sábado, 29 de octubre de 2011

En los países pobres hay más accidentes cerebrovasculares


Por Nora Bär 
Debilidad en una parte del cuerpo, confusión, problemas para hablar, un dolor que "parte" la cabeza... Cualquiera de estas señales y otras, como vértigo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación, puede indicar el comienzo de un cuadro que en el país se presenta una vez cada cuatro minutos: el accidente cerebrovascular (ACV), segunda causa de muerte y primera de discapacidad.
Se sabe que el ACV es ya una epidemia cuyas proporciones no sólo se miden en el drástico impacto que puede tener sobre la vida y el bienestar de los pacientes y de sus familiares, sino también por la carga que implica para los sistemas sanitarios.
Un trabajo firmado por dos investigadores argentinos que hoy publica en forma destacada la revista Stroke exhibe otra cara de este escenario epidemiológico: por primera vez demuestra, estadísticamente, que los países más pobres y los que menos proporción de su PBI invierten en salud son los que tienen una mayor incidencia y mortalidad por accidente cerebrovascular, mayor proporción de eventos hemorrágicos (causados por la ruptura de una arteria cerebral), y también aquellos en los que el ACV se presenta a edades más tempranas.
"Diversas investigaciones anteriores se habían centrado en la relación entre el riesgo de ACV y la situación financiera individual o familiar -explica el doctor Luciano Sposato, uno de los autores de este estudio y también director del Departamento de Neurología de Adultos del Instituto de Neurología Cognitiva y del Centro de Stroke del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. Lo que nosotros hicimos fue «cruzar» los datos ajustados del PBI con los de 48 estudios poblacionales realizados entre 1998 y 2008 en 22 países de los cinco continentes. Lo que vimos fue que muchos de los ACV que ocurren en una población determinada se explican por el estatus socioeconómico del país. No sólo eso, sino también la mortalidad, la proporción de hemorragias y la edad a la que los pacientes los padecen. En los países más pobres se presentan más temprano que en los de mayor PBI."
Esta singular ecuación introduce un nuevo factor para el diseño de políticas públicas de salud, ya que hasta ahora "el riesgo de ACV y sus consecuencias se consideraban resultados de factores étnicos, genéticos, ambientales, socioeconómicos y de la calidad de la atención médica", escriben Sposato y Gustavo Saposnik, coautor del estudio y director del Centro de Investigación en Stroke del Hospital St. Michael's, de la Universidad de Toronto.
Para llegar a esta conclusión, los científicos tuvieron que revisar 5000 estudios y analizar en profundidad 48 trabajos de 30 ciudades.
Se encontraron con que en los países de alto PBI el ACV se presenta a edades más tardías y tiene menor mortalidad. Pero también que la inversión en salud resultó ser otro factor que podía alterar este balance: "Si un país pobre invierte una proporción mayor del PBI en salud, tiene mejores marcadores", explica Sposato.
Para Saposnik, la explicación de este fenómeno no es tan obvia como parece. "No pudimos determinar cómo invierte cada país su presupuesto en salud, pero sí constatar una alta correlación del gasto en salud con el de prevención -dice, a través de una comunicación telefónica desde Toronto-. La alta inversión en salud está relacionada directa o indirectamente con una mayor inversión en prevención."
En Canadá, se calcula que sólo los costos directos del ataque cerebral rondan los 30.000 dólares por paciente. Por otro lado, en el nivel poblacional la inversión en prevención exige unos pocos dólares por persona.
Según este trabajo, el bajo producto bruto interno de un país explica el 32% del riesgo de ACV, el 43% de la mortalidad a los 30 días, el 43% del exceso de hemorragias cerebrales y el 47% de la mayor frecuencia de en jóvenes.
Por su parte, la menor inversión proporcional en salud explica el 26% del riesgo, el 45% del exceso de mortalidad a los 30 días, el 32% del exceso de hemorragias cerebrales y el 36% de la mayor frecuencia en jóvenes.

