sábado, 12 de mayo de 2012

Azúcar y grasas, dos enemigos de temer

 

U
n nuevo diagnóstico sobre la dieta de los argentinos ofrece un bocado difícil de tragar: según esta radiografía alimentaria, en la mesa local reina la monotonía, sobran los azúcares agregados y las grasas saturadas, y hay una falta notoria de frutas, verduras y legumbres. El balance final arroja otro trago amargo: una de cada tres calorías que ingerimos es de baja calidad.
El estudio se presentó ayer en la jornada inaugural del XV Congreso Latinoamericano y XI Congreso Argentino de Nutricionistas, que hasta mañana reúne en Rosario a 2000 profesionales, y confirma los indicios que arrojaba una investigación previa de la Escuela de Nutrición de la UBA.
Foto: Archivo A ésta, realizada en 2010, se le sumaron dos nuevos trabajos: un análisis cualitativo y cuantitativo de los principales excesos y déficits en el patrón alimentario de 700 escolares de municipios del Gran Buenos Aires, y otro que tomó datos de las hojas de balance de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), e información de consumo del Ministerio de Economía y de cámaras empresarias.
"Consumimos básicamente tres familias de productos: trigo, azúcar y carne (que acaparan el 60% de las calorías totales). Además, nuestros platos tienen un gran déficit de hortalizas, frutas, lácteos descremados, legumbres y cereales en sus formas más nobles (pastas, arroces) -explica el licenciado Sergio Britos, secretario científico del Congreso y autor de Hacia una alimentación saludable en la mesa de los argentinos , junto con Agustina Saraví, Nuria Chichizola y Fernando Vilella. Todos ellos integran el Programa de Buenas Prácticas Nutricionales de la Facultad de Agronomía de la UBA y de la Escuela de Nutrición de la misma universidad."
Se consideran calorías de baja calidad las que un determinado alimento contiene en exceso cuando se lo compara con un producto equivalente, de su mismo grupo, pero de alta densidad de nutrientes. "Es conocido que las gaseosas azucaradas, los postres y las facturas tienen calorías no nutritivas, pero también las aportan alimentos tradicionalmente identificados como saludables, como los cortes de carne con mucha grasa -detalla Britos-. Aunque no todas las calorías de la dieta tienen que ser de buena calidad (un alfajor se puede comer de vez en cuando), en una dieta sana las de baja calidad nutricional no tienen que sumar más del 15% del total. Nosotros consumimos más del doble."
En esta investigación, que fue financiada por la Fundación Bunge y Born, los especialistas pusieron la lupa en esas calorías y se preguntaron cuántas son y dónde están.
"Nos encontramos con que el grueso se ingiere bajo la forma del azúcar que agregamos a las infusiones, como el mate o las bebidas -agrega-. Solamente allí tenemos un 14% del total, cuando la Organización Mundial de la Salud aconseja que no más del 10% deberían venir de azúcares. Y a esto tenemos que agregarle el azúcar de las mermeladas, de las galletitas, de los postres lácteos... Es decir que el azúcar es el principal vehículo de calorías de baja calidad en la mesa de los argentinos."

Pecados alimentarios

Pero los dulces no parecen ser los únicos excesos a la hora de comer. Otros dos grupos alimentarios aportan calorías «dispensables». Uno es el de las grasas que acompañan a ciertos cortes de carnes (en particular, la vacuna) y las que se encuentran en los lácteos enteros. El otro, el de los panificados dulces y salados, y las golosinas en general.
"Yo diría que no hay que culpabilizar a un alimento en particular. El principal «pecado» de nuestra alimentación es el tamaño de las porciones y las cantidades de ciertos nutrientes -comenta Britos-. Para comer bien, hay que optar por mayor variedad de alimentos; especialmente frutas y verduras. Las grasas y azúcares no tienen por qué estar totalmente ausentes, pero deberían consumirse muy ocasional y moderadamente."
En el trabajo, los nutricionistas también proponen revisar las guías alimentarias locales. "Son un instrumento para orientar las elecciones de la gente hacia los alimentos más saludables, pero también para que la industria tenga señales de hacia qué horizonte modificar el perfil nutricional de sus productos y para que el Estado defina las mejores políticas alimentarias -agrega-. En un modelo para el promedio de los argentinos, un 85% de las calorías debería provenir de alimentos de buena calidad nutricional (hortalizas, frutas, cereales en sus formas simples y en lo posible integrales, lácteos no enteros, carnes magras y aceites). Y no más del 15% debería estar conformada por los de menor calidad nutricional."
En cuanto a las bebidas, recomiendan ingerir alrededor de dos litros y medio diarios de líquido, de los cuales un litro y medio debería ser agua. Las bebidas azucaradas, plantean, "no deberían aportar más de 25 g de azúcares; eso sería equivalente a 250 cm3 de gaseosa, una cantidad que debería reducirse si se les agrega azúcar a las infusiones".

