viernes, 28 de octubre de 2011

En Argentina el 92% de la gente ya vive en ciudades


MULTITUD. GENTE QUE VA Y VIENE, AYER AL MEDIODIA EN BUENOS AIRES. EL AREA METROPOLITANA ESTA ENTRE LAS 15 CIUDADES MAS POPULOSAS DEL MUNDO.
Roma es el mundo. La Roma – metáfora del “centro”, de la (re) unión, la del lugar hacia donde conducen todos los caminos y hacia donde van los caminantes de la vida moderna. Para el catedrático en Geografía humana español Horacio Capel, la ciudad “es el mejor invento humano” . Lo seguro es que se trata de la invención más habitada. Porque la población mundial crece exponencialmente y todos los hombres y mujeres de este mundo marchan y se juntan entre el cemento de los núcleos urbanos. Y Argentina es “pionera” en el fenómeno global de la concentración de gente en las ciudades. Aquí, según datos del último censo, 9 de cada 10 habitantes vive en ciudades (92%), más que en países densamente poblados como Estados Unidos (82%), Francia (85%) o Alemania (74%). En el mundo, por otra parte, la metrópoli con mayor cantidad de población es Tokio, con 36,7 millones de habitantes .
En un informe que presentó ayer la ONU en todo el mundo se resalta entre otros temas el fenómeno de la migración hacia las ciudades : hoy, en promedio, uno de cada dos habitantes del planeta vive en una ciudad, y se espera que dentro de apenas 35 años la proporción suba a dos de cada tres. “El equilibrio entre poblaciones rurales y poblaciones urbanas ha cambiado irreversiblemente hacia la preponderancia de las ciudades”, sostiene la ONU. Según sus datos, en América latina el 79% de la población vive en ciudades, y se calcula que en 2050 lo hará el 90%. Es decir, que lo que se espera para dentro unas décadas en el resto de la región ya ocurre en Argentina, con una evidente atracción hacia Buenos Aires, pero también a Córdoba, Rosario, Mar del Plata o Resistencia.
Las primeras grandes migraciones se dieron en la década del 50 por la industrialización sustitutiva. “Se produce un proceso migratorio masivo en busca de empleos en las ciudades. Y Argentina tuvo otra particularidad: un campo de grandes extensiones y altamente tecnificado desde muy temprano, por lo que la gente no vivía en pequeños poblados rurales”, explica el arquitecto Raúl Fernández Wagner, profesor del Area de Urbanismo de la Universidad General Sarmiento.
Después de décadas de estancamiento, el Area Metropolitana vive hoy el crecimiento de población más importante de las últimas décadas . “La ciudad de Buenos Aires registra el crecimiento más importante de los últimos 40 años, más de 115 mil nuevos habitantes, después de haber perdido casi 200 mil en la década anterior”, sostiene un informe elaborado por el Observatorio Urbano Local Buenos Aires Metropolitana, de la UBA.
Artemio Abba, su coordinador, aporta más datos: “El Area Metropolitana se expandió . Esto está dando alrededor de 13,5 millones de habitantes para el 2010. Ha superado la segunda corona y ya abarca partidos de la tercera, toma 30 y antes eran 24”.
“Argentina es casi un imán para el resto de América latina, sobre todo para trabajadores y estudiantes de países limítrofes que buscan una mejor perspectiva de vida ”, remarca Eleonor Faur, socióloga del Fondo de Población de las Naciones Unidas en el país.
El campo sigue expulsando población , las nuevas explotaciones de la tierra y la soja generan migración, pero también lo genera la nueva oferta de empleo de las pymes e industrias que reactivaron su producción”, deduce Abba, integrante del Consejo de Expertos de la Fundación Metropolitana.
Fernández Wagner sostiene que la migración a los centros urbanos se da porque “cambiaron las relaciones con la tierra: la gente ya no vive de lo que la tierra produce.
Devenimos en bichos urbanos . Las ciudades en los últimos 30 años cambiaron mucho, tienen otro tipo de rol, mucho más importante; son centros de información, de cultura en una escala mucho mayor. Somos otros seres, no podríamos vivir sin esos soportes”.
Y, sobre el futuro y las posibilidades de colapso , advierte: “Lo que hoy se mira es cómo podrían las ciudades contener o reducir la huella ecológica, de ahí nace el concepto de ciudades sustentables : el transporte es crítico y también el uso de la energía, es necesario abandonar las torres, hacer edificaciones bajas, sin ascensores, con terrazas verdes.
Hay que cambiar los patrones ”. La ONU también advierte sobre estos riesgos en su informe.
En ese sentido, un punto preocupante es el uso del suelo. “ En Buenos Aires hay 390 mil viviendas vacías . Y el déficit de viviendas es de 130 mil hogares. Es un despropósito social, de una inequidad absurda , por eso el futuro es un tema crítico”, dice el urbanista.
Eso también inquieta a Abba. “Si bien estamos observando que hay un cambio en el modelo productivo, lo que se nota es que el proceso de urbanización sigue con el modelo de los años ‘90 . Un predominio de inversiones en autopistas y barrios cerrados y torres que lo que hace es centralizar los recursos en estos emprendimientos que forman una red de oferta muy selectiva . La Capital creció en población, sobre todo de bajos recursos, y hay que darles lugar”.

