y en la tapa del libro la foto de una terraza con la ropa secándose.
Mariela Acevedo: Patricia Breccia lo cuenta en la entrevista: cuando presentaba trabajos, lo escuchó una vez a Crist decirle a Cascioli en una bienal en Córdoba “esta mujer dibuja como los dioses porque dibuja como un tipo”. Bueno, eran los 80…
Romina Rodríguez: ¡Pero no la podían ver a ella como ella misma!
Mariela Acevedo: La alternativa era “dibuja como una mina”, y cuando dicen “dibuja como una mina” quieren decir que dibuja mal.
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