viernes, 15 de julio de 2011

LA ECHARON DEL TRABAJO POR DEJARSE LAS CANAS, Y ESTALLO LA POLEMICA





Sandra Rawline empezó a tener canas a los 20 años. “Esta soy yo”, dijo y decidió exhibir con orgullo sus mechones plateados naturales largos hasta los hombros. Pero al parecer esa determinación, en lo que se refiere a llevar canas en el trabajo, no caía del todo bien a su empleador, un operador inmobiliario de Texas, Estados Unidos. En 2009 su jefa le dijo que optara por una imagen “más sofisticada” para estar a tono con la mudanza de la firma a una nueva oficina. Le ordenó que se tiñera el pelo. Pero Sandra se negó. A la semana fue despedida y reemplazada por una mujer más joven. Rawline, 52 años, presentó una demanda por discriminación y desató una polémica.
Dicen que una cana es un pelo que se murió, pero es todavía más: el anuncio de que el tiempo nos modifica y que su paso va dejando una huella indeleble en el aspecto de las personas. Frente a lo inevitable, la mayoría de las mujeres elige la coloración como jugada salvadora y así la pasan; cada 20 días, una visita a la peluquería para seguir abonando por el sueño de la eterna juventud. Sin embargo, la percepción social sobre el cabello canoso está cambiando. Mujeres como Rawline o como la nueva titular del Fondo Monetario, Christine Lagarde, son exponentes de ese grupo global, aún minoritario, pero pujante, que por lo menos en la Argentina lejos está de parecer sesgado, sino todo lo contrario: Beatriz Sarlo, María Kodama, Chunchuna Villafañe encarnan un estilo de mujer que sabe lucir canas. Pero también hay anónimas que si pasan por el estilista lo hacen para un recorte y poco más. Así lo admiten los especialistas: hablan de estilo y de cierta retorno a lo natural, cada vez mas en auge y de moda.
Fabián Medina Flores es asesor de imagen. Entre sus clientes figuran Karina Mazzocco, Paula Colombini, Romina Gaetani. “Las canas no son el problema –opina–, no hacen más grandes a las mujeres, lo que les queda mal es un mal corte o ser desprolijas. Una mujer desalineada es poco agradable, tenga o no tenga canas. Meryl Streep, Chunchuna Villafañe, Judi Dench, Lidia Lamaison, Hellen Mirren y la nueva representante del FMI, Christine Lagarde, son guapísimas, pero no por sus canas, sino por su estilo”.
Se estima que el 50% de las mujeres se tiñe una vez que las canas aparecen, más o menos a partir de los 35 años, pero la tendencia va cambiando. “Si bien casi todas se hacen color –explica el estilista Ricky Lacco–, muchas deciden no teñirse ni utilizar sustancias con amoníaco. Hay una creciente búsqueda de lo natural. Pero las que se dejan las canas son cocientes de que les queda muy bien”.
Rawline era una de ellas. Pero también la Tana Cuggini, madre de Fabio, peluquero top, de ricos y famosos. “Mi vieja tiene 75 años y jamás una tintura –reconoce Cuggini–. Pero insisto: son mujeres ante todo con personalidad. La gran mayoría se tiñe porque las canas se traducen como un síntoma de vejez. Pero hay mujeres que tienen muy buen pelo y con un buen corte saben lucir sus canas. Y es cierto que se ven cada vez más. María Kodama es el ícono por excelencia, aunque yo le sugeriría un corte: la rejuvenecería”.
Algo de eso pretendían los que despidierona Rawline en los Estados Unidos. Pero todo derivó en lo que realmente es: un caso de discriminación laboral, a secas. “Está claro -analiza Cuggini–, creo que básicamente es un tema de discriminación. Si un jefe necesita que su empleado produzca un cambio de estilo en su pelo o vestimenta, se lo tiene que pedir como una sugerencia, un consejo, una opinión, decirle que el cambio le va a sentar mejor; pero de ninguna manera esa persona está obligada a aceptarlo”.

Hombres canosos, mejor

George Clooney es ese hombre del que las mujeres hablan a la hora de dar un ejemplo sobre lo que son “unas canas bien puestas”. Pero se extiende la idea de que, a diferencia de las mujeres, a los hombres el pelo canoso les sienta bien. “En los hombres también pesa el tema de las canas –dice el estilista Fabio Cuggini–, pero ellos aprendieron a aceptarlas. Y es cierto, se dicen que las canas en muchos casos quedan sexys”.

Historia de mis canas blancas

Mis canas tienen que ver con la honestidad, con aceptar el paso del tiempo y mostrarme tal cual soy. No digo que sea fácil: se logra de a poco, día a día.
No me gustan las cirugías, ni ver mujeres pendientes de lo físico, obsesionadas con la juventud, vistiéndose como niñas adultas, con el pelo largo y rubio. No me parece natural ni sensual, pero por sobre todas las cosas no me parece sensato.
Debo confesar que mis padres me premiaron con ciertos “privilegios”. Siempre fui flaca, soy alta con piel de morocha. ¿Y esto qué tiene que ver? Muchísimo. Ser flaca y alta me posibilita usar lo que quiero antes y después de mis canas. Antes, colores oscuros, grises y tostados. Ahora, colores más fuertes para no quedar toda engamada: naranjas y tomates, verdes, rosados. Eso ayuda y mucho. Tener la piel cetrina genera más contraste con el pelo gris, cuando la piel es más blanca todo se unifica. De todas maneras, si bien dejé de ir a la peluquería, tuve que empezar a maquillarme, suave, pero eso provoca un cambio enorme.
El proceso para dejarse canas es largo y requiere de paciencia. Yo me corté el pelo desmechado (siempre lo usé corto) y después me lo decoloraron: de morocha pasé a casi rubia Susana Giménez, todo un shock. Quedé rubia-ceniza casi 8 meses, cuando mis canas reales asomaron por completo. Es un enigma verte tus propias canas ya que una jamás sabe cómo son. Las mías son bastante blancas y fueron tomando brillo hasta quedar lindas. Algo más: los hombres en general las detestan. Pero los más abiertos –artistas, arquitectos, los sensibles y hasta los muy jóvenes– son los que primero me halagan.
clarin.com

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