Quédese con el auto y déjeme el paisaje

Dios estará en todos lados y atenderá en Capital, pero yo prefiero esperar fuera del consultorio. El precio por estar cerca del Jefe es demasiado alto. Se van, promedio, tres horas diarias viajando y deseando que no haya cortes, que no haya imprevistos. Cuando todo el mundo sabe que la ciudad es básicamente cortes e imprevistos.
Una vez, vi cómo estresan a las ratas en un laboratorio. Un día amanecen con la jaula inundada. Otro, torcida. Otro, con electricidad. Si siempre fuera el mismo obstáculo, adoptarían un mecanismo de defensa. Lo imprevisible las enloquece. Para ese entonces, yo vivía en la ciudad, sabía lo que era eso. Pero hace cinco años me mudé a Lobos, un pueblo a 100 kilómetros de Capital donde nació Perón, escapando de la jaula y de gente que corre apelotonada a ser atendida por Dios.
Es otra cosa por acá: una semana atrás, llevé a mi hija al dentista, le puso anestesia, le sacó un diente, y a la media hora estaba de vuelta en casa, preparando la comida. Yo saco cuentas. Llevarla al colegio: cinco minutos. Compras en el almacén: quince. Trámite en la Municipalidad: diez. Antes, cada vez que miraba el reloj era tarde. Ahora, el tiempo está de mi lado.
En la ciudad vivía en un departamento junto a la autopista. Ahora, en casa con árboles y pileta –la pagué con la plata del departamento–. Antes, aún cuando veía películas de terror, había dos chances de cada tres de que el ruido de sirenas viniera de la calle y no de la pantalla. Ahora, hay dos chances de cada tres, de que el ruido de pajaritos venga de mi jardín.
Uno no sabe la presión de lata de sardinas que vive en la cuidad hasta que escapa. Tanta cápita per metro cuadrado hace que uno desee siempre que el otro se vaya. Que el jefe se retire. Que el conductor arranque y deje espacio para estacionar. La gente que exclama: “Qué rápido se pasa la vida”. Es porque vive en la dulce espera de la ciudad.
¿Sabe por qué en las revistas de decoración las casas lucen tan bonitas? Es porque nunca hay personas en ellas. La gente siempre empeora las cosas. Cuanto más gente, peor. La ciudad es la responsable de las modas, de fenómenos idiotas como los metrosexuales, el macho alfa y el boom de los perritos pocket.
Conozco personas muy inteligentes que para sobrellevar la vida en la ciudad se compran cualquier pavada. Es su premio ante tanto martirio. Cada vez que veo publicidades de 4x4 adentrándose en bosques de eucaliptus, pienso: usted quédese con el auto. A mí, déjeme el paisaje.

¿Qué pensaría un hamster de nosotros?

Hace tiempo que veo la ciudad como una pagina del libro ¿Dónde está Wally? Después la pierdo de vista, igual que el libro. Cuando me vuelvo a fijar noto que en el libro sigue habiendo la misma gente (lo contrario sería insano) y en la ciudad hay cada vez más.
Desde la ventana de mi oficina veo edificios en construcción que reemplazan casas de barrio. Juegan una carrera para ver quién llega más alto. Buenos Aires crece descontrolada e imperfecta. Es visualmente caótica. Vivimos tan apurados y ensimismados que no tenemos tiempo de verla. Pero de algún modo tomamos conciencia. ¿O qué es si no esta proliferación de trastornos de ansiedad, fobias sociales y neurosis urbanas?
No hay soledad más trágica y cotidiana que la de la persona que está rodeado de muchas otras. La gente se va refugiando en sus casas, departamentos, cajas de zapatos. La tecnología nos promete la conectividad (virtual), el confort y el delivery hacen el resto. Los televisores son cada vez más grandes, los juegos de Play cada vez más reales (virtuales). ¿Qué intenta vendernos la definición Home Theatre? ¿Qué pensaría un hamster si nos viera corriendo en una cinta de caminar?
De tanto pensar en la gente, la ciudad y la modernidad aparecieron Martín y Mariana, protagonistas de Medianeras. Personas que deciden romper una pared para hacer una ventana (ilegal). Porque necesitan un poco más de luz frente a la oscuridad. Porque necesitan un poco de aire fresco frente a tanta asfixia. Sobre todo, necesitan un nuevo punto de vista. Un lugar distinto al que mirar. Más esperanzado.

“Acá hay más oportunidades” 

A sus 21 años, Sofía Caticha disfruta a diario de lo que muchos cordobeses reniegan. “Me gusta el ruido, me siento acompañada; me divierte caminar y ver gente por todas partes, el centro es hermoso... Se puede salir a cenar a los doce de la noche y los bares están abiertos. En mi ciudad natal, ni en los sueños...”, arranca la charla con Clarín Sofía, nacida en la localidad bonaerense de Chacabuco, de unos 50 mil habitantes.
¿Por qué decidió cambiar la tranquilidad por el ritmo de una gran ciudad? “Porque acá hay más proyecciones y oportunidades laborales; lo mismo pasa con el estudio. Tengo un montón de opciones que allá no existen”, explica. Desde enero del año pasado, la joven vive sola en el corazón del microcentro cordobés: desde la ventana de su cocina la ciudad entera se pasea a sus pies. Una zona donde el silencio y la tranquilidad cotizan en bolsa. “A mí no me molesta para nada; es más, una de las cuestiones por las que me mudé es porque allá me aburría mucho. Está bueno vivir en un lugar chico pero llega un momento en el que te cansás…”, comenta Sofía, que trabaja como barwoman en un conocido boliche de esta ciudad.
“El año próximo empiezo un curso de azafata y me encanta la Capital. Elegí Córdoba en vez de Buenos Aires porque aquí es más seguro y no se vive tan alocadamente como allá”, apunta.
Aunque todo parece sentarle bien, Sofía también aclara: “Por momentos uno extraña mucho a la familia… En mi caso, soy la mayor de cinco hermanos y los afectos te tiran bastante. El llamado a mi mamá es obligatorio todos los días”.
clarin.com