Economía y salud

"Hasta ahora, la literatura médica sugería que los países latinoamericanos tienen mayor frecuencia de ACV hemorrágicos que isquémicos [aquellos en los que la obstrucción de una arteria impide la llegada de oxígeno al cerebro] por mal control de los factores de riesgo y por alcoholismo -dice Sposato-. Sin embargo, a partir de estos hallazgos, esa mayor frecuencia se puede explicar por menor riqueza."
Podría pensarse que si un país tiene más recursos invertirá más en salud, ofrecerá atención médica de mejor calidad y sus habitantes observarán estilos de vida más saludables. Todo esto puede ser cierto, pero el trabajo de Sposato y Saposnik muestra que no sólo importa la riqueza, sino también qué proporción se invierte en salud.
"Son dos parámetros independientes -explica Sposato-. Sin embargo, aunque se especulaba con que podría haber alguna relación entre ACV y desempleo, nosotros no la encontramos."
Para Saposnik, una de las virtudes que tiene este trabajo es que tomó en cuenta países de los cinco continentes y que se basó en estudios poblaciones y no de hospitales individuales.
Y así como los países pobres tienen mayor mortalidad e incidencia de ACV, lo contrario también es cierto. "En aquellos con mayor PBI -agrega este último-, las personas padecen cuadros de menor gravedad, de menor mortalidad y a edades más avanzadas." En Canadá se presentan anualmente 50.000 nuevos pacientes con ACV, y entre 300.000 y 500.000 de ellos están vivos en la actualidad. En ese país se produce un ataque cerebral cada diez minutos. "Hace veinte o treinta años -dice Saposnik-, había una visión nihilista. Hoy se ha logrado una reducción significativa de la mortalidad, que a los 30 días es del 15%, aproximadamente."

Llamado a intensificar la prevención

"En alrededor del 20% de los accidentes cerebrovasculares (ACV) asociados con la fibrilación auricular ese evento constituye la primera manifestación de la arritmia", dijo a La Nacion el doctor Jorge González-Zuelgaray, presidente de la asociación Arrhytmia Alliance Argentina y director del Centro de Arritmias Cardíacas de la UBA.
Ocurre que a pesar de ser relativamente frecuente es muy poco lo que la población sabe acerca de esa forma de arritmia cardíaca llamada fibrilación auricular, que aumenta cinco veces el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular isquémico.
"La fibrilación auricular afecta a entre el 1,5% y el 2% de la población general, pero la mayoría de las personas no conoce prácticamente nada sobre ella -comentó el doctor John Camm, profesor de cardiología clínica de la Universidad St. George de Londres, Inglaterra-. Casi todo el mundo tiene a alguien en su familia o algún amigo con fibrilación auricular, aunque no sepa nada de la enfermedad."

Una arritmia peligrosa

Se estima que en América latina 3 millones de personas padecen esta peligrosa forma de arritmia, región en la que se producen unas 250.000 muertes por ACV al año.
La necesidad de ampliar el tratamiento de la fibrilación auricular, y así prevenir las muertes y la carga de discapacidad que generan los ACV asociados con esta arritmia es la que llevó a la elaboración del informe "¿Cómo reducir los accidentes cerebrovasculares en Latinoamérica?", cuyo contenido está siendo difundido por Arrhytmia Alliance Argentina, con motivo del Día Mundial del ACV, que se celebra mañana.
"Las personas con fibrilación atrial tienen una tasa de ACV anual del 4%", comentó el doctor Camm, uno de los autores del citado trabajo, que visitó la Argentina para la presentación de sus resultados. Camm destacó el hecho de que existen formas de identificar a los pacientes con fibrilación auricular que son más vulnerables a sufrir un ACV, como también existen tratamientos efectivos.

Conocer el pulso

Sin embargo, destacó por su parte Trudie Lobban, directora de Atrial Fibrillation Association, de Inglaterra, el paso inicial es "conocer el pulso. No hacen falta para ello máquinas, sino que se lo puede tomar manualmente, y si uno nota que el pulso es irregular o muy veloz debe consultar con un médico especialista".
"Muchas veces, cuando las personas consultan a su médico clínico en relación con el pulso, el médico les dice que es natural que con la edad el pulso se vuelva irregular, pero eso no es normal -agregó Lobban-. Hay que consultar entonces con un especialista en arritmias para poder recibir tratamiento adecuado."
"En las personas con fibrilación auricular, la única forma de prevenir el ACV es tratando la arritmia. Pero en la Argentina menos de la mitad de los pacientes con fibrilación auricular que deberían estar anticoaguladas lo están", concluyó González-Zuelgaray.
lanacion.com