sábado, 31 de julio de 2010

Entre las plumas y el barro

Por Carlos Sanzol
Mil novecientos cincuenta. En una de las mesas de la confitería Richmond, que estaba frente al Maipo, había un hombre que miraba atentamente cantar a una mujer sobre el escenario. Esa noche, él fue testigo del nacimiento de una leyenda. Pero lo supo mucho tiempo después. "Amadori [Luis César, director de cine y antiguo propietario del Maipo] está interesado en que trabaje en el teatro", le dijo el hombre.
Tres días después, la frase era un hecho: un contrato como bailarina para actuar en una revista. Una de las tantas por las que se hizo famoso el edificio de la calle Esmeralda.
Una noche de 1950, la sala del Maipo estaba llena. Había 700 personas que venían a buscar lo que en la calle no veían: mujeres que presumían de sus curvas al descubierto. De pronto, desde el fondo del escenario, apareció ella con un vestido largo de soirée, negro, ceñido a ese cuerpo "tan parejito, tan bien formado", como recuerda el hombre. Después vino un silencio corto que se rompió con una unánime sinfonía de "¡uh!" que denotaba asombro. Setecientos "¡uh!", para ser exactos.
El hombre, Norberto Campana, ex administrador del teatro desde 1950 hasta este año, hoy su asesor emérito, dice que jamás escuchó algo parecido. Y 60 años después, se sigue conmoviendo con esa aparición casi religiosa: la de la entonces desconocida Nélida Roca (1929-1999), el ícono de la vedette argentina, la Venus de la calle Corrientes.
Desde ese momento, pasó el mundo y sus cambios, pero sobre todo atropelló la TV con su pretensión de mostrarlo todo. Antes las vedettes se hacían a fuerza de tesón, de talento y de lo que las hacía únicas: carisma y misterio. Ahora, las estrellas de las revistas se construyen a medida en los quirófanos y a los gritos en los sets. Hoy, la posibilidad de trascender, de ser como la Roca, parece una idea bastante lábil como el fango mediático en el que intentan hacer pie la mayoría de las nuevas vedettes.

Julio de 2010. En el Broadway, Clara Martini -19 años, marplatense, rubia platinada o lo más platinado que alcanzó el tono de la tintura- viste o desviste, según el ángulo de visión, sólo un conchero y un collar de piedras de fantasía que destapa sus pechos. "Me vestí de esta manera porque buscan vedettes", explica. Y es así. El productor Daniel Comba, quien ahora tiene en cartel la revista Carnaval de estrellas , busca justamente eso: vedettes para el lo nuevo que montará en Carlos Paz en el verano. De ahí que la sala del teatro esté regada por alrededor de 200 chicas de entre 18 y 30 años, empobrecidas de ropa: tangas, corpiños; una suerte de catálogo de lencería erótica en vivo. Ellas parecen pensar que una vedette sólo se define por el despojo del vestuario. Comba, quien -junto al ya fallecido Jorge Guinzburg- comenzó a producir revistas en 2002, las define así: "Una vedette debe tener carisma, presencia escénica, buen cuerpo y, claro, saber bailar".

Verano de 1953. Ethel Rojo, de 16 años, ganó la posibilidad de hacer una audición en el viejo Canal 7, gracias a que había sido coronada reina de la primavera en Santiago del Estero, donde vivía. Las cosas no salieron bien, y no quedó. Cuando pensó que eso era todo, un hombre se le acercó a su madre y le preguntó: "¿Le interesa que su hija trabaje en el Maipo?". La mujer contestó: "Aún no; es muy chica". Debió esperar un año, volver a Santiago del Estero, recibirse de maestra, emprender viaje a Buenos Aires, y recién ahí subirse a un escenario. Sin embargo, no como vedette, porque en esa época, para serlo, había que foguearse sobre las tablas durante años. "Había escalafones. Uno hacía como un año de corista y, al año siguiente, te ponían como un poquito más". Y más para ella significó convertirse en una de las grandes vedettes entre las décadas del 60 y del 70.

En el Broadway, ruge "Vogue", de Madonna. Sobre el escenario, hay 20 chicas que se prueban a sí mismas y al coreógrafo, Flavio Mendoza, que son las indicadas para llevar un espaldar de plumas el próximo verano. Algunas tienen movimientos oxidados; otras hacen lo que pueden; y una o dos intentan flotar. Sí, flotar. Porque las vedettes son supermujeres. "No caminan, sino que flotan, pisan sin pisar el suelo. Son como gacelas", describe Campana con la experiencia de haber visto a las mejores: Nélida Lobato, Zulma Faiad, Susana Brunetti, las hermanas Ethel y Gogó Rojo, y la lista parece infinita, envidiable.
Unas cuantas butacas más allá del escenario, está Estefanía Bacca. Parece una amazona: alta, piernas torneadas, rubia, 90-60-93. Ella no es vedette, aún, pero no se rinde. Hace cinco años que vino de Reconquista, Santa Fe, para comerse el mundo. Sin embargo, a veces, el mundo se lo come a uno. Está estancada profesionalmente; ya no desea ser una bailarina destacada en la revista Fantástica , que encabeza Carmen Barbieri. En su camino hacia el strass, no podía haber nada que fuera plano. Este no es un mundo minimalista. "Era un varón. No tenía nada", dice, y se toca el pecho.
-¿Alguien te pidió que te operaras?
-Un poco Carmen [Barbieri]. Escucho todo lo que me dice porque me parece una genia. Me dijo: "Pensaste alguna vez en ponerte lolas? Porque te puede llegar a quedar muy bien. Creo que te está haciendo falta". Fue muy sutil la sugerencia. Lo pensé e invertí. Y, la verdad, no me arrepiento.

