lunes, 28 de junio de 2010

Servicios domésticos VIP suplantan a las amas de casa de la clase media

Una parafernalia de nuevos servicios intenta suplir la retirada de la mujer de clase media-alta de las tareas del hogar. Capacitación del personal doméstico, selección de niñeras y hasta la posibilidad de que cocinen en la casa propia son algunas de las propuestas.
La mujer profesional de hoy no sólo carece de tiempo para ocuparse de estas tareas, sino que tampoco, en muchos casos, sabe cómo hacerlas. O no le gusta.
Mami en Casa es un reciente emprendimiento que ofrece “cocinar en tu cocina tus comidas favoritas”. “Durante mucho tiempo la comida chatarra fue un auge, ahora hay todo un movimiento de comer sano, casero. Está bueno, pero hay mucha gente que no sabe cocinar, no quiere aprender, o no tiene tiempo”, explica Paula López, mentora de la iniciativa.
También ofrecen servicios como ordenar placares, realizar trámites y capacitar al personal doméstico. “Hoy vivimos un cambio fundamental porque las madres que tienen 50 no están más a disposición de los hijos. Antes te ayudaban a cocinar, a cuidar a los chicos; hoy las abuelas juegan al tenis, salen con las amigas, y esto hace que mucha gente se quede en banda”, agrega.
Aunque al principio pensaron que la demanda principal sería de jóvenes profesionales, para su sorpresa, son las jefas de familia las que más piden el servicio. “La mujer de hoy trabaja, tiene que llevar a los hijos a treinta actividades por semana, y encima llegar a la casa y cocinar. Muchas nos contratan también para que organicemos el guardarropa en el cambio de temporada”, explican.
Para Marina Becerra, investigadora del CONICET, en la época del Centenario había una equivalencia esencial “mujer-madre-maestra”, donde los términos eran cuasi sinónimos. “Estaba instalado en el sentido común la idea de una ‘esencia’ de la mujer, además definida por la maternidad, que era considerada como el ‘destino natural de las mujeres’. Hoy en día, ya en el Bicentenario, esa ecuación se quebró, pero no todos los sectores sociales se enteraron de este quiebre fundamental”, explica.
Maid in Argentina también nació como una empresa preocupada por cubrir este segmento. La propuesta es capacitar al personal domestico con diferentes cursos de buenos modales, reglas básicas de ceremonial, primeros auxilios, seguridad en la cocina y tips de limpieza. “No proporcionamos al personal doméstico sino que instruimos a la persona que ya trabaja en los hogares. Existía un vacío en la oferta, pero había una necesidad latente”, dice Paola Chorna, a cargo del servicio.
Pensando en la familia, Servicios Domésticos, con sede en Córdoba y en Luján, se encarga de la selección de mucamas, así como de babysitters, mayordomos y personal para el cuidado de ancianos. La consultora elige a la persona más idónea según las necesidades de cada familia, y además los capacitan.
“El problema es que en la actualidad es mayor la demanda que la oferta de gente que tenga las capacidades que el mercado busca”, explica Lorena Pizzolon, que maneja la consultora.
¿Es el fin del ama de casa de clase media-alta? Los servicios proliferan, pero, sin embargo, son ellas las que se ocupan de la contratación y el seguimiento. Así lo sintetiza Becerra: “Podríamos hablar de una redefinición de ciertos roles porque las mujeres profesionales, lejos de haberse alejado del trabajo doméstico, duplican su jornada laboral y se ocupan del trabajo afuera y dentro de la casa, como mínimo de su organización, aunque éste haya disminuido en cantidad”.
Nueva ley de trabajo
El Congreso analiza el proyecto de ley de contrato de trabajo para el personal de casas particulares que implica profundos cambios: las empleadas tendrán vacaciones de un mínimo de 14 días corridos y, en caso de despido, deberán cobrar un sueldo entero por año trabajado o fracción mayor a tres meses. También se prevé la obligación de contratar un seguro de riesgo y proveer al personal de ropa y elementos de trabajo. Se les reconoce licencias por embarazo, estudio y enfermedad e incluye la posibilidad de contratar personal por hora.
Entre las modificaciones más significativas, la jornada laboral se acorta a un máximo de ocho horas diarias o 48 horas semanales. Si supera ese máximo, habrá que pagar horas extras con un recargo del 50 por ciento cuando sean días de semana y de un ciento por ciento cuando ocurran los sábados después de las 13 horas. Hoy hay registradas 450 mil trabajadoras domésticas en todo el país, pero se estima que por fuera hay 550 mil más.

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