Mostrando entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de marzo de 2012

Fe


¿En quién creer? ¿En quién confiar? ¿Cómo explicar esa sensación o fuerza interior que nos ayuda a suponer que algo o alguien superior nos permitirá superar cualquier adversidad? ¿Qué promueve esa confianza ciega, ese animarse a dejar en las manos de un otro nuestro rumbo o destino? ¿Qué y cuánto conferimos al poder de los dioses?
La fe suele estar estrictamente relacionada con la religión, con el creer (o no) en Dios. Esta es la fe más primitiva, la consensuada o conferida a una fuerza suprema o poderosa de la que no es necesario tener evidencia alguna. Creemos porque sí, porque así nos lo enseñaron, porque así lo determinamos y porque así lo sentimos.
Cuando ese Dios nos defrauda, imperiosamente precisamos sustituirlo. Es que, muy en nuestro interior, necesitamos creer, tener a quien rezarle, con quien hablar en silencio, más allá de poder hacerlo con la almohada. Es así como llegamos a entregarnos inmediatamente a la primera figura que nos ofrece confianza o, con mucha más cautela, nos disponemos a buscar a quién entregarle el mando de nuestras creencias más profundas. En esta búsqueda tan sentida, podemos, incluso, llegar a sentirnos sin fe porque nada ni nadie termina de convencernos ante tamaña decisión.
Pero la fe trasciende lo bíblico o espiritual. En otra escala, como parte de la manada, de un grupo, de una sociedad, tenemos fe en el líder, en quien se supone que sabrá decidir o cuidar de nosotros. ¿Qué nos ofrece nuestro líder? ¿Cuál es su misión? ¿Qué pretende de nosotros? ¿Por qué confiamos? ¿Qué condiciones tiene? ¿Por qué lo elegimos?
Porque necesitamos creer, amar, sentirnos queridos, incluidos, proyectarnos y trascender. Necesitamos confiar y tener fe en nuestros padres, parejas, hijos, amigos, compañeros de equipo y demás. Tener fe es pensar, suponer, sentir, tener la esperanza de que ellos nos acompañarán o que lograrán llegar a la meta tan deseada.
En este acto de fe emocional, tan terrenal y cotidiano, vale preguntarnos qué solemos esperar o pretendemos de los otros; qué retribución buscamos en el amor, en la amistad y en el trabajo; qué suponemos beneficioso o productivo para nuestros hijos, beneficioso para quién.
Responder algunas de todas estas preguntas parece ser un acto de fe para con nosotros mismos. Es renovar nuestros votos de confianza. Es estar convencido o sentirnos lo más coherentes posible con un proyecto personal auténtico.
Tengamos fe, confiemos en que sabremos ser fieles a nuestros deseos, creencias y propósitos más sentidos. Seguramente en este camino podamos estar cada día más cerca del bienestar físico y emocional.
Por Eduardo Chaktoura - psicólogo y periodista
lanacion.com

domingo, 11 de septiembre de 2011

La fe mueve millones

Si la idea de Dios está eclipsada, como afirmó el Papa durante su reciente visita a España, quizás obedezca a que los fieles practicantes del catolicismo, cansados de esperar las bienaventuranzas del más allá, comenzaron a buscarlas en el aquí y ahora. Algo que ninguna religión puede ofrecer, a diferencia de otras áreas que apuntan a la espiritualidad pero sin hablar de castigos terrenales ni culpas eternas. Hay que reconocerlo: los gurús actúan desde hace mucho tiempo en el mundo, pero nunca alcanzaron la dimensión y notoriedad que tienen en la actualidad y nunca, hasta ahora, fueron argentinos o vecinos en la geografía sudamericana, provenientes de áreas no relacionadas con la literatura (Jorge Bucay y Paulo Coelho, de gran trascendencia, se encuadran como escritores). Ari Paluch, Nicolás Cuño, Claudio María Domínguez y la chilena Pilar Sordo son algunas de las nuevas estrellas en el mundo de la autoayuda y, para comprobarlo, sólo basta mirar algunos números. En el ranking de libros de no ficción más vendidos durante la semana del 22 al 28 de agosto, seis títulos sobre diez pertenecen al rubro, y allí están los tres de Sordo, el de Domínguez y el último de Paluch. Pero a diferencia de lo que sucedía en los lejanos ’70, donde Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer, marcaba tendencia e iniciaba un boom, ahora los títulos abandonaron los temas clásicos –en Internet abundan los sitios de vida sana y natural–, y apuntan a responder inquietudes espirituales. La autoayuda sentimental.
El combustible espiritual es, justamente, el título de los dos primeros libros de Ari Paluch –periodista y locutor devenido “difusor espiritual” para Argentina, España, México, Brasil y Uruguay–, de los que ya se vendieron 300 mil ejemplares. Corriéndose al interior, editado hace dos meses también por Planeta, lleva vendidos 50 mil y está octavo en la lista de los más solicitados. En conjunto, sumaron la friolera de 23 millones de pesos de facturación. Y si al autor se le paga el 10 por ciento de las ventas, la cuenta es fácil.

