domingo, 13 de mayo de 2012

Autoestima

¿Cuánto nos conocemos? ¿Estamos conformes con nuestra vida? ¿Cuán extremadamente autocríticos o ególatras podemos llegar a ser?
La autoestima se refiere a la autovaloración y aceptación de nosotros mismos. Si bien de lo que se trata es de saber si las expectativas son compatibles con lo que resulta ser de nuestras vidas, la autoestima no siempre es compatible con la fidelidad de los espejos.
A la hora de la autocrítica, suelen encontrarse a tomar el té (dulce o amargo). Cuanto más cerca estamos del sabor agradable, más elevados los niveles de satisfacción y autoconformidad.
Cuanto más desagrado y cuanto menos soy lo que quiero ser, todo se torna más oscuro y sin sabor.
Así es como la ansiedad, la angustia, la frustración y tantas otras posibles emociones negativas pueden llegar a sentarse a la mesa para confrontar con valores tan positivos y necesarios para el bienestar personal, como son el amor propio, la confianza, la seguridad y la autocompasión, entre otros.
¿Cuán desajustados estamos con lo que marca nuestra balanza emocional? ¿Cuál es, en este sentido, nuestro peso ideal?
Es cierto, no es fácil (es casi imposible) ser objetivo con uno. Tanto como ir detrás de valores de satisfacción o insatisfacción desmedidos.
No es sencillo regular a conciencia los niveles de rigor o permisividad, de flexibilidad o hipersensibilidad, de culpa o deseo.
Un buen punto de partida, tal vez, sea ser lo más sinceros y saludablemente autocríticos (sin prejuicios ni juicios extremos) con nuestras más íntimas ideas y nuestros sentimientos y valoraciones.
Sería bueno, además, coincidir en que no siempre somos lo que podemos o queremos ver. Así como el vidrio se empaña aún más cuando nos gobierna el deber ser y nos entregamos, sumisos, al mandato o a las expectativas de los otros. De ser así, ¿qué es lo que está en juego a la hora de la autovaloración? Del mismo modo, ¿cuál es la fórmula o la vara con que nos echamos a calcular pesos o medir virtudes y fortalezas?
Más allá de lo que podamos haber aprendido (o desaprendido), o de lo que hayamos conseguido dosificar de los registros de nuestro estado físico y emocional, la reflexión sobre la autoestima nos puede habilitar o despejar el camino hacia la autosuperación más acorde a nuestro verdadero sentido de la vida.
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