sábado, 31 de julio de 2010

Cómo cuidar de la salud, también en el aire

"Por favor, hagan uso de los cinturones de seguridad, pongan el respaldo de su asiento en posición vertical y plieguen sus mesitas. Les recordamos que está prohibido fumar en todos los vuelos de esta aerolínea. Gracias". Así comienzan todos los viajes en avión, aunque estos mensajes olvidan mencionar que también hay que mover las piernas durante el vuelo, mantenerse hidratados y que, en caso de tener una enfermedad grave, conviene hablar antes con su médico y también informar a la aereolínea con la que viajemos.
¿Cuáles son los problemas más comunes?
Los pasajeros se quejan de sequedad de ojos, piel y boca o de coger frío en el avión, pero las molestias más habituales están relacionadas con la postura y suelen afectar principalmente al cuello, la parte más sensible. Durante el vuelo conviene mantener una cierta movilidad, algo que se puede conseguir mediante pequeños ejercicios en el propio asiento -moviendo los pies y los muslos, mediante actividades de rotación, flexión y extensión-. Junto a estos movimientos es útil ingerir líquidos (se debe evitar beber té o café) y mantenerse hidratados ya que la humedad relativa del aire en cabina es sólo del 20% comparado con el 40-70% de edificios refrigerados.
"Conviene que en viajes largos, el pasajero camine por lo menos cada dos horas", aconseja el doctor José María Molero, miembro de semFYC. También se aconseja evitar cruzar las piernas a la altura de las rodillas o tobillos.
Otros de los cambios que se advierten están relacionados con la presión. A medida que ésta se modifica, se suelen apreciar diversas molestias, como la sensación de oídos taponados. Habitualmente esta molestia es transitoria, aunque en algunos casos llega a ser dolorosa e incluso persiste a lo largo del viaje.
El síndrome de 'clase turista', ¿en qué consiste?
Se trata del problema que más preocupa a los pasajeros y consiste en la formación de trombos o coágulos en el sistema venoso, provocados por mantener una cierta inmovilidad durante mucho tiempo. Esto ocurre en sólo un caso de 6.000 personas después de un vuelo de cuatro horas, y uno de cada 1.000 después de uno más largo, o en alguien acostumbrado a volar con más frecuencia.
Según el doctor Molero, no se trata de un riesgo general sino que sólo se forman en aquellas personas que ya cuentan con una suma de enfermedades crónicas, que tengan un posible trastorno de coagulación o desórdenes de la sangre, con intervenciones quirúrgicas o traumas recientes -particularmente en el abdomen, región pélvica o piernas-, obesidad... "Aquellas personas con enfermedades comunes no tienen ningún riesgo", agrega. La causa de la formación de estos trombos se encuentra en la postura de flexión del cuerpo, que impide una adecuada circulación de la sangre.
Entre los medicamentos más comunes que pueden favorecer la formación de coágulos de sangre se encuentran los anticonceptivos, un factor de riesgo a tener en cuenta en el caso de ser una mujer que además fume y sea obesa. Otros que también pueden generar estas molestias son algunos fármacos utilizados para el cáncer de próstata o de mama, por ejemplo. A pesar de esto, el doctor insiste en que son factores a tener en cuenta pero que no impiden utilizar un avión.
¿Es cierto que no se puede volar tras haber buceado en horas previas al vuelo?
En vacaciones, más que nunca, se debe tener en cuenta que es peligroso volar inmediatamente después de haber buceado. Necesitará esperar entre 12 y 14 horas y debe preguntarle a su médico o a las autoridades de buceo sobre las pautas de vuelos después de bucear. En una persona sana, se pueden originar desequilibrios de los gases de la sangre, algo que se debe tener en cuenta para conocer la causa de posibles síntomas durante el vuelo. "Aunque no por ello deben generar alarma", matiza el doctor.
Los cambios bruscos de presión pueden afectar a las vías respiratorias, sobre todo en aquellas personas que ya tengan una enfermedad cardiaca previa o que cuenten con ciertas limitaciones anteriores, ya que puede producir cambios de oxigenación de la sangre.
¿Cómo puedo evitar el 'jet lag'?
El 'jet lag' es un problema asociado a los cambios de horario, que a veces llegan a ser de muchas horas. Cuanto mayor sea esa diferencia horaria, más difícil será conseguir una adaptación rápida. "Al planificar las vacaciones se deben tener en cuenta ciertos hábitos de salud para evitar imprevistos", dice Molero, que aconseja adaptar el horario de comidas, de sueño y de la toma de medicamentos al de la ciudad de destino.
El insomnio, el malestar, la somnolencia o la fatiga son algunos de los problemas que genera el 'jet lag', trastornos que se pueden mitigar a base de una dieta basada en frutas y verduras. Por el contrario, "los carbohidratos, como las bebidas azucaradas, facilitan el sueño y es algo que hay que tener en cuenta de cara al viaje".
Un aspecto muy importante y que la gente debe tener presente es la adaptación de la toma de los medicamentos a los nuevos horarios, ya que muchos de ellos varían con la hora de comidas. "Dos semanas previas al viaje conviene modificar el horario de comidas, sueño y de la toma de medicamentos ya que esto evitará problemas posteriores".
Estoy embarazada, ¿puedo viajar en avión?
En términos generales no existen estudios suficientemente documentados que indiquen que las mujeres embarazadas no puedan viajar. A pesar de esto, la gestación se trata de un posible condicionando en la formación de trombos. "Es uno de los factores que aumenta la coagulación, ya que durante el embarazo se comprimen las venas, lo que hace que se tenga un mayor riesgo de flebitis, de trombosis", cuenta el doctor Molero.
El mayor riesgo se produce a partir de la semana 38, cuando el parto ya es viable. Los ginecólogos coinciden en no recomendar viajar durante los últimos meses de embarazo; pero más por la comodidad de la embarazada y por un posible parto prematuro, que por estar contraindicado. Aun así, existen casos en los que se deben extremar las medidas de seguridad, como aquellos embarazos en los que la madre padezca algún tipo de enfermedad pulmonar crónica (como asma). El especialista español insiste en que salvo estos casos, no existe problema para que una embarazada se suba a un avión.
¿A partir de qué edad puede viajar el pequeño?
La creencia de que llevar al bebé en avión es peligroso es totalmente infundada. Según cuenta la pediatra María García-Onieva, de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria, a ELMUNDO.es, no existe un límite de edad a la hora de utilizar este medio de transporte. "Los principales inconvenientes con los que se suelen encontrar los pequeños son los mismos que sufren los mayores, como es el taponamiento de oídos".
En el avión, los cambios de presión son tan limitados que el niño es perfectamente capaz de compensarlos. "Los más mayores pueden masticar chicle para aminorar el efecto producido por el cambio de presión y los bebés pueden solventarlo usando chupete. Darles de mamar en el avión también es recomendable", cuenta García-Onieva.
En general, según la pediatra, los pequeños no suelen tener miedo a la hora de subirse al avión pero en el caso de ser así "para tranquilizarles se les puede dar una valeriana o una tila que les facilite el viaje".

elmundo.es