En su web (paluchespiritual.blog.terra. com.ar), una columna de “Temas” mezcla palabras escritas en diversos tamaños, simulando un diccionario, de modo tal que se lee: “Alegre - Amor -aprendizaje - Ari - Ari Paluch - Autoayuda - ayuda - Belleza - Combustible Espiritual - culpa - decisiones”, etc. En el centro de la página, “la visión espiritual de Ari Paluch”, a través de videos, sobre casi cualquier tema, incluso “Argentina enfrenta a Uruguay”, en fútbol, claro.

Está a punto de estrenar El combustible espiritual por América, donde retomará los planteos de sus libros. En el primer programa, con invitados en el piso, hablará del momento del “clic” –cuando se decide cambiar– y en el siguiente, de “dar y recibir”. Según Paluch, el ciclo abarcará “temas de espiritualidad editados ágilmente, sin aburrir, sin pontificar. La gente necesita saber qué hay más allá del mundo de las formas, qué pasa con nuestro potencial”.

El periodista asegura que al cambiar de vida pudo escribir el primer libro, pero no se considera un gurú, de hecho no da charlas ni conferencias: “Siempre fui un difusor. La espiritualidad me enriqueció y me permitió mejorar a la hora de escribir, de analizar un tema y ser didáctico. Me dio otro prestigio, porque escribo de una manera que me dio el mundo espiritual. Y los libros tienen una mezcla de mis percepciones y las de algunos referentes de la espiritualidad: Osho, Chopra. Tengo el don de la comunicación; después, Dios dirá con qué utilidad y con qué objetivo”. También se considera un tipo exitoso, en tanto el éxito es, “desde el punto de vista espiritual, hacer aquello que te gusta, aquello para lo que viniste acá, sin tener que convertirte en lo que no sos. Mi éxito es tener un sello. Quiero morir con ese sello; quiero ser yo. Y la espiritualidad es eso: ser vos”.

Paluch medita todos los días antes de la primera emisión de su programa de radio y aunque asegura que “somos seres espirituales e hijos de Dios”, cree que a veces “nos identificamos con el falso ser, el ego, y comenzamos a engañarnos y engañar”. El “clic” de Paluch se produjo cuando realizó el curso que ofrece El Arte de Vivir, promocionado como técnicas de meditación, respiración y yoga pero que para el locutor significó el “contacto directo con mi parte divina”.

El Arte de Vivir es una ONG que se define como sin fines de lucro, creada hace treinta años por el hindú Sri Sri Ravi Shankar y que se ha convertido en la más grande del mundo: veinte millones de personas siguen sus enseñanzas en más de 150 países. Llegó a la Argentina en 1998 y cuenta con 14 centros permanentes, lo que ubica al país entre los tres de mayor crecimiento de la corriente. La cara fundamental aquí es Nicolás Cuño, uno de los propietarios de la marca de ropa Key Biscayne, quien adhirió a la propuesta hace cinco años y trabaja, desde entonces, como instructor voluntario en los diversos cursos, destinados a adultos, jóvenes y universitarios y niños.

Cada curso cuesta 450 pesos –se puede repetir– y en lo que va del año pasaron por los distintos niveles más de 25 mil personas, lo que ubica la recaudación del primer semestre en unos once millones de pesos. Además de los alumnos individuales, numerosas empresas contratan los cursos para incentivar a sus empleados, entre otras Banco Santander, Electrolux, Ford Motors, Telefónica y Walmart. De los seguidores, además de Paluch, se puede nombrar a Graciela Borges, Carolina Fal, Reina Reech, Jorge Telerman (uno de los más fanáticos, en 2008 viajó a Ushuaia para meditar junto a Ravi Shankar), María Eugenia Estenssoro y Marcelo Tinelli, quien al recibir el Martín Fierro atribuyó a la acción de la ONG “ser mejor persona”.

“Vivimos mucho tiempo queriendo resolver todo ya y buscando el último avance tecnológico, pero nos olvidamos de la parte interior, lo que nos hace felices –dijo Cuño a Veintitrés–. Hay muchos caminos a Dios. La espiritualidad es estar en contacto con la divinidad, la luz, la creación y la naturaleza. Quiero enseñarle a todo el mundo las técnicas del Arte de Vivir, que a mí me hicieron tanto bien. Ayudar a manejar mejor las emociones y tener paz mental.”

En cuanto al dinero de la ONG, comentó que es “para sostener sedes, publicidad, mantener la fundación y dictar cursos gratis. El Arte de Vivir no lucra con sus cursos. Pero tampoco me parece mal que quienes ayudan ganen dinero”. Cuño –quien asesora a Charly García, Leonardo Sbaraglia y Adrián Suar en el vestuario– llevó el espíritu de la ONG a las publicidades de su marca y al ambiente de su empresa, marcando el inicio de la “onda slow”: encarar la vida de forma relajada. En estos días, está dando los toques finales a un curso diseñado especialmente para el clan Maradona: Dalma, Yanina y Claudia Villafañe, al que es probable que se sume Adrián Suar.