El precio de comer bien

La diferencia de costos entre una alimentación saludable y la canasta básica de alimentos ronda el 30%. "Hoy, alimentar a cuatro personas con la canasta básica del Indec, pero bien medida, cuesta entre 1900 y 2000 pesos; con alimentos saludables, alrededor de 2650 pesos -afirma Britos-. Para abaratar el precio de estos últimos, una posibilidad sería generar descuentos selectivos por medio de las tarjetas de los planes sociales. Quizás una buena consigna sea «alimentación saludable para todos»."
Sin embargo, según el especialista, las deficiencias atraviesan las clases sociales. "En las familias desfavorecidas sobran tantas grasas y azúcares como en las que pueden acceder a una buena dieta, y en las más acomodadas falta tanto hierro como en la mesa de los más pobres", concluye
El doctor Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios de Nutrición Infantil (Cesni), que no participó en el estudio, coincide en que ingerimos un exceso de alimentos que proveen mucha energía y pocos micronutrientes esenciales.
"Es difícilestablecer un promedio de consumo de energía (que depende de la actividad física, la masa magra, si se es hombre o mujer...), pero sí se puede analizar si ese aporte es por carbohidratos simples, grasas saturadas o bebidas azucaradas. Aquí lo que tenemos es un exceso de alimentos como el pan, las galletitas y el azúcar. Como son ricos en energía de absorción rápida y pobres en micronutrientes esenciales, el resultado es una dieta pobre.



Los 1000 días de oportunidad


n materia de alimentación, no hay otro período tan importante para el futuro de un individuo como los primeros mil días de vida. "Son una ventana de oportunidad única en la que es posible promover un crecimiento adecuado y prevenir un aumento de peso riesgoso para más tarde", explica el doctor Esteban Carmuega, director de Cesni y coeditor, junto con Ricardo Uauy, profesor del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, del volumen Crecimiento saludable. Entre la desnutrición y la obesidad en el Cono Sur, que también se presentó ayer en Rosario.

El trabajo reúne 30 ponencias sobre crecimiento temprano y analiza las estrategias más efectivas para combatir el retraso del crecimiento, y fomentar el desarrollo físico y cognitivo. "El retraso de crecimiento por causa nutricional se registra básicamente como consecuencia del déficit calórico-proteico o de micronutrientes en la alimentación", destaca Uauy en un comunicado sobre la obra que ayudó a producir el Instituto Danone.
A diferencia de lo que se creía hasta el momento, afirman los especialistas, ya no se trata de suministrar a los chicos más alimentos para eludir la desnutrición. Cuando un bebe aumenta excesivamente de peso puede terminar en una condena a la obesidad. Y a sus riesgos asociados de diabetes y enfermedades cardiovasculares.
"Un crecimiento óptimo no significa crecer ni de más ni de menos, sino lo apropiado para cada persona -subraya Carmuega-. Por cada 100 gramos de aumento de peso adicional al recomendado en los primeros cuatro meses crece más de 30% el riesgo de sobrepeso a los 7 años."
La obra también destaca que la talla es un indicador más importante que el peso en la salud futura del niño. "La longitud de un bebe al nacer predice su estatura en la adultez, y también permite vislumbrar su riesgo de diversas enfermedades -subrayan-. El problema no radica en ser alto o bajo, sino en la presencia de deficiencias nutricionales, que en estadios tempranos del desarrollo impiden crecer. Esto repercute en la salud, en la capacidad de aprender y en la productividad futuras."
En la Argentina, la última encuesta nacional de nutrición mostró una prevalencia del 8% de retraso de crecimiento por déficits nutricionales entre los menores de 5 años, pero las regiones más pobres del país arrojaron cifras cuatro veces más altas.
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anacion.com