Todavía no existían ShowMatch ni los videos "prohibidos". Aún la picardía no se había transformado en obscenidad. En esos tiempos, entre 1950 y 1970, Ethel Rojo intentaba mantener el misterio necesario para que las vedettes siguieran siendo esas spermujeres inalcanzables. Según cuenta, la vida privada de las chicas de las revistas permanecía oculta o prudentemente secreta. "El periodismo no entraba en nuestras vidas", indica. Poco se sabía; otro tanto se sugería. Esa era la fórmula.
Hoy, la TV la alteró. Adabel Guerrero, vedette de Carnaval de estrellas , lo sabe. Supo que para llegar -y lo hizo- había que entrar en el fango mediático; generar escándalos: una pelea, una historia de amor, una operación; todo vale. "Es un mal necesario", cuenta.
Primero, Guerrero dejó sin llave su vida sentimental. Después, pasó por la fábrica de chicas escandalosas: ShowMatch y sus segmentos "Bailando por un sueño" y "Patinando por un sueño". Ahí se peleó con el jurado y con sus colegas, como lo indica el protocolo de toda nueva guerrera televisiva. "Fue una estrategia. Lamentablemente, el público consume eso. Sin embargo, traté también de que me reconocieran como una buena bailarina", señala la mujer que estudió danza clásica durante diez años.

En 1995, las plumas, el strass y el brillo dejaron de estar reservadas exclusivamente a las mujeres, gracias a una pequeña transgresión que se llamó Cris Miró. Cuentan los que la vieron sobre el escenario del Maipo, convocada por Lino Patalano; que su sola presencia cautivaba. Debía ser por su andar, por su metro ochenta y cinco, o porque era el primer transformista que había alcanzado la categoría de vedette en el país. Con la fama a cuestas, tuvo que afrontar el rechazo de algunos y convivir con la idea de que su persona iba a ser controvertida en una Argentina que aún tropezaba con el concepto de gay friendly. Cuando murió, a los 31 años, el 1º de junio de 1999, Florencia de la V siguió sus pasos. Desde ese momento, el término "vedette" se expandió como siguió haciendo hasta el día de hoy.

Para llegar desde la entrada de la sala del Broadway hasta la tercer fila de butacas, donde está Flavio Mendoza, hay que pasar unos cuantos obstáculos: chicas que elongan desparramadas sobre el piso, zapatos de tacos altos tirados en el pasillo, y un paredón de glúteos formado por cinco mujeres, de espaldas, pegadas una al lado de la otra. Una vez superados los escollos, el coreógrafo explica: "No hay tanta gente preparada. Es difícil encontrar lo que uno busca: que tenga una estética determinada y una buena técnica. Hay muchas que pareciera que vieron luz y entraron. Quizá por ese discurso mediático de que cualquiera puede hacerlo".
Ese día, hubo alrededor de 200 candidatas. Sólo quedaron 15. De ese número, algunas serán bailarinas y, si lo decide Comba, una será la vedette. Terminada la audición, las eliminadas se van. "Otra vez será", consuela una a la otra. ¿Sabrán esperar, o irán en busca de una cámara de TV para buscar lo que no pudieron conseguir? "Los tiempos han cambiado. ¿Cuántas de las nuevas vedettes lograrán mantenerse vigentes con los años? Ahora, todo es tan efímero", concluye Rojo. Lo sabe: hoy no es nada fácil convertirse en leyenda.
Fuentes: Historia de la comedia musical en la Argentina. Desde sus comienzos hasta 1979, de Pablo Gorlero, y En busca de la revista perdida, de Raquel Prestigiacomo.

EXPOSICIONES
En el Célebres Café, Parera 46 (4815-8157) se acaba de inaugurar una exposición de fotos inéditas de Nélida Lobato. Entretanto, en el Maipo (Esmeralda 443), hay una exposición de Nélida Roca y una muestra fotográfica de Tita Merello.

¿QUIENES SON LAS VEDETTES DEL MOMENTO?
Ethel Rojo. Mónica Farro, Marixa Balli y Claudia Fernández.
Pablo Gorlero. Emilia Attías, Valeria Archimó, Marixa Balli y Claudia Fernández.
Daniel Comba. Valeria Archimó, Adabel Guerrero y Jésica Cirio.
Adabel Guerrero. Valeria Archimó, Vanina y Silvina Escudero, Laura Fidalgo y María Eugenia Rittó.
Flavio Mendoza. Adabel Guerrero, Valeria Archimó, Laura Fidalgo y Luciana Salazar.
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