La ex del productor, Araceli González, tomó otro camino: sigue a la psicóloga chilena Pilar Sordo que, a partir de su experiencia personal, encontró la veta para alcanzar el éxito y convertirse en la única mujer de estos nuevos gurús. Cuando se separó, Sordo inició un estudio con los pacientes para saber si sus vivencias eran comunes o no. Y plasmó el resultado en Viva la diferencia, el primero de sus best sellers. Le siguieron Lecciones de seducción y No quiero crecer (todos de editorial Norma), que en el ranking de la última semana de agosto ocuparon los puestos 1, 3 y 6, respectivamente. En el país se vendieron, sumando los tres títulos, más de 60 mil ejemplares, pero en Chile sólo el primero vendió más de 700 mil unidades, con lo cual los montos facturados y liquidados a Sordo superarían ampliamente los de Paluch. Pero la psicóloga no se queda en los libros y viaja permanentemente por diversos países para dar charlas y conferencias. En pleno verano suele presentarse en el Conrad de Punta del Este. En la Argentina estuvo el 22 y 23 de agosto en el Teatro Astral, a sala llena en las dos conferencias, con entradas de entre 40 y 100 pesos –en Mendoza y en marzo cobró entre 100 y 200–, habló de “reconocer las diferencias entre lo masculino y lo femenino” y de la posibilidad “de ser personas más armónicas y universales”. La recaudación superó los 130 mil pesos. El año pasado en Mar del Plata la escucharon Mirtha Legrand, Susana Giménez, Guillermo Francella y Araceli González, entre otros muchos.

Sordo alcanzó la popularidad cuando un cómico chileno, Coco Legrand, reconoció en el escenario del festival de Viña del Mar, que se había basado en Viva la diferencia. A partir de ese momento, sus videos en YouTube recibieron miles de visitas y descargas. Y llegó al grado máximo cuando contó su historia: después del divorcio estuvo sola durante un tiempo, hasta que conoció “el amor de su vida”, un hombre que a los cuatro años murió de cáncer. La historia, triste sin duda, tiene detalles hasta macabros, pero le concitó la empatía de miles de personas. Tan popular es, que Sebastián Piñera le propuso estar al frente del Servicio Nacional de la Mujer, aunque sin éxito: “Me interesa que alguien comunista y alguien de extrema derecha me escuchen con el mismo respeto”, explicó Sordo.

La psicóloga afirma que se diferencia de un gurú tradicional en que “mis libros son investigaciones de muchos años, que trato de bajar lo complejo de una investigación a una terminología muy sencilla, y en que incorporo el sentido del humor. Nunca pretendí que eso traspasara las fronteras, se fue dando paulatinamente, después del primer libro vino el segundo, y así nunca más paré... Pero no digo nada nuevo. Lo único que hago es despertar el sentido común”. Cuando presentó Viva la diferencia, en cambio, sostuvo: “Yo sé que cuando la gente escucha, le pasan cosas en el corazón”.

A una entidad cercana al corazón, el alma, le habla Claudio María Domínguez, quien el año pasado alcanzó la fama que buscaba desde hacía 17 años. El ex niño prodigio del mítico programa Odol Pregunta y ex notero de VideoShow, vendió charlas y las notas que realizaba en su programa, para vivir y pagar el espacio que ocupaba en una señal de televisión por cable, que compartía con “especialistas”. Pero el año pasado lo entrevistó Beto Casella y su vida cambió.

De inmediato lo llamó Daniel Hadad, de cuya visión comercial no se puede dudar, y le ofreció aire en C5N, donde todos los sábados a las 21 conduce, en soledad y mirando a cámara, Hacete cargo. El karma, la culpa, el ego, Krishnamurti, son los invitados permanentes. No parece un menú atractivo, pero Domínguez considera que “hay gente a la que le interesa lo que digo, en mis charlas quedan afuera de cien a doscientas personas”. Cada fin de semana, unas dos mil personas pagan 45 pesos por cabeza para escuchar sus palabras, lo que suma unos 360 mil pesos mensuales. El mismo tenor tienen El mejor momento de tu vida (FM Pop) y su columna en el programa de Oscar González Oro en Radio Diez. Y la revista Un mundo mejor, que ya vendió más de 150 mil ejemplares.

En la web –“Espiritualidad diaria”, que recibe 500 mil visitas al mes– destaca el apartado “Tres frases que pueden salvar tu vida”, donde sostiene que “algunas enseñanzas volcadas en frases cortas suelen golpear en forma certera al ego y la personalidad adormecida, que siempre trata de imponerse, sobre el despertar de la conciencia superior”. Esas frases, que afirma fueron elegidas “en un gran congreso de espiritualidad práctica, como mazazos a la ignorancia”, son:

1. No existiría el cáncer si no existiese el pasado (en referencia al rencor, el resentimiento o recuerdos dolorosos que “suelen causar una degeneración celular”).

