jueves, 27 de octubre de 2011

¿Cuáles son las esquinas más ruidosas de Buenos Aires?


Una frenada causa asombro entre los peatones que esperan inquietos el semáforo para cruzar. Del otro lado, un coro de bocinas suena con potencia sin temerle al ridículo. A pocos metros, el ensordecedor rugido de un motor viejo reclama una visita urgente al mecánico, mientras tres amigos se despiden a los gritos tras compartir la mañana. Es plena hora pico, al mediodía, en la bulliciosa esquina de Luis María Campos y Federico Lacroze.
El sonómetro registra un promedio de 88 decibeles, y el ruido en esa esquina se vuelve insoportable. Casi como un acto reflejo, las manos buscan proteger los oídos y el tono de voz va en aumento para poder conversar. Aparenta ser algo momentáneo. Sin embargo, los vecinos aseguran a LA NACION que esa situación es "cosa de todos los días".
Una postal similar a ésta se refleja a diario en, al menos, otros diez puntos de la ciudad de Buenos Aires. Entre las esquinas más afectadas por el fenómeno del ruido, según un revelamiento realizado por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño, se destacan: la Av. de Mayo y 9 de Julio, Las Heras y Callao, Marcelo T. de Alvear y Pueyrredón, Las Heras y Coronel Díaz, Bullrich y Santa Fe, Federico Lacroze y Cabildo, Juramento y Cabildo, Las Heras y Tagle, y Corrientes y Suipacha.
Días atrás, LA NACION fue testigo del problema que aqueja a los vecinos durante una recorrida. El objetivo era indagar sobre la contaminación acústica en las calles, un problema creciente en Buenos Aires.
Transitar, por ejemplo, por el corazón de la avenida Las Heras y Tagle se convierte, pasadas las 13, en una verdadera odisea. Llama la atención el caudal de ruidos que confluyen en un lapso de 20 minutos frente al Hospital Rivadavia donde cientos de pacientes internados piden tranquilidad para recuperarse. En ese cruce, el sonómetro alcanzó picos de 87 decibeles, unos 17 decibeles por encima del límite tolerado por el oído humano, de acuerdo a los índices que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Niveles parecidos acusaron en cada corte de semáforo las mediciones hechas en la intersección de Corrientes y Suipacha, a metros del Obelisco, donde el desfile de ejecutivos era algo continuo. Algunos parecían "disfrutar" del caos del centro. Otros, en cambio, preferían volver a recluirse en sus trabajos con tal de evitarlo. "Cuando estás adentro no estás al tanto de lo que pasa en esta zona, pero el ir y venir acá para almorzar es un verdadero fastidio", expresó Germán, un oficinista que se mueve en ese radio desde 1992.

Señales peligrosas

Buenos Aires no es la única ciudad en el mundo que enfrenta el problema del ruido, pero sí es una de las pocas que regula la polución sonora.
¿Por qué lo hace? Porque intenta frenar los efectos negativos que la contaminación acústica produce en la salud a mediano y largo plazo más allá de las molestias ocasionales (y visibles) que afectan a los vecinos o peatones que circulan por la ciudad.
Durante las mediciones, Silvia Cabeza, licenciada en Física y titular de la Asociación Civil Oír Mejor, advirtió a este medio sobre los trastornos que pueden surgir luego de exponerse en forma prolongada a niveles que superan los 75 decibeles (dBA), y aseguró que la gente no es plenamente conciente de la gravedad que reviste el fenómeno: "Muchas veces escuchamos decir a los vecinos que se acostumbraron al ruido, pero eso es un error. Subjetivamente, todo hace parecer que es así. Lo cierto es que el organismo puede enfermarse seriamente".
Esto le sucede, por ejemplo, a Santiago, de 20 años, que atiende desde marzo un kiosco de diarios y revistas en la esquina de Luis María Campos y Federico Lacroze. Relató a este medio que al principio le costaba trabajar en esas condiciones, pero con el tiempo se fue acostumbrando. "Cuando más me molestan el ruido es al mediodía porque todo se concentra más. Igual, siento que ya me acostumbré. Tal vez, en unos años, esto me termine perjudicando. No lo sé. Es algo inevitable, que no se puede cambiar", describió durante la entrevista.

Daños progresivos

Tener dolor de cabeza, no descansar bien, estar nervioso o sentirse estresado, pueden ser síntomas comunes derivados de esta mala convivencia, según explicó Silvia, que empezó a analizar el impacto del ruido en el organismo por la hipoacusia de uno de sus hijos.
Quienes se especializan en esta temática indicaron que los daños suelen manifestarse en tres áreas del cuerpo: la auditiva (interferencia en la comunicación, hipoacusia permanente o irreversible), la fisiológica (hipertensión, sistema cardiovascular, estrés, insomnio) y la psicológica (nerviosismo, falta de atención, dificultades en el aprendizaje, disminución del rendimiento laboral). No obstante, lejos de generar pánico u obsesión por cuidados extremos, plantearon la necesidad de prestar mayor atención y adoptar medidas al alcance de la mano, como los protectores de siliconas en los oídos para atenuar las frecuencias y poder conversar sin aislarse.

Diagnóstico urgente

En ese contexto, organizaciones como Oír Mejor, reclaman a las autoridades combatir con urgencia la presencia del ruido y mitigar las fuentes que contribuyen con él, como el transporte urbano, que encabeza la lista de los factores más contaminantes.
Desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño adelantaron a LA NACION que se está trabajando en la actualización del mapa de ruido, elaborado en 2005, que cubre sólo el 10 % del distrito. Buscan extender así el trazado a toda la región metropolitana y monitorear la mayor cantidad de comunas.
"Estamos elaborando un mapa de ruido que permitirá conocer el estado de la contaminación acústica de toda la ciudad y tomar medidas al respecto. Es uno de los objetivos de esta gestión actualizarlo y completarlo con los datos obtenidos de la red de monitoreo", indicó el titular de esa cartera, Diego Santilli.
El proyecto, uno de los requisitos fijados por la ley de contaminación acústica reglamentada en 2007, avanza por estos meses con la ayuda de un software alemán de última generación que permite cruzar los datos que se desprenden de las terminales distribuidas a lo largo de Buenos Aires.
Según argumentaron desde el gobierno porteño, la necesidad de disponer pronto de este diagnóstico se vincula fundamentalmente con poder reforzar la planificación urbana y generar cambios, por ejemplo, en el diseño de la red de transporte. Sólo así, identificando las zonas que requieren medidas de mitigación, se podrá mejorar la calidad de vida de los vecinos, concluyeron.
lanacion.com