martes, 27 de julio de 2010

¿Quiere hacer negocios en el mundo? ¡Hable globish!

Las civilizaciones que han dominado el mundo económica y militarmente han tenido siempre su expresión cultural y lingüística. El imperio romano fue, en este sentido, un caso paradigmático: extendió sus dominios por Europa, África y Asia, alumbró filósofos y literatos que hoy todavía son clásicos y convirtió el latín en la lengua franca de sus tiempos. En una lengua que acabó, incluso, influyendo sobre las lenguas del norte, entre ellas el inglés, y enriqueciéndolas.
Hace tiempo que el inglés desempeña el papel que tuvo el latín hace dos milenios. Gran Bretaña lo extendió a lo largo y ancho de su imperio decimonónico. Y Estados Unidos hizo lo propio, en particular tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial y, casi medio siglo después, tras la caída del muro de Berlín.
El inglés, y en mayor medida el hablado en los Estados Unidos que el procedente del Reino Unido, estaba pues llamado a convertirse en la lengua del mundo. Y, a través de sus estructuras y contenidos, a reforzar y extender el estilo de vida anglosajón .
El número de angloparlantes se incrementa día a día y supera ya los 4.000 millones. De ellos, tan sólo un 10% lo tiene como lengua materna. El resto lo ha aprendido para manejarse en el mundo globalizado, donde el terreno de juego nacional se ha visto reducido, merced a Internet y las nuevas tecnologías de la comunicación, a una escala aldeana.
El orbe anglosajón debería estar satisfecho de disponer del inglés como estandarte de su poder. Y, sin embargo, no lo está. Porque la lengua que manda en el mundo ya no es el inglés, sino el globish .
El globish no es una emanación de la City londinense o de Wall Street, ni mucho menos de Shakespeare, Dickens o Waugh. El globish, que se basta y sobra con 1.500 palabras y una sintaxis precaria, es la herramienta idiomática de los indios, españoles, brasileños, japoneses, egipcios, polacos y demás no hablantes nativos de inglés que, sin embargo, emplean el inglés, perdón, el globish, a diario para sus negocios.
El globish es, de hecho, el invento, o una apropiación, del francés Jean-Paul Nerrière, un ejecutivo internacional. Quince años atrás, se dio cuenta de dos cosas: que el avance del inglés era imparable y que la mayoría de los no nativos que lo usaban tenían dificultades para entenderse. Decidió entonces inventarse el término “globish” para referirse a un inglés simplificado, que renunciaba a su carga cultural y, obedeciendo a motivos económicos, se conformaba con que fuera suficiente para entenderse y garantizara la viabilidad de los negocios.
Nerrière dio en el clavo: hoy el mundo ya no habla inglés sino su versión mínima, el globish; ya no prima en él la idea de la lengua como un milenario sedimento cultural, sino como un instrumento comercial. Por cierto: da vértigo pensar en el legado cultural que heredará la lengua que suceda al globish, cuando llegue la decadencia y caída del imperio capitalista.
clarin.com