2. Quien no perdona, muere antes y muere mal (quien no perdona vive “en un derrotero depresivo” y su permanencia, “en algunos casos, se debe sólo a la intensidad del rencor”).

3. Que el elogio no te deje lleno de orgullo y que la crítica no te tumbe (vivir entre una y otra situación lleva a “una minusvalía y una baja estima mortal (sic), que en un círculo enfermo genera que el sistema inmunológico viva afectado”).

Y finaliza: “Así que amigos del alma, tengan en cuenta estas simples y al mismo tiempo rotundas pautas para no ser más actores de reparto menores de la película ajena, sino, héroes de su propia historia”.

Así se titula el único libro de Domínguez hasta ahora: Sé tu propio héroe (Atlántida), que va por la segunda edición, con 40 mil ejemplares vendidos. La vida de Domínguez cambió, no hay duda. Sin embargo no parece haber cambiado su visión de la vida. Hace apenas unas semanas le dijo a Veintitrés: “Gano por lo que hago. Sí, ¿cuál es el problema? San Francisco de Asís había uno solo, no puedo vivir de semillas y granos”. Ya no necesita vender las notas, ahora vende sus palabras.

En esta constelación, Bernardo Stamateas ocupa un lugar destacado: lleva más de tres años al tope. Autor de más de 40 libros, al menos los últimos diez best sellers –sólo Gente tóxica (Ediciones B) vendió más de 200 mil ejemplares–, el pastor continúa con sus charlas en el auditorio de Bonifacio y Beauchef, en el barrio de Caballito, Buenos Aires, y al frente de Viví la tarde por Canal 26. Además psicólogo, teólogo y sexólogo, sus textos apuntan a cuestiones concretas: cómo ser exitoso, cómo hacerse rico, cómo evitar la gente que puede influir negativamente. Alcanzó el pináculo de la fama entre 2007 y 2008, cuando una extraordinaria operación de marketing llevó el libro Resultados extraordinarios a la edición de Gran Hermano. De allí en más, su nombre fue referencia obligada a la hora de hablar de liderazgo y triunfo, y pronto se olvidó de que promocionaba grupos de autoayuda en las tandas del programa de Jorge Rial. Su gama de lectores va de Cristina Fernández de Kirchner a Susana Giménez. Sin embargo, no se considera un autor de autoayuda sino “de potencial, de crecimiento interior, porque no doy recetas sino ideas disparadoras y alguna herramienta práctica para frenar una situación”.

Mucha agua pasó desde que Maquiavelo plasmó en El príncipe los secretos para llegar y mantenerse en el poder. Pero las personas continúan buscando en los libros esas palabras mágicas que, por el solo hecho de leerlas, curarán alguna herida. Un estudio de Marketdata Enterprises indica que los estadounidenses gastan cada año once mil millones de dólares en productos y servicios de autoayuda. En el país no hay un estudio similar, pero un cálculo aproximado en base a las cifras mencionadas arroja que al finalizar 2011 los argentinos habrán desembolsado, sólo en estos nuevos gurús, más de cincuenta millones de pesos. Habrá que ver si la inversión alcanza los resultados esperados y anunciados por los “difusores”: “Ser mejor persona”.

Informe: Deborah Maniowicz
elargentino.com

sábado, 23 de julio de 2011

El marketing de la fe


Este hombre que habla rápido y reacentúa el sonido de algunas palabras que considera vitales, como amor, humildad y generosidad, esconde una razón para que la vida sea una experiencia feliz y de plenitud: es un fenómeno de audiencia en emisiones radiales, televisivas y editoriales.

Claudio María Domínguez habla de la espiritualidad, de los seres y de las almas. Vende. Parado solo frente a las cámaras de C5N, su programa Hacete cargo engruesa día tras día su número de audiencia. Contiene. Escuchando oyentes durante sus más de quince horas semanales en Radio Pop con el programa El mejor momento de tu vida. También conmueve. Dando charlas para 450 personas, a 45 pesos la entrada, en la biblioteca Mariano Moreno de Bernal. Logrando que la mayoría del público salga o luzca esperanzado.

El hombre está ahora sentado en un bar frente al canal de cable donde trabaja. Pide una lágrima y aclara: “Es mi única droga adictiva para activar”. Luce un rostro apurado, cansado e hiperconcentrado. Lleva el pelo despeinado. Y viste un gastado pantalón de jeans con un buzo polar, raído por el tiempo. Trata de ser un mensajero, un canal de comunicación de los grandes maestros de la espiritualidad. Domínguez dice ser lo que siente que es. Aunque muchos ahora le hablen del crecimiento exponencial que viene generando desde hace más de un año, con el fenómeno de hablarle al corazón de las personas. De donde hoy recoge sus frutos.

