martes, 27 de julio de 2010

Una afección ocular que viene con los años

Fabiola Czubaj
LA NACION
La edad no sólo trae canas y arrugas. El envejecimiento puede causar también una enfermedad ocular que es la principal causa de pérdida de la agudeza visual: la maculopatía.
Se estima que uno de cada cuatro mayores de 70 años padece ese deterioro de la zona de la retina (mácula), que nos permite percibir detalles pequeños y la tonalidad de los colores. Su incidencia aumenta con el paso de los años.
"El principal factor de riesgo es la edad, pero también hay otros factores que colaboran, como el tabaquismo, la exposición a los rayos ultravioleta sin protección y los antecedentes familiares, entre otros", explicó el doctor Roberto Borrone, de la cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina de la UBA.
Esta enfermedad, explica el especialista, no conduce a la ceguera, pero en sus etapas más avanzadas genera una zona ciega en el centro del campo visual. Esto impide leer y realizar distintas actividades con autonomía, lo que reduce la calidad de vida de esos adultos mayores.
En el país, los pacientes aún llegan a la primera consulta en estadios bastante avanzados de la enfermedad. "Los recibimos cuando ya ven con una mancha negra. En cambio, las personas que consultan periódicamente al oftalmólogo tienen mejores posibilidades de prevenir el avance a esas etapas -agregó Borrone-. Dado que se está prolongando la expectativa de vida, esta se convertirá en una enfermedad de creciente prevalencia a partir de los 65."
La alteración de la capacidad visual fina comienza alrededor de los 60 años. Existe un autotest sencillo (ver infografía), que nos indica si debemos consultar con el oftalmólogo.
Algunos pacientes tienen unas lesiones pequeñas en la mácula, que son depósitos de desechos metabólicos que la retina no puede "procesar". Esos puntitos de color amarillo revelan que existe más riesgo de desarrollar la enfermedad, por lo que es necesario realizar controles periódicos.
Existen dos tipos de maculopatía. El 90% de los pacientes desarrollan la forma "seca" (atrófica), que aún no tiene tratamiento, pero es visualmente más benigna que la forma "húmeda" (exudativa), que provoca el crecimiento de diminutos vasos sanguíneos en la mácula.
Esos vasos crecen con las paredes alteradas, que filtran sangre a la retina y provocan hemorragias. En este caso, el tratamiento se realiza con fármacos inyectables -existen dos- que bloquean la señal química (factor de crecimiento vascular-endotelial) que induce el crecimiento de esos microvasos y reducen el edema que producen en la mácula.
En la maculopatía atrófica, en cambio, se pueden tomar algunas medidas para controlar el avance de la enfermedad. Son el uso de suplementos con vitaminas antioxidantes (C, E y betacaroteno) y zinc, y el aumento del consumo de ácidos grasos omega 3, además de proteger la vista con anteojos con filtro UV total y bloqueo de la luz azul (recetado por el oftalmólogo).
No es lo más frecuente, pero si la enfermedad afecta ambos ojos, se utilizan ayudas visuales tales como la magnificación de imágenes computarizadas, para aprovechar al máximo la capacidad visual restante en el campo visual periférico.
Pero un autotest a partir de los 60 años ayudaría a no llegar a esos estadios. "Permite llegar a un diagnóstico precoz, antes de sufrir una disminución franca de la visión -insistió Borrone-. Y cuando en el examen del fondo de ojo existe una clara evidencia de maculopatía, existen dos estudios por imágenes (angiografía de la retina y tomografía de coherencia óptica) que permiten realizar un diagnóstico con certeza y realizar un seguimiento preciso de la respuesta al tratamiento."
lanacion.com