“Llevo 17 años remando, comprando mi derecho a existir en todos los canales de cable habidos. Me costó mucho, nunca me ayudaron económicamente. Vendíamos medio programa a mil pesos cada bloque y a mí me quedaba medio programa para hablar del karma, de Krishnamurti, del ego. El público fue creciendo muy de a poco, con charlas menores en distintos puntos del país. Pero siempre creí en mi mensaje, con alma y vida. Mis hijos me decían para qué hacia esto y yo les decía que en algún punto algo se iba a abrir, que lo bueno iba a pasar y que mi mensaje le llegaría a más gente.”

El anhelo llegaría de la mano de su amigo Beto Casella, quien lo invitó a su programa Mundo Casella en C5N. “Me dijo: hablá libremente, a alguien le vas a tocar su corazón. Después me enteré que lo había llamado a Daniel Hadad y le dijo que me escuchara. Me pusieron justo para Navidad y Año Nuevo y percibí que algo interesante estaba sucediendo. Fue un récord de audiencia y lo repitieron siete veces seguidas en una semana, nos fue maravilloso. Al otro día tenía a Hadad en el teléfono, diciéndome que mi mensaje le había tocado el corazón. ‘Te ofrezco el multimedio.’ Le dije no me cobres mucho y él me respondió: no, te lo regalo, vos no me cobres mucho a mí.”

Hoy, Domínguez disfruta de las mieles y asegura estar gestando un fenómeno espiritual interesantísimo: “Quedan afuera cien o doscientas personas en cada charla que doy, y eso da muestra de que hay gente que le interesa lo que digo”.

–¿Cómo convive con quienes los desacreditan por hablar de lo espiritual mientras gana dinero?

–No tengo ningún prurito con esto porque ya fui combatido y desacreditado cuando venía de ver a Sai Baba o a la Madre Teresa de Calcuta. Iba a los programas de Rial y de Chiche Gelblung a defender el amor incondicional. Hay una frase que dice que cuando una persona es diferente y le habla a la gente de ser libre, pasa por tres etapas inevitables: primero es ridiculizada, luego es violentamente combatida y después es aceptada como lo más normal del mundo. Estoy en la tercera etapa porque tuve el coraje de vivir las dos primeras. Ahora, me va como los dioses. Que este mensaje se haya vuelto brutalmente masivo es el premio que Sai Baba me había anunciado cuando me dijo: “Prepárate para lo que va a venir, nada de lo que te haya hecho ser feliz hasta ahora se compara a lo que vas a vivir”.

Sin embargo este hombre que dice “amor mío” a cuanto ser que pase por delante, convive con el murmullo de quienes se ríen de su mensaje. “Sin ser cura ni pertenecer a ninguna religión, estoy interesado en dar estos mensajes. Por eso no tienen cómo encapotarme, ni esquemática ni dogmáticamente pueden circunscribirme”, aclara.

¿Qué es lo que persigue, en cada charla, este ex niño prodigio que sorprendió a todos respondiendo preguntas de mitología griega, cuando apenas era un niño, en el recordado programa Odol Pregunta? “La trascendencia del alma va más allá del cuerpo. Usemos el tiempo que tenemos un cuerpo, en el planeta, para develar quiénes somos realmente. Cuando los roles mueran, ¿quién queda? Cuando la energía quede, ¿quién persiste? Cuando se vayan de tu vida los que se te van, y te vayas vos mismo, ¿para qué viniste? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cumplir funciones biológicas y vegetar al cohete?”, son algunas de las preguntas que hace Domínguez, sin dejar tiempo para las respuestas.

Su éxito es traducible en números. Su último libro, Sé tu propio héroe, editado por Atlántida, es hasta el momento un inédito fenómeno de ventas en todo el país. Con una primera edición de 50 mil ejemplares a 45 pesos cada uno, el libro se agotó rápidamente. Por lo que se reimprimieron 30 mil ejemplares más. “La gerenta de la editorial me dijo que nunca un libro vende más en el interior que en la ciudad de Buenos Aires. Rompí con ese fenómeno. Es muy loco, estamos variando los esquemas”, advierte. Para la última Feria del Libro, la presentación del libro amontonó a dos mil personas dentro y fuera de la Sala José Hernández.

Entre quienes lo siguen a diario, Domínguez cuenta con una gran aceptación en el público femenino, “las odolitas de cuarenta para arriba”, y una gran cantidad de jóvenes que se animan a seguir sus consejos.

En la Web, el boom también se arrima a unas 250 mil personas, a las que les gusta, a través de Facebook, llegar a Claudio María Domínguez o Hacete Cargo, y a los que el espiritualista ingresa tres veces por día y durante una hora, para responderles o escribir acerca de la vida, los mantras y los karmas.

De aquel Domínguez que hacía unas treinta charlas al mes, con un promedio de 100 personas y a las que les cobraba 10 pesos a cada una, por presentación, a este momento de salas llenas y con 2.000 personas por fin de semana, hubo un largo camino recorrido. “A veces digo gracias y me pregunto en qué momento se abrieron las puertas del Mar Muerto. Una frase india dice que una gota de agua que cae sobre una roca insistentemente la va a terminar rompiendo. A mí me tardó 17 años poder romper esa roca.”

El ser, que asegura ser, no tiene dramas con el éxito. Aunque lo asume como una bendición y una consecuencia. “Hay un gran fracaso en todas las religiones que hizo que la gente no sea feliz. Le decían que vayan al templo, paguen el diezmo, que piensen en el 2012, que compren el producto de turno y salgan muertos de miedo para no amar la existencia, ni al otro. Que digan soy católico para decir judío o palestino de mierda”, reflexiona quien fuera criado en una familia acérrimamente peronista. “En mi casa son todos peronistas, mi abuela fue la primera mujer diputada en la época de Eva Perón. Mi madre vota por los huesos de Perón”, dice entre risas.

Las donaciones de ropa y alimentos que organiza Domínguez, y con las que llena varios camiones con acoplado, podrían estar resumidas en esa tradición política familiar. “Trato de no graficar estas colaboraciones ni decirlas, aunque algunos me digan que lo diga. Por eso tengo una lucha interna. ¿Por qué voy a decir que soy bueno? ¿Por haber donado un tomógrafo computado? Yo sé, a conciencia, a quiénes estamos ayudando y sé que esa ayuda llega a muchos. Ahora hay un par de cosas nuevas que han surgido. Decidí explicar a quién se lo donamos, porque va a ser a grandes instituciones”, explica sin prejuicio.

Su otro gran caballito de batalla con la conquista a más público es mediante la revista Un Mundo Mejor. “La mitad de la gente la busca con desesperación y la otra por curiosidad, pero la van a buscar. Este es un mérito del Grupo Vida que integra la señora de Daniel Hadad, Viviana Zocco, quien fue la que me impulsó a hacer esto.” El primer número sólo emitió 20 mil ejemplares. Pero a los pocos meses alcanzó la cifra récord de 140 mil ejemplares vendidos. Una de las claves del negocio está en que la revista se reimprime una y otra vez desde el primero al último número. “Trata del ego, del karma, de las relaciones humanas sanas. El fenómeno se ha tornado ilimitado, exponencial. Lo único que requiere es de humildad y gratitud. Humildad y gratitud”, repite como dando en el blanco de la clave del éxito.

El mundo de la política también hace eco del fenómeno. “De los diez popes que hay en la política actual, siete ya mandaron a alguien para pedir un consejo para meditar o para alimentarse adecuadamente. Y son de todas las variantes políticas. Si yo tuviera una pasión política determinada y un candidato que me hablase de la ecología, del amor a la naturaleza, del rol de la mujer, de los valores humanos en las escuelas, creo que le hago campaña. Mientras tanto, me limito a respetar que lo que tenemos es lo mejor que tenemos.”

El hombre que habla rápido y ahora sonríe también sufre su ego: “La obsesión es parte del ego, es decir que quiero un resultado. Todavía tengo ego, no soy un maestro trascendido. Y me apasiona la idea, me ilusiona y me entusiasma, que cada vez más gente se abra para que tengamos una vida que se llame vida. Un maestro tibetano me diría ‘dejate de joder’, lo que tenga que ser, que sea. Vos poné tu granito de arena sin esperar un resultado. Pero en las trampas de mi ego, yo todos los días espero los resultados. No para que me beatifiquen y me pongan en el pedestal, sino para que se olviden de lo que digo y que sean ellos los que lo digan y lo transmitan cada día de sus vidas. Últimamente me hice muy indulgente de esta frase: ‘El mensaje es lo que vale, no la personalidad del mensajero’. Si el mensaje es impecable, vayamos al mensaje. Algunos periodistas chotitos me dicen ‘vos sos el nuevo gurú espiritual’. Les digo que no, sólo intento ser un gran difusor de maestros espirituales”.

–¿Ante su éxito lo señalan como un mercader de la fe?

–Gano por lo que hago. Sí, ¿cuál es el problema? Vos ganás por lo que hacés. ¿No querés que yo gane? ¿Te gustaría que ande en bolas por el mundo? San Francisco de Asís había uno solo, comía semillas y granos. Aunque yo coma lo mismo, no puedo vivir de semillas y granos.
elargentino.com

miércoles, 27 de enero de 2010

La mitad de los científicos es creyente y casi todos aceptan la teoría de la evolución

David Masci, investigador del Pew Forum on Religion and Public Life de Estados Unidos, afirma en un artículo reciente que más de la mitad de los científicos estadounidenses cree en Dios o en un poder superior.
Masci señala que, un siglo y medio después de la publicación de “El origen de las especies” de Charles Darwin, la inmensa mayoría de los científicos ha aceptado la teoría de la evolución darwiniana como base esencial para la comprensión del desarrollo de la vida en la Tierra.
Sin embargo, y a pesar de que a menudo es presentada como contraria a la religión, esta teoría no ha acabado con la fe religiosa en la comunidad científica.
Pocos cambios en cien años
Según una encuesta realizada para la American Association for the Advancement of Science (AAAS) por el Pew Research Center en mayo y junio de 2009, concretamente un 51% de los científicos norteamericanos afirmó creer en Dios o en un poder superior, mientras que el 41% restante se declaró ateo.
Masci afirma que, por tanto, los científicos no tienden en la actualidad a creer menos en Dios que hace cien años, momento en que se realizó la primera encuesta sobre el tema en la comunidad científica estadounidense.
En 1914, cuatro décadas antes de que se descubriera la estructura del ADN, un psicólogo llamado James Leuba preguntó a 1.000 científicos norteamericanos lo que pensaban de Dios.
Las respuestas demostraron que la comunidad científica se encontraba ya entonces dividida a este respecto: el 42% de los encuestados respondió que creía en un Dios personal, y el mismo porcentaje afirmó que no creía.
Desde entonces, la ciencia ha avanzado en muchos sentidos, pero el porcentaje de científicos creyentes ha aumentado, según los resultados actuales del Pew Forum.
Menos religiosos que el resto
De cualquier forma, explica Masci, la comunidad científica es mucho menos religiosa que el público general. En encuestas anteriores realizadas por el Pew Forum, se ha revelado que el 95% de los adultos norteamericanos afirman creen en alguna forma de deidad o en un poder superior. Asimismo, la población estadounidense no comparte con los científicos la certeza sobre la evolución. Así, mientras el 87% de los científicos afirma que la vida evolucionó a lo largo del tiempo siguiendo procesos naturales, sólo el 32% del público cree que esto es cierto, reveló otra encuesta del Pew Forum realizada en 2009.
Por otro lado, dado que los científicos son mucho menos propicios que el público general a creen en Dios, no resulta sorprendente que el porcentaje de éstos adscritos a una religión particular sea también más bajo que el del resto de la población estadounidense.
Según Masci, casi la mitad de los científicos norteamericanos afirma no tener ninguna afiliación religiosa particular, y se describen como ateos, agnósticos o como nada concreto (en comparación con el 17% del resto de los estadounidenses).
En Estados Unidos, entre los científicos hay de hecho muchos menos protestantes (21%) y católicos (10%) que entre el público general: el 51% de los norteamericanos se declara protestante, y un 24% católicos.
Por otra parte, sólo el 4% de los científicos afirma ser protestante evangelista, frente al 28% del resto de la población. La excepción a esta situación la representan los judíos: un 8% de los científicos se adscribe a esta religión, frente a un 2% de judíos de la población norteamericana general.
Fe y dedicación
Un dato curioso que se desprende de la encuesta del Pew Forum, es que los niveles de fe religiosa entre los científicos varían bastante en función de la especialidad a la que éstos se dediquen.
Así, los químicos, por ejemplo, son más propicios a creer en Dios (un 41% de ellos), que los biólogos y los médicos (32%).
La edad también supone alguna diferencia: los científicos más jóvenes (de entre 18 y 34 años) tienden más que los científicos mayores a creer en Dios o en un poder superior.
La pregunta que lanza Masci a partir del análisis de estos resultados es la siguiente: si una parte sustancial de la comunidad científica está formada por creyentes, ¿por qué tanta gente cree que la religión y la teoría de la evolución son incompatibles?
Conflicto entre evolución y fe
Según el investigador, la respuesta podría estar en el hecho de que científicos de fama mundial, como el biólogo Stephen Jay Gould o el físico británico Stephen Hawking, hayan sido reconocidos ateos o agnósticos.
En la posición contraria, sin embargo, Francis Collins, antiguo director del Proyecto Genoma Humano, es un cristiano evangelista que habla públicamente de su fe.
Trasladándose al pasado para tratar de entender esta discordia, Masci hace referencia al propio Darwin, cuyas cartas indican que, probablemente, fuera agnóstico. Pero Darwin no perdió su fe a raíz de sus descubrimientos científicos, señala Masci, sino por el dolor que le ocasionó la pérdida de su hija predilecta, de diez años de edad, en 1851. A pesar de los resultados de la encuesta del Pew Forum, por tanto, la pregunta queda sin resolverse.
Hace poco, Michael Shermer, editor de Skeptic magazine y escritor, propuso seis razones por las que, a su juicio, evolución y fe parecen irreconciliables: el conflicto existente entre religión y ciencia; la creencia en que la evolución es una amenaza para las doctrinas religiosas; la existencia de una mala interpretación de la teoría de la evolución; el temor a que la evolución degrade a la humanidad; la relación entre la teoría de la evolución y el nihilismo ético y, por último, el miedo a que la teoría evolutiva extendida en el pensamiento humano implique el fallo de las doctrinas políticas y económicas, dado que la constitución de la humanidad es más fuerte que la constitución de los Estados.
tendencias21.net

jueves, 12 de febrero de 2009

La neuroteología desvela los beneficios de la meditación y la oración



El psicólogo Charles Zeiders, director clínico del Christian Counseling and Therapy Associates de Estados Unidos, explica en un artículo aparecido en la revista The Global Spiral, del Instituto Metanexus, lo que es la neuroteología, también conocida como bioteología o neurociencia espiritual.
La neuroteología, escribe Zeiders, es una nueva ciencia que explora cómo los estados del cerebro y del sistema nervioso pueden crear o relacionarse con la vivencia de la experiencia religiosa. Estas exploraciones han sido posibles gracias a las nuevas tecnologías, y están ayudando a pensadores interdisciplinarios a desarrollar una teología basada en la ciencia, que permita comprender, por ejemplo, la relación entre fe y salud.
Fe y beneficios
El origen de la neuroteología se encuentra en los trabajos de Herbert Benson, un cardiólogo de la Harvard Medical School que estudió a fondo el papel que el sistema nervioso autónomo juega en el proceso de la enfermedad humana. Benson estableció que el sistema de respuesta al estrés afecta a todo el sistema nervioso. Además, hizo otro interesante descubrimiento: que la meditación con mantras ayuda a relajar el sistema nervioso, a rebajar la presión arterial, a mejorar la salud del corazón, a prolongar la vida, además de dar felicidad y de generar el sentimiento de estar más cerca de una entidad trascendente, entre otras ventajas.
Tras años de investigación, Benson descubrió, por otro, lado que las personas que practicaban la meditación como una forma de oración tendían a tener más salud que aquéllas que la practicaban como mero vehículo de consecución de beneficios fisiológicos y físicos, explica Zeiders. La creencia en Dios mientras se estimulaba el sistema nervioso parasimpático (que es parte del sistema nervioso autónomo) mediante la meditación basada en la fe, suponía mayores beneficios para mente y cuerpo que la meditación agnóstica o médica, estableció Benson. Otros estudios posteriores, de los que ya hemos hablado en Tendencias21 se han centrado también en analizar la relación entre oración y salud.
Neuroteología y tecnología
El rumbo tomado por la neuroteología ha venido determinado por los últimos avances tecnológicos, señala Zeiders. Las tecnologías han ampliado la capacidad humana de estudiar cómo el cerebro responde a las experiencias y actitudes religiosas. En 2001, por ejemplo, los científicos Newberg, D’Aquili y Rouse escribieron un libro sobre los resultados de la exploración con neuroimágenes del cerebro de monjes tibetanos y franciscanos. Con ellas, los investigadores descubrieron que en la cumbre de la oración, ambos grupos de meditadores experimentaban un incremento del fluido sanguíneo en los lóbulos frontales del cerebro, y una disminución del flujo sanguíneo en los lóbulos parietales.
Por otro lado, durante una experiencia de trascendencia, los cerebros de los monjes mostraron un alto grado de flujo sanguíneo en las áreas del cerebro relacionadas con la atención, pero un bajo grado de fluidos en la áreas neuronales que conectan la mente con el cuerpo. Este método de estudio de la experiencia religiosa permitió comprender estados subjetivos de conciencia a través de la actividad cerebral.
Por tanto, han conectado la experiencia espiritual con la neurología. Nuevas direcciones de investigación Según Zeiders, los estudios realizados en los últimos años por la investigadora Sara Lazar, del departamento de psiquiatría de la Universidad de Harvard, podrían indicar el tipo de descubrimientos que cabe esperar de la neuroteología en los próximos años. Lazar y sus colaboradores analizaron con tomografía por resonancia magnética (IRM), que es una técnica que utiliza el fenómeno de la resonancia magnética para obtener información sobre la estructura y composición del cerebro, a budistas que practicaban la meditación vipassana, que consiste en una técnica de auto-discernimiento basada en la observación de la mente y de la materia. Así, pudieron relacionar la práctica de este tipo de meditación con un incremento del grosor cortical del cerebro.
Por otro lado, se ha demostrado con procedimientos semejantes que personas que practican otras técnicas de meditación poseen una corteza más gruesa que las personas que no la practican. Futuros estudios podrían demostrar que diversos tipos de meditación y de oración mejoran la capacidad del cerebro de oponerse a los procesos de enfermedad.
Por otro lado, también podría llegarse a demostrar que ambas técnicas de recogimiento resultan útiles para retrasar e incluso invertir la degradación cerebral propia de la edad. Asimismo, quizá se constate que la meditación y la oración podrían aumentar partes del cerebro que hayan sido menguadas como consecuencia de las neurotoxinas que conlleva el consumo de sustancias químicas. Estos hallazgos serán sin duda fruto del enorme interés que esta rama científica despierta cada vez más entre los especialistas, tal y como se detalló en el artículo de Tendencias21, Nuevos estudios amplían el conocimiento de la experiencia religiosa, firmado por Óscar Castro García.
